Archivos en la Categoría 'Religión'

Un imán aconseja pegar y aislar a las mujeres de conducta “desviada”

Abdeslam Laarusi, el imán marroquí que dirige la mezquita de Terrassa —una de las más grandes de Cataluña—, aprovecha el rezo masivo de los viernes para aleccionar a sus fieles, más de 1.500, sobre la mejor forma de agredir a sus esposas cuando estas se portan mal. El pasado mes de enero, agentes de los servicios de información grabaron dos discursos sospechosos dirigidos por Laarusi, como avanzó La Vanguardia. El imán aconsejó a su comunidad para llevar por el buen camino a sus mujeres cuando sean díscolas, según fuentes policiales. No se trata, dijo, de romperles los huesos o hacerlas sangrar. Lo mejor, añadió, es golpearlas con un bastón, con los puños o las manos en distintas partes del cuerpo, según fuentes de la investigación.

En línea con lo publicado hace unos días sobre la posibilidad de ridiculizar a cristianos y no a musulmanes en la BBC y basada en que muchos de éstos empuñaban un Kalashnikov, recogemos el día de hoy otra, publicada en El País, a quien no se puede suponer tendenciosidad alguna en este sentido, y relativa a los consejos religiosos de los imanes en Cataluña.

Los progresistas interrumpen una celebración católica en la capilla de la Universidad Complutense, ofendiendo a los fieles al desnudarse en el altar, sin que suceda nada, ni tan siquiera una nota de atención o de condena al acto, simplemente por la evidente y obvia falta de respeto. No sé en qué pudieron ofender los cristianos a esta gente, para impulsarlos de tal modo a reventar un acto religioso. Probablemente en la defensa del no al aborto, o en la de la familia tradicional, algo sensiblemente menos ofensivo que propinar una soberana paliza a la parienta por haberse portado mal. Obviamente, deben de estar de acuerdo con eso, porque no escuché alzarse las voces de las feministas, el mundo de la cultura, los progresistas de salón y Visa platino, contra esta salvajada, del mismo modo que no he tenido noticias de que jóvenes estudiantes interrumpiesen una celebración religiosa en esta mezquita, ni en ninguna otra. Queda claro que es diferente el cristianismo de la fe musulmana, lo que no empiezo a tener tan seguro es que no nos aproximemos peligrosamente a tener el árabe como lengua oficial. Lo dije el otro día, pero en aquella ocasión, era en broma.

Nos burlaremos de Jesús, pero no de Mahoma

Mark Thompson, el director de la BBC, con pragmatismo británico y apellido de televisión en color, nos dice que se puede uno burlar del cristianismo, pero no de los creyentes islamistas, porque estos últimos son más peligrosos y muchos de ellos, tienen un Kalashnikov en la mano, instrumento poco recomendable en lo que a la intoxicación por metales se refiere.

Uno, que no es creyente, experimenta un profundo respeto por la fe ajena, sea esta mahometana o calvinista, con los límites establecidos por nuestras leyes, por eso de no consentir la poligamia entre los mormones, a título de ejemplo. El mismo respeto merecen las ideas políticas, o de cualquier otro tipo. Pongamos un ejemplo: “Nos podemos burlar de los populares, pero no de los socialistas”. Incluso podemos referirlo al sexo: “Nos burlaremos de los gays pero no de los homosexuales”. Y esgrimiendo razones no menos peregrinas: Los homosexuales suelen tener menos impulsos violentos que quienes no lo son y entonces, pues nada, a reírse de ellos, que sale gratis. La Sra. Cristina Almeida desaprobaría esta actitud, tachándola de homófoba, palabreja que cada día me gusta menos, pero se permite quemar los libros de César Vidal, que no es de su cuerda. La proposición de reducir a cenizas los textos de historia que siguen una interpretación diferente a la políticamente correcta, tiene cierto talante, en tanto en cuanto fue dicha por Dª Cristina, mientras el Sr. César es un retrógrado anclado en un pasado poco recomendable. De esta guisa, terminaremos por creer que Mark Thompson, con su apellido televisivo y su nombre de capitán inglés, es de la cuerda de la Sra. Almeida, lo que me preocuparía profundamente, sobre todo, en lo que a los británicos se refiere. Ello sin contar el peligro de que, en caso de progresar sus ideas, las siguientes burlas televisivas, tengamos que hacerlas en árabe como lengua oficial.

