Donde pescaba Alejandro Pumarino

Como todos tenemos un pasado y uno no es de piedra, hoy les voy a mostrar las fotografías que me remite mi habitual buen amigo, de una zona en la que quien suscribe pescaba cuando era niño:

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Las imágenes corresponden al embalse de La Malva, en el río Somiedo. Por debajo de Aguasmestas cambia su nombre al del Pigüeña, que muere en el Narcea, en el Puente San Martín. Allí se celebraba la romería de los Dolores de Miranda, que frecuentaba cuando era niño, hace ya muchos años.

El agua salida de la central hidroeléctrica de la Malva, construida en 1.915, se embalsa y se canaliza después hacia la Riera, donde hay otra central eléctrica. De aquí sale un canal más moderno hacia Selviella, donde está la más potente y moderna de las tres centrales. Energía eléctrica limpia y ecológica. La central actual se encuentra bajo tierra y se construyó en los años sesenta; la antigua, de 1.906, abandonada, medio derruida, dio paso a apartamentos rurales, en un encantador ejercicio de mal gusto. Hace muchos años, trepaba por la pared que la separaba del río, para bajar a pescar las mejores -bueno, de las mejores, claro- truchas de Asturias.

El embalse de la Malva merece ser visto; tiene dos vertientes, la del Somiedo y la del Saliencia, que vierten sus aguas desde cierta altura en un entorno de incomparable belleza.

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En el bar La Laguna se freían las truchas como en ninguna parte, con su tocino entrevenado; se freían por docenas entonces, cuando estaba permitida la comercialización del pescado del río. El Parador, justo enfrente, competía los fines de semana con una terraza que se llenaba todos los domingos al mediodía. Después, poco a poco, fue desapareciendo la gente, la mayoría emigró a Oviedo y dejaron la aldea desierta, quedando hoy apenas la sombra de lo que fue. Un gran pino, sobre la colina que domina el caserío, sigue siendo el símbolo de identidad de un pueblo muerto, entre Fontoria y Alvariza, que tampoco están más vivos. Ni siquiera el Machuco romano atrae ya a nadie, y en el estrecho paso de El Escobio duerme, en la pared, la placa con la famosa frase de Jovellanos: “Por esta bella carretera se camina una gran trecho con la roca sobre el sombrero, el río bajo los pies, la sorpresa en la imaginación y el susto en el pecho”.

10 Respuestas a “Donde pescaba Alejandro Pumarino”


  1. 1 RICARDO 7,Abril,2008 a las 7:06 pm

    Yo nunca he pescado, pero no me importaría probar semejante afición. Eso sí, creo que hay sitios más bonitos que éste que nos muestra, sin desmerecer la pesca que habrá obtenido en sus tiempos, hay lugares más naturales y en los que la mano del hombre ha incidido menos, y que permiten a la vez que se pesca disfrutar del paisaje. Aunque también disfrutaría de éste, no lo dudo. Un saludo.

  2. 2 Roura 7,Abril,2008 a las 7:12 pm

    Todos tenemos un pasado. QUE SUELE PASAR FACTURA…. No ahora en serio, imagino que en la época era un lugar maravilloso y que para usted lo sigue siendo.

    Gracias por compartirlo.

  3. 3 Alejandro Pumarino 7,Abril,2008 a las 7:32 pm

    Señores:
    Sé que no es de una belleza especial, al margen del sentimiento de cada uno. Pero merece la pena contamplar la arquitectura industrial de primeros de siglo; la presa y la central de la Malva, a apenas cien metros, fueron edificados en 1.915, como señalo en la entrada. Una aberración fue construir apartamentos para turistas en la de Selviella, después de que Hidroeléctrica del Cantábrico la medio regalase al mejor postor. Yo todavía recuerdo las turbinas de los años sesenta y eran una auténtica maravilla. Por desgracia se perdió el interés por este tipo de arquitectura y no auguro nada bueno ni a este edificio ni al de la Riera, algo más moderno y media docena de kilómetros río abajo.

  4. 4 Gonzalo 7,Abril,2008 a las 7:44 pm

    Estimado Sr. Pumarino, dicen que lo que uno aprende de niño jámas se olvida, pero en el difícil arte de la pesca -que cada año evoluciona un poco, y muy pocos dominamos-, me va a permitir que hasta que no le vea con mis propios ojos dude de si Vd. “pescaba”, o “tiraba el merucu”, por ello , queda Vd. emplazado a que me demuestre lo que hacía …

    (P.D: Ricardo, podrías ser un testigo cualificado para la demostración del Sr.Pumarino)

    Un saludo.

  5. 5 Alejandro Pumarino 7,Abril,2008 a las 8:11 pm

    En fin, D. Gonzalo. No es lo mismo no saber que demostrar hasta donde llega lo que se ignora. En fin, conocerá vd. otras artes además del cebo natural. Uno, en su modestia, ha sido un fenómeno de la pluma, si bien es evidente que el pantano no es el sitio ideal para parcticar.

  6. 6 RICARDO 8,Abril,2008 a las 8:27 am

    Jaja, Gonzalo, no lo dudes, allí me tendréis. Un saludo.

  7. 7 esther fernandez 25,Mayo,2008 a las 12:15 am

    alejandro cuando vi tu comentario regrese a mi infancia,me trae lindos recuerdos yo naci en seviella y vivo en venezuela ,tengo mucha familia en mi pueblo seguro los conoces .saludos cordiales . asturias patria querida

  8. 8 Alejandro Pumarino 25,Mayo,2008 a las 11:04 am

    Esther:
    Intenté enviarte un mensaje, pero me lo rechazó el servidor, al menos con la dirección que dejaste en mi blog. El lunes -mañana- publico una entrada dedicada a Selviella. Puedes escribir a alejandropumarino@gmail.com siempre es agradable encontrar recuerdos de la infancia… sobre todo tan lejos. Seguro que nos conocemos.

  9. 9 esther fernandez 27,Mayo,2008 a las 2:36 pm

    alejandro: gracias por las fotos, todo esta muy cambiado pero igual de bello .La nostalgia no tiene cura ,no hay un dia que no me acuerde de ahi.Lejos pero siempre pendiente .Ya te escribo.ok.saludos

  10. 10 Alejandro Pumarino 28,Mayo,2008 a las 8:07 am

    Esther:
    Me alegro que hayan llegado las fotografías y que, aunque cambiado, lo encontrases todo “igual pero diferente”. Como señalaba en la entrada, el pueblo ahora está muerto, como lo está El Puente San Martín, Fontoria o Alvariza. La mayoría de los jóvenes están en Oviedo -o Madrid- y solamente quedan media docena de habitantes que suelen compaginar su trabajo en Hidroeléctrica del Cantábrico con la actividad agraria. El Parador cierra pronto y apenas sirve comidas. El agradable bullicio de antaño no existe y echo en falta los niños -nosotros- que jugábamos en aquellas aceras con la vieja rana de Mario.

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