Sin primero, sin nada que no sea la comida casera, sencilla, abundante y barata:
-Hay solomillo de cerdo, filete de ternera, carne asada y cabrito.
(del pesado ni hablamos).
-Que sean dos de cabrito.
El sitio es pequeño, no tiene decoración, pero está limpio, muy limpio, y la gente te trata con amabilidad exquisita:


Desde la mesa del comedor, se ven los picos de Europa nevados:

El cabrito merecía la pena; la tarta de la casa, aún sin poder apreciar claramente de qué era, estaba muy rica, y por supuesto, sí que era casera de verdad. El precio más que razonable, y detrás de la casa hay sitio más que generoso para aparcar dos docenas de automóviles; los comensales no cabrían en el bar. Para repetir.


0 Respuestas a “La Bolera, Anayo”