Nadie cuestiona el valor, implantación, posibilidad de elección y potenciación desde las diversas instituciones, de todas las lenguas oficiales. Pero asistimos a una caza de brujas con los castellano parlantes en las comunidades señaladas. Efectivamente, con que sea verdad la mitad de lo publicado, la situación sería alarmante. El otro día, se indicaba que en Euskadi, profesionales de la sanidad eran pagados para que fueran a estudiar euskera en vez de ir a trabajar. Anécdotas de este tipo pueden leerse a diario en todos los periódicos, incluso en EL PAIS.
El futuro se me antoja poco prometedor: Un genio de la medicina que busque mejorar su futuro profesional en un centro puntero de este país, se irá a La Paz y no al Vall d’Hebrón si no habla catalán: En el primero le será suficiente con castellano e inglés. En el segundo, al margen de su interés profesional, se verá obligado a estudiar catalán. La elección, para desgracia de los catalanes, es sencilla.







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