Durante la pasada campaña para las elecciones europeas, en la que se habló de todos menos de Europa, en la que se descalificó a propios y a extraños en ese afán de cada partido por arañar un puñado de votos pagando el precio de la mezquindad, una afirmación de D. José Luis me sorprendió especialmente: En Cataluña defendió el voto al PSOE porque el voto al PP representa la imposición lingüística.
Curiosa afirmación de un partido que hizo oídos sordos a una imposición del catalán en todos los ámbitos, que miró para otro lado cuando se sancionó a quienes no rotulasen en catalán, o a quien lo hiciese exclusivamente en castellano, que impidió a miles de alumnos ser educados en la lengua de todo el estado. Y tanto más curiosa cuanto el Sr. Feijóo, inmerso en una comunidad en la que el problema del gallego toma los visos de los catalanistas radicales, después de prometer libertad y bilingüismo, lo cumple. Pregunta a los padres en qué idioma desean que sus hijos sean escolarizados, en un ejercicio de libertad propio de las autonomías en las que existen dos lenguas oficiales; a diferencia de lo que sucede en Cataluña, donde la obligatoriedad es escolarizar en catalán, aunque el chico vaya a pasar solamente uno o dos años en la región por compromisos laborales de sus progenitores.
Lo más curioso todavía es que quienes se erigen en adalides de las libertades y de la pluralidad son, precisamente, los socialistas. Y es bajo sus gobiernos donde se perpetra una continua agresión y ninguneo a la lengua de todos los españoles, de Cervantes y a la segunda en el mundo occidental. Se conoce que parte de ideario progresista incluye el desprecio a la pluralidad, o a quienes no son como ellos. El cordón sanitario y otras afirmaciones parecidas, así lo dan a entender; la pregunta de Feijóo a los padres es un soplo de aire fresco en un mundo de imposiciones bajo la bandera de la libertad.







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