Leire Pajín trabaja en política desde los quince años. Su compromiso es más con el partido que con la sociedad, y maneja como nadie los entresijos de la formación para defender a su jefe de filas en las conjunciones planetarias. El apodo que se le encontró en el Congreso no deja de tener su gracia: Señora Danvers, ama de llaves de Manderley, con la casa siempre dispuesta para el señor y para el recuerdo de la señora, que descansaba en el fondo del mar con dos agujeritos en el barco y una intoxicación por plomo en el cuerpo. Por supuesto que no deseo mal alguno a la Sra. Pajín, pero no dejo de recordar la silueta de Mrs. Danvers recortada contra las llamas que devoraban la mansión, mientras Maxim de Winter, con su esposa, se aleja buscando la felicidad. Ojalá la encontremos pronto en este país.
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