Pues sí, ahora en Agosto le da a uno por mirar más cosas y se encuentra con I-Pods como churros, que cada día están más baratos y tienen más imitadores.
El otro día vi pasar a un joven caballero con ropa de última moda, calzando una especie de moderno “playero” y con dos pequeños auriculares blancos de un I-Pod ocupando la parte más exterior de sus conductos auditivos. Caminaba con el paso firme de quien tiene claras las ideas y se encuentra plenamente integrado en el exigente sistema de vida actual, como no podía ser de otra manera.
Sin querer, el recuerdo me llevó a Manolo, un amigo de mi padre, que caminaba los domingos con un “peringanillo” en la oreja y un transistor en el bolsillo.
-Arturo, que marcó el Sporting.
-No jodas oh!.
Ahí es nada. Un transistor traído de Alemania, que se lo compró un amigo inmigrante cuando vino el otro verano; una maravilla de la técnica vamos, lo último.
Me parece que Manolín vive todavía, debe tener más de ochenta años, y sigue oyendo el partido por un pequeño auricular, no sé si de una radio digital o de un viejo transistor, pero me da igual. Veo al hombre del I-Pod y a Manolín, y asumo con tristeza que hemos cambiado poco.
Una pena.







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