La esclerosis lateral amiotrófica es una enfermedad neurológica, generalmente de muy mal pronóstico, y de origen, como casi todos estos procesos, desconocido. No pretendo entrar en un juego de tecnicismos innecesario; en mi experiencia los pacientes solamente quieren mejorar lo más posible, dentro de lo que la ciencia médica permite –más bien poco- al precio más bajo, esto es, con los efectos secundarios y las limitaciones propias del tratamiento, más livianas. Está de moda el cáncer como causa de muerte más común entre gente que todavía debería quedarse cierto tiempo en este mundo, pero tristemente existen multitud de enfermedades, la mayor parte de ellas poco o nada conocidas, que son limitantes y de evolución fatal. Muchas de ellas son poco atendidas por la ciencia y la sociedad, y es que el mercantilismo ha llegado a extremos insospechados: La investigación de una enfermedad común conlleva beneficios pingües para quien avance en su tratamiento o diagnóstico precoz; el dinero gastado en solucionar las enfermedades “raras” en escasas ocasiones se ve recompensado por algo diferente al mero interés científico o de superación personal. Los médicos, farmacéuticos, químicos, biólogos, pagados por lo laboratorios, dedican su empeño a vacunar contra la gripe A aceleradamente antes que evitar el progreso de una enfermedad como la ELA y sospecho que tras ello existen intereses meramente economicistas. Ignacio, un enfermo que llega a su fin con conciencia y con una larga lucha a sus espaldas, ha de servir de ejemplo para reflexionar sobre si merece la pena anteponer el beneficio de las empresas al progreso de la ciencia, porque en el fondo, es así de simple y así de triste.
Todo mi cariño y afecto para Igancio, y espero que su esfuerzo pueda llegar a servir para algo positivo en un futuro cercano.
A la vista de estas terribles situaciones personales, es cuando más me encorajino ante el despilfarro de los recursos públicos, que deberían priorizarse de una forma racional y mucho más humana.
Todo muy hermoso y hasta poético. Estupendo que alguien tenga, por lo menos, un lindo recuerdo para la fatal dolencia de Ignacio. Pero denunciemos -para no olvidar- que los que se dicen defensores de la vida (PP, en la última manifestación antiabortista y la Iglesia, las de los obispos, se posicionaron siempre contra la ciencia, contra la investigación de cédulas madre y contra la esperanza de vida de quienes, como Ignacio, sufren la tragedia de una enfermedad sin final feliz. ¡Y se dicen defensores de la vida!.
Entiendo el prqagmatismo económico queplantea el amigo Pumarino, pero eso no disculpa a los que cito como “mensajeros de muerte”, por mucho que salgan a la calle a la llamada hipócrita de “defensa de vida”…..¡Lástima que el dios que proclaman no exista, porque si realmente existiera, jamás les permitiría entrar en el reino de los cielos!.