Nuestra amiga Fátima, inmigrante, con un tono de piel más oscuro que el de los catalanes, tiene una preocupación enorme por saber el motivo de que no se dirijan a ella en catalán. La imagen traduce una realidad social que ha calado muy hondo entre la población extranjera, que como vemos en la imagen, es de otro color. Los inmigrantes latinoamericanos no sufren el paro, los sueldos bajos, la dificultad para sobrevivir en España y poder mandar dinero a sus familias, la necesaria asunción de actividades que los trabajadores españoles no quieren hacer o resultan más caros; no, la principal preocupación de esta gente, es que se dirijan a ellos en catalán.
Con el talante progresista que suele caracterizar a los autores de este tipo de campañas, diremos que es un anuncio machista (el jefe es un hombre la empleada una mujer, ¿por qué no al revés?), doblemente machista (¿por qué hace la compra una mujer y no su marido?), racista (la empleada es de color, el jefe y la clienta son blancos puros, ¿algo de nazismo entre el nacionalismo radical?) y xenófobo (el jefe es español y el trabajador que lleva la cara es extranjero, y de color).
Lamentable.







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