La Torre de Hércules se ha convertido en patrimonio de la humanidad; se lo merece. La fotografía primera, de día, conserva en primer plano una estatua erosionada por el viento, el mar y el tiempo, y recuerda mucho a Galicia. A mi me gusta más la torre al oscurecer, con su majestuosidad coronada por la luz del faro. Galicia está alejada de la torre porque es suave en las formas y parca en las palabras, pero ella está allí, en A Coruña, avisando del peligro que conlleva abordar el puerto con tormenta y terminar encallado a causa de la corriente mal valorada.
Me perdí muchas veces en Galicia, en A Coruña y en pueblos más pequeños, y disfruté de su hospitalidad y de su gastronomía; a veces fui feliz y a veces no. Siempre la recuerdo con cariño, especialmente las noches que pasé a los pies de la Torre, recordando por la mañana el aspecto que ofrecía al acostarme, como la gran masa de piedra iluminada frente a la noche del Atlántico. Ahora ese recuerdo será patrimonio de todos, porque se lo merece, y quien la visite disfrutará además de las orejas, el pulpo, el ribeiro y tantas cosas buenas que nos ofrece esa tierra. Que lo disfruten.







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