De forma sibilina y probablemente con el Sr. Rubalcaba como máximo responsable, a este PSOE que se personaliza en la figura de su carismático líder, no se le ocurre otra idea que llevar a cabo una verdadera caza de brujas contra el partido de la oposición, buscando incesantemente medios para desprestigiarles, tolerando filtraciones y utilizando los medios de comunicación adictos al régimen para publicitarlo.
No les falta razón en muchos casos: Corruptos los hay en las filas de todos los partidos políticos, empezando por el propio socialista; otra cosa es que además se consienta la continuidad de los catetos en sus cargos, como es el caso del “tonto de los cojones” que no lo fue tanto para adjudicar las plazas de garaje entre amigos, pero eso se publica menos.
Y ahí reside el meollo de la cuestión: Nuestra derecha está acomplejada de serlo, como si uno se pudiese sentir orgulloso de proclamar su talante progresista a los cuatro vientos y avergonzado si defiende ideas liberales en lo económico, aumento de los impuestos indirectos y no consentir que los violadores de doce o trece años se vayan de rositas, como si resultase perjudicial para la educación de nuestros jóvenes los valores del sacrificio y el esfuerzo, así como la necesidad del respeto y y de las formas. Vivimos ante una oposición que pretende una victoria electoral pareciéndose al partido en el gobierno, y las cosas no son así. El PP es, y tiene que ser, una opción política diferente y definida: El que quiera votar que vote, y quien no encuentre atractiva su oferta, que de su papeleta a otra formación. Si no empezamos por tener respeto por nosotros mismos, no podemos pretender que lo tengan los demás.







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