Las normas de la Iglesia son cada vez más anacrónicas, y la separan de los fieles a quienes pretenden defender y convencer de la divinidad. Un Dios infinitamente misericordioso -reza la Biblia- no puede negar la unión de una pareja por el hecho de que el muchacho haya perdido la movilidad de cintura hacia abajo. La fe -base de la creencia- debería dejar abierta la puerta para la curación del chico, y en caso contrario, la misericordia hacia los enfermos, los débiles, los desamparados que preconizan las escrituras es un exponente de la hipocresía inadmisible en las actuales jerarquías del catolicismo.
Vergonzosa actitud del Obispo que demuestra lo trasnochado de la autoridad religiosa, cada vez más lejos de la realidad social.
Tarjeta roja.







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