El nuevo ministro afirma que se admitirá a los inmigrantes que sean necesarios, pero todos con contrato de trabajo. Cuando desde este foro -y otros- se criticó la política de “papeles para todos” con referencia al efecto llamada que se derivó de las decisiones del Sr. Caldera, hubo conspicuos socialistas y simpatizantes del partido que pusieron el grito en el cielo, haciendo piña con la decisión tomada por el entonces ministro.
Este cambio de política refleja un acercamiento a la realidad social de nuestro país y al problema de la inmigración, y espero que del mismo surjan soluciones prácticas que nos beneficien a todos.
Lo malo es apreciar la tendencia de todas las formaciones políticas al pensamiento único. Quien hubiese disentido entonces de la línea política en inmigración del PSOE, hubiese sido criticado y apartado de cualquier posibilidad de cargo público en el caso de estar posicionado como candidato; otro tanto hubiese ocurrido en el seno del PP, evidentemente. Y esta ausencia de democracia interna, de posibilidad de crítica y debate entre distintos miembros de un mismo partido, es la raíz de la endogamia de la clase dirigente, de la intriga y de la existencia de penosas paradojas, como la que publica hoy EL PAIS.


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