Se podría decir de modo más claro, pero es difícil: Es en Gara, como acertadamente señala Pedrojota, donde el amor se transforma en odio y la paz en guerra. Es en artículos como el de Sastre, que se comentó en este mismo espacio, donde la escala de valores se invierte de modo hipócrita, para asumir el sacrificio, no de las víctimas, sino de los verdugos, en defensa de la identidad vasca.
Ahora se pretende atentar contra el tren de alta velocidad; es evidente que la comunicación favorece la cultura y circula contra los aldeanismos; la defensa de supuestas diferencias con el resto de seres humanos que pueblan el planeta, solamente puede defenderse desde un aislamiento que no se ve propiciado por los medios de transporte del siglo XXI. Cualquier día un nuevo Arzalluz defenderá la censura en internet, o en los libros, o cosas peores, con tal de seguir defendiendo señas identitarias creadas por él mismo.
La grandeza de un vaso, de un navarro, o de un extremeño reside precisamente en serlo ante todos los demás, sin exclusiones: Todos, en nuestra extraordinaria variedad, nos enriquecemos. Hacerlo con la sangre del vecino es inhumano y solo se espera de alguien deleznable y degradado hasta la más baja condición de la especie.







Demasiado tiempo perdido en algo que cualquier sociedad civilizada distingue con claridad: La lealtad y el compromiso con las familias de los asesinados, con los secuestrados, con los extorsionados y con todos aquellos amenazados que no pueden ejercer el elemental derecho de disfrutar de su LIBERTAD personal e individual.
Demasiado tiempo perdido en señalar a los cobardes y miserables, que aún a día de hoy miran hacia otro lado y siempren encuentran una excusa con la que amparar a los salvajes con los que conviven diarimente y sin el menor problema, eso si, después de proclamar públicamente y con la boca pequeña su condena a la violencia y su marchámo de demócrata.