Como todos tenemos un pasado y uno no es de piedra, hoy les voy a mostrar las fotografías que me remite mi habitual buen amigo, de una zona en la que quien suscribe pescaba cuando era niño:
Las imágenes corresponden al embalse de La Malva, en el río Somiedo. Por debajo de Aguasmestas cambia su nombre al del Pigüeña, que muere en el Narcea, en el Puente San Martín. Allí se celebraba la romería de los Dolores de Miranda, que frecuentaba cuando era niño, hace ya muchos años.
El agua salida de la central hidroeléctrica de la Malva, construida en 1.915, se embalsa y se canaliza después hacia la Riera, donde hay otra central eléctrica. De aquí sale un canal más moderno hacia Selviella, donde está la más potente y moderna de las tres centrales. Energía eléctrica limpia y ecológica. La central actual se encuentra bajo tierra y se construyó en los años sesenta; la antigua, de 1.906, abandonada, medio derruida, dio paso a apartamentos rurales, en un encantador ejercicio de mal gusto. Hace muchos años, trepaba por la pared que la separaba del río, para bajar a pescar las mejores -bueno, de las mejores, claro- truchas de Asturias.
El embalse de la Malva merece ser visto; tiene dos vertientes, la del Somiedo y la del Saliencia, que vierten sus aguas desde cierta altura en un entorno de incomparable belleza.
En el bar La Laguna se freían las truchas como en ninguna parte, con su tocino entrevenado; se freían por docenas entonces, cuando estaba permitida la comercialización del pescado del río. El Parador, justo enfrente, competía los fines de semana con una terraza que se llenaba todos los domingos al mediodía. Después, poco a poco, fue desapareciendo la gente, la mayoría emigró a Oviedo y dejaron la aldea desierta, quedando hoy apenas la sombra de lo que fue. Un gran pino, sobre la colina que domina el caserío, sigue siendo el símbolo de identidad de un pueblo muerto, entre Fontoria y Alvariza, que tampoco están más vivos. Ni siquiera el Machuco romano atrae ya a nadie, y en el estrecho paso de El Escobio duerme, en la pared, la placa con la famosa frase de Jovellanos: “Por esta bella carretera se camina una gran trecho con la roca sobre el sombrero, el río bajo los pies, la sorpresa en la imaginación y el susto en el pecho”.







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