Tal vez podría encuadrarse Alfonso Sastre como miembro de lo que ha venido en llamarse el mundo de la cultura, o tildarle de “intelectual”; la verdad es que con su escrito demuestra que la capacidad mental que le resta es más bien escasa, y sus ideas podrían resultar curiosas para un estudio de desórdenes mentales.
Las amenazas, como tales, están tipificadas en el código penal; no se puede amenazar libremente a nadie, menos a un pueblo, a una sociedad. Autoerigirse en representante de los suyos, en defensor de los intereses de su pueblo defendiendo a quien empuña un arma, es delito en este país. Los representantes, democráticos o no, de quienes ponen bombas para alcanzar el poder o ver realizadas sus ideas, solamente tienen un sitio donde expresarlas: En la prisión. El discurso de Patxi López fue un soplo de aire fresco en una Euskadi que despierta después de veinticinco años de nacionalismo victimista y connivente, en mayor o menor medida, con los violentos. Espero que la célebre frase sobre el árbol y las nueces, suene cada vez más lejos en el recuerdo de lo histórico, y ver un futuro sin Sastres, Oteguis y, sobre todo, sin muertos.
Que Puelles descanse en paz.







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