Llevaban mucho tiempo callados, y en estos momentos en los que el gobierno que les subvenciona generosamente, pasa por una crisis, salen en defensa del progresismo, como elixir para todos los males. ¿Qué es el progresismo?. Ateniéndonos al diccionario, son las “ideas o doctrinas progresivas” o el “partido político que pregona estas ideas”; lo que no aclara es cual de las formaciones, mayoritarias, o no, tiene este carácter. Calificar de izquierda al PSOE es un insulto a la inteligencia, después de ver como inyecta miles de millones a los bancos para subir después los impuestos a los sufridos ciudadanos, pero es que la izquierda, en general, se ha visto impotente para gobernar en los países que lo ha hecho, alcanzando sonoros fracasos. El resto de formaciones tienen programas sustentados en la economía de mercado, esa que nuestros artistas critican y tachan a los neoliberales de responsables en esta crisis que nos ahoga, situándose ellos mismos dentro de ese grupo al que condenan. Firmar papeles es cuestión de imagen, y pretender convertirse en adalides de las libertades y promotores de las soluciones a la crisis por parte de cantantes, me parece cuando menos, un poco pretencioso. Miguel Ríos me gustó siempre, pero no le dejaría la cartera de economía de este país; a Teddy Bautista me lo pensaría, por el modo que tiene de sacar los cuartos al contribuyente, aunque no sea lo suyo y, en fin, ver a los de siempre, diciendo las mismas cosas en favor de un gobierno que los subvenciona, me parece servil. Que Luis García Montero, el poeta que comete errores de bulto en la redacción de sus artículos, lea el manifiesto, es otra tomadura de pelo, salvo que se lo haya aprendido de memoria en casa, para no meter la pata, que será lo más probable.
Vaya por delante que algunos de los firmantes, no todos, tienen un enorme talento creativo y artístico.
Pero lo cortés no quita lo valiente, y resulta paradójico que lancen sus quejas contra la clase empresarial unos señores que en su gran mayoría son empresarios, más grandes o más pequeños, pero empresarios al fin y al cabo , es decir autónomos o trabajadores por cuenta propia.
En este país los empresarios o profesionales, al igual que los trapecistas, unos trabajan con red y otros sin ella.
Con red operan aquellos cuyo riesgo empresarial es mínimo, pues su capítulo de ingresos está asegurado por contrato con alguna institución pública, es decir dinerito que sale del trabajo y del esfuerzo del pueblo al que tanto aman y dicen defender, y tan solo tienen que gestionar de una manera más o menos razonable su estado de gastos.
Los que trabajan sin red son aquellos que compiten en el duro mercado, sin un euro garantizado como ingresos, y en medio de una competencia feroz y a veces desleal por parte de las propias instituciones públicas.
La pregunta que dejo en el aire, a la espera que alguna voz más autorizada que la mia me pueda contestar, es la siguiente:
De los firmantes del manifiesto ¿Cuantos calculan ustedes, a groso modo, que trabajan con red y cuantos sin red?.
D. José Luis:
Algunas veces da vd. en el clavo de forma poética, ciertamente.