Un vecino ametralla a la población por cuestiones religiosas. El fanatismo, la incultura, las confesiones radicales y la pobreza son el caldo de cultivo para las atrocidades que vemos cada día en la televisión o la prensa, mientras nos comemos los garbanzos. Los mismos que muchos de ellos no tienen. El cadáver de un hombre junto a la motocicleta y el charco de sangre parecen resultar casi indiferentes a alguno de los espectadores; triste costumbre la de convivir junto a la muerte más absurda: La violenta.
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