Cuando aún está caliente el asunto del Sr. Bárcenas, aparece la noticia del hermanísimo, en este caso del Sr. Chaves, que es patriarca de una familia en la que sus miembros han demostrado especial valía para el desempeño de cargos oficiales. Desde los tesoreros que gastan más de lo que ganan a los presidentes que encuentran una tendencia hereditaria de capacitación familiar, España está cuajada de peculiaridades intolerables en países de nuestro entorno.
La defensa de Chaves es lamentable, no menos que la de Bárcenas; el pueblo atónito, contempla como sus próceres despilfarran en chalets, subvenciones y sueldos millonarios, mientras a ellos se les aplica el veinte por ciento de recargo por presentar el papel rosa con cuarenta y ocho horas de retraso. Y es que nos hemos convertido en la administración de los recovecos que permiten triquiñuelas a los administradores mientras complican la vida a los administrados, todo ello bajo la doctrina del buen gobierno y la ventanilla única. Al final, la historia ha de servirnos para poco, pues tendremos que defendernos de la clase política actual con la misma táctica y técnica que los siervos de la gleba utilizaron contra los señores feudales. No es para menos.







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