Archivos para 11/04/08

Fray Josepho y Blas Infante

Son innumerables las estatuas, placas, centros de enseñanza, calles, avenidas y parques dedicados a Blas Infante, considerado oficialmente “padre de la Patria Andaluza”. Es normal que el nacionalismo andaluz, representado por el ahora extraparlamentario Partido Andalucista, tenga que venerar a su ideólogo, igual que el PNV ensalza al orate Sabino Arana. Pero lo grave del asunto es que, aunque la inmensa mayoría de la población andaluza pasa de nacionalismo y desconoce por completo la obra de Infante, el andalucismo ha impregnado a todos los partidos y Blas Infante se ha convertido en un icono sacro también para el PSOE, para IU y para el PP.

Hace unos meses a Alejo Vidal-Quadras se le quiso crucificar (o lapidar) cuando definió a Infante como un “cretino integral”. Que lo lapidaran los nacionalistas andaluces habría resultado absolutamente normal, pero es que el ataque vino de todos lados. El PSOE exigió una sanción; el Ayuntamiento de Casares, localidad natal de Blas Infante, declaró al eurodiputado “persona non grata“, con los votos de los ediles del PP; Javier Arenas arremetió contra su compañero, y hasta Rajoy se disculpó por carta con Chaves por las opiniones de Alejo.

¿Pero era Blas Infante un chiflado semejante a Sabino Arana? Sin duda. Los artículos publicados aquí por Horacio Vázquez-Rial y Jorge Vílches dan algunos datos sobre el personaje, así que me ahorraré repetirlos. Pero igual que los nacionalistas vascos ocultan cuidadosamente las obras de Arana, porque su racismo antiespañol no es de recibo, los andalucistas también tratan de esconder los disparates infantescos, que son morrocotudos. Por ejemplo, se suele omitir un episodio significativo de su biografía: el hecho de que se convirtió al islam el 15 de septiembre de 1924, en un viaje a Marruecos, y que adoptó el nombre de Ahmad. Ahmad Infante. Qué cosas. Tal vez lo oculten por el engorro de cambiar las placas y los letreros conmemorativos.

En fin, para que no se me acuse de sesgado, dejaré constancia de algo que sí pregonan invariablemente los andalucistas, andalucistos y andalucistoides: el 2 de agosto de 1936 unos falangistas se llevaron a Blas Infante de su casa de Coria del Río, y fue fusilado, sin juicio ni proceso, pocos días después.

Yo pienso igual que Alejo, y me incrimino,
y quiero ser non grato a los idiotas,
pues tengo a Blas Infante por berzotas,
por sandio, por tronado y por cretino.

Yo soy también culpable y me empecino
en tocar las ridículas pelotas
de tantos melindrosos compatriotas
enfermos de sandez y desatino.

Y si mis opiniones son tan graves,
que dicte ya una fatua Manuel Chaves,
guardián de las esencias sarracenas.

Que Al Ándalus entero se levante
y que el fantasma islámico de Infante
me azote con el látigo de Arenas.

Los demócratas y los amarillistas

El titular de EL MUNDO sigue ocupándose de la guerra intestina creada por los medios en el seno del partido popular. El trato que se otorga a Rajoy desde un medio que lo apoyó incondicionalmente hasta hace poco, no es otro que el de acoso y derribo, cuando lo habitual, en un partido demócrata, es la posibilidad de ser electo y el derecho a poder elegir. Bono, antiguo rival de Zapatero en la elección de secretario general del PSOE, es el actual presidente del Congreso, sin que la normalidad democrática haya contaminado el funcionamiento de esta formación política.

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Las declaraciones de José Blanco deben de valorarse en lo que realmente representan, y es que en casi todos los sitios debe haber algún bufón.

EL PAIS, habitual crítico con su competencia, es mucho más amarillista en su titular:

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Fíjense que, después de que los barones “torpedean”, la crisis hace que Gallardón “dispare”; no es una guerra al uso, es una cruenta batalla en la que “competir” es sustituido por “contra” con un sentido más franco de enfrentamiento. Lección de ética periodística -como suele ser habitual- para la hoja parroquial del gobierno que, además de informar, nos ilustra y adorna la información con símiles y calificativos siempre a los intereses de la línea editorial, sobradamente conocida.

Finalmente señalar que es malo para el PP cuestionar su capacidad de democracia interna. Los españoles formamos un pueblo democráticamente maduro que no podemos asistir impasibles al espectáculo de una formación política que discute su liderazgo en las intrigas y no en las urnas. Éstas les castigarán de nuevo en caso de persistir en su actitud.