Me voy de vacaciones, pero no les dejo. Tomaré unos días de descanso -no sé si merecidos o no- con el recuerdo de nuestro último viaje a Galicia. El tiempo, nublado, lluvioso, frío, no acompañó, pero siempre tiene el encanto de su paisaje y la garantía del buen comer. Especial mención para Muxía -mejor que en Fisterra, donde nos alojamos- el nefasto día en que apenas se veía el mar por la espesa niebla, que nos acompañó hasta el día siguiente. La luz del faro había sido sustituida por una sirena, como se hace en estos casos; el paseo entre la niebla, al oscurecer, con el ensordecedor aviso, trasladaban a otro tiempo al viandante.

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