Con las cosas del premio, uno se ha ido enterando de novedades que no lo son para otros, y reconozco mi ignorancia. La influencia de Lorca en el Sr. Cohen, o de la guitarra española, que no escuché presente en los más de sus temas. Pero una de las cosas que más me llamó la atención, es esta versión de “First we take Manhattan” en estilo español, con Enrique Morente y que merece la pena escucharse. Al margen de la traducción, y del significado de este tema, solo le queda decir a uno que el flamenco lo puede todo. Va por ustedes.
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Hace poco que se celebró el aniversario de John Lennon, que hubiese cumplido hoy setenta años. En mi adolescencia y juventud, fui un fan de los Beatles y también de Pink Floyd, curiosamente dos grupos británicos y ambos con ideas pacifistas que plasmaron en muchos de sus temas. Tal vez por ello, ilustra la entrada de hoy una fotografía de la playa de Omaha, nombre clave que tuvo en su día para aquel fatídico 6 de Junio de 1.944 en que empezó la derrota alemana, pero por la que se pagó el precio de tantas muertes inútiles.
Lennon fue el alma de los Beatles y compuso la mayor parte de sus canciones, con McCartney y aunque la que adjunto se atribuye al segundo, viene firmada por ambos; es un tema estremecedor sobre la soledad y la ausencia de valores, y que marcó el cambio en la tendencia de las composiciones del grupo.
La verdadera Eleanor Rigby murió en 1.939 a la edad de 44 años y su nombre, inmortalizado en la canción, tiene poco que ver con el anonimato en que vivió una vida tristemente corta, y tampoco guarda relación con el motivo que inspiró a sus autores este título.
Es muy diferente el estilo de Pink Floyd cuyos temas siempre resultan inquietantes, y de quienes reproduzco una de sus últimas composiciones de su álbum “The Final Cut” que personalmente es mi preferido, aún por encima de clásicos como “The Dark side of the Moon” o “Wish yoy were Here”
Nunca terminaremos de reflexionar sobre lo absurdo de la guerra, lo inútil del sacrificio de vidas humanas y la hipocresía de muchos políticos en este sentido. La playa que ilustra la entrada tiene encima el cementerio cuajado de cruces blancas, donde reposan los jóvenes que dejaron más o menos inútilmente, su vida en las arenas de Omaha, y resulta sobrecogedor. Esa gente solitaria, que no sabemos de donde viene, busca ese sitio donde puedas dormir en paz, donde cada uno tenga recurso ante la ley, y lo que es más, donde nadie acabe nunca más con los niños. John Lennon hubiese cumplido setenta años, su muerte prematura nos privó de un poeta, un compositor y un pacifista. Descanse en paz.
La SGAE no deja de ser una sociedad privada, claramente favorecida hasta la fecha por el gobierno del PSOE y que defiende no se sabe muy bien, los intereses de quién. Pagar por la posible copia en un CD o disco duro una cantidad por la eventual circunstancia de que se llegase a almacenar material con derechos de autor, es una aberración similar a la del impuesto revolucionario etarra. Ahora se propone el cierre de las “webs” o el corte de red a los piratas, ejercitando una demagogia que se verá superada rápidamente por la técnica; la solución no está en legislar restrictivamente, como pretende la Sra. Sinde, que para eso es progresista; el problema se terminará cuando se avance ofreciendo, como se propone en el recorte superior, contenidos a bajo precio, o cuando se percaten de una vez por todas, que los artistas más pirateados en la red, son los que siempre llenan sus conciertos, obteniendo extraordinarios beneficios… Claro que así no ganan dinero las discográficas y los intermediarios, y para eso tenemos una administración solidaria y progresista. Cosas veredes, amigo Sancho.
Nunca ha sido la música lo mío, especialmente si me conocen, y saben bien que tengo más oreja que oído. Sin embargo, desde siempre, me han gustado los versos urbanos y amargos de Sabina, que estrena disco. Aunque no sea el Joaquín de la Mandrágora, en la que pedía volver fiambre a su Andalucía natal, nos dejó el regalo de los veinte años cosidos a retazos, con la carne del alma de gallina, y ese amor en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. La comodidad contamina la mente y corrompe el espíritu; la carne es débil y termina uno por huir de su propia sombra, diluida por la luz del éxito, intensa y breve. Al final no tienes ante ti a un gigante, sino la sombra de un pigmeo, que decía el escritor. Que sea enhorabuena.
No encontré la fotografía en la que abrazaba a Franco
Publicado 3,marzo,2009 Música , Política 16 ComentariosLa noticia de que Víctor Manuel defendía la no cooficialidad del asturiano –o bable- no es nueva; los arrumacos en plena campaña con el actual presidente del gobierno, quien le favoreció a través de la SGAE, no difiere de la canción que dedicó a las bondades del régimen franquista. Los apaños de conveniencia de este tipo de sujetos solamente se pueden explicar por un carácter trepador y arribista.
Desde siempre he amado los tangos, pese a tener mucha más oreja que oído. El otro día recuperé “por una cabeza” que fue tema musical de tres películas: Mentiras arriesgadas, la lista de Schlinder y la inolvidable esencia de mujer. La imagen de Al Pacino, en su papel del ciego que camina hacia su propio fin, es memorable; el baile de un invidente que cuenta las últimas horas de su vida con la música de Gardel hacen un cóctel irrepetible que merece la pena degustar.
La letra del tango, en castellano, tampoco tiene desperdicio, en la línea amarga de todos ellos, pero por algún motivo, tal vez por la interpretación de Pacino, me produjo una sensación especial:
Por una cabeza de un noble potrillo que justo en la raya afloja al llegar, y que al regresar parece decir: No olvidés, hermano, vos sabés, no hay que jugar. Por una cabeza, metejón de un día de aquella coqueta y risueña mujer, que al jurar sonriendo el amor que está mintiendo, quema en una hoguera todo mi querer. Por una cabeza, todas las locuras. Su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura. Por una cabeza, si ella me olvida qué importa perderme mil veces la vida, para qué vivir. Cuántos desengaños, por una cabeza. Yo juré mil veces, no vuelvo a insistir. Pero si un mirar me hiere al pasar, su boca de fuego otra vez quiero besar. Basta de carreras, se acabó la timba. ¡Un final reñido y yo no vuelvo a ver! Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo, yo me juego entero. ¡Qué le voy a hacer..!








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