Las vírgenes seglares: Un anacronismo

Ana Lacruz luce una alianza en su mano izquierda. Se casó el pasado 22 de octubre. Con Cristo. A sus 43 años, esta pianista profesora de Conservatorio ha sido consagrada como virgen seglar, una orden casi desconocida de mujeres laicas y castas que entregan su vida a Dios y al servicio de la Iglesia.

Desde el más profundo respeto a la fe católica, e igualmente desde la admiración de la entrega de la que numerosos religiosos y seglares hacen gala, no dejo de encontrar un cierta desconfianza en Dios. ¿Como un ser infinitamente bueno y misericordioso, es capaz de concedernos órganos sexuales, raciocinio para su utilización y después, considerar una ofensa hacia El su normal utilización?. Era comprensible en la antigüedad, para preservar las enfermedades de transmisión sexual, causa de niños enfermos que restaban fuerza a los futuros ejércitos, sustentados siempre en el número y capacidad física de los combatientes. Desde entonces discurrieron más de dos mil años, y estamos lejos de la Edad Media, cuando todavía se dirimían las diferencias a mamporrazo limpio. ¿Es necesario en el siglo XXI exigir castidad a los religiosos?. ¿No se trata de un anacronismo?. ¿Mantener relaciones sexuales impide una vida entregada a Cristo?. Estoy casi seguro de que sesudos teólogos pueden contestar estas simples preguntas, pero cualquier respuesta posible se aleja de la fisiología humana, queramos o no queramos, y por mucha teoría filosófica que aparezca sobre la mesa. San Agustín, en su castidad, sufría poluciones nocturnas que atribulaban su espíritu. ¿Como Dios, infinitamente sabio permite el sufrimiento de un aventajado discípulo por una reacción natural del cuerpo?. Admiro la vida entregada a Jesús y a la sociedad de estas tres mil mujeres en el mundo; admiro la caridad cristiana en el sentido de amar al prójimo como a uno mismo, pero debo diferir del anacronismo que representa la castidad, que no deja de ser otra forma de esclavitud sexual.

Respeto a nuestras costumbres y tradiciones

Parece ser que algunos barrios de Londres y de otras ciudades de Europa son controlados por una mayoría islamista que los habita, y que impone la “sharia” o ley islámica, en su entorno.

El respeto a las diferentes confesiones religiosas debe ser la norma de convivencia en un mundo cada vez más globalizado, y el Islam no deja de constituir una fe no sustancialmente diferente de otras monoteístas, como la cristiana. No obstante, mezclar la política con la religión, no da buenos resultados y no parece que las repúblicas islámicas resulten ejemplares por sus logros sociales, su nivel cultural y su economía, más allá de recursos naturales sobradamente conocidos. Son numerosos los habitantes de países en vías de desarrollo que buscan una vida mejor en el occidente civilizado, que los recibe con la generosidad del respeto y de la democracia. No sucede lo mismo con inmigrantes que imponen sus formas de vida, sus creencias o sus costumbres en el país que los acoge. Resulta indudable la tradición cristiana de casi todas las naciones europeas, y aunque se permita la construcción de mezquitas, mientras que no puede osarse edificar una iglesia católica en ninguna república islámica, el culto de los recién llegados debe supeditarse, en todo caso, a las normas sociales y de convivencia previamente establecidas por la mayoría preexistente. Impedir el consumo de alcohol, de tacones o el establecimiento de discotecas en ciertas áreas urbanas por la presión de los inmigrantes es intolerable, además de una absoluta falta de respeto a la generosidad de quien acoge a una población desfavorecida. Nadie les pidió que viniesen a nuestros países, lógico es que se prohíba la imposición de sus normas por encima de las nuestras. Si no les gusta este modo de vida, la libertad y el respeto que disfrutamos, la solución es sencilla: No están ustedes retenidos, pueden marcharse cuando quieran.

La Iglesia se equivoca

Desde este espacio hemos sido críticos con quienes denostaban sistemáticamente a los creyentes y a los sacerdotes por el mero hecho de serlo, y siempre defendimos el principio bíblico de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, no por ser más o menos religioso, sino por el sentido común que aconseja no mezclar churras con merinas. Ahora es la Iglesia la que entra sola en camisa de once varas, con la cuestión de defender el matrimonio y por ende, a la formación política que así lo haga. Uno, desde que en este país es legal divorciarse, como no puede ser de otro modo, no conoce formación política alguna que defienda la indisolubilidad de un sacramento, o que ose invadir el campo de la espiritualidad o de las creencias con la misma facilidad con la que, en este caso, la jerarquía eclesiástica pretende defender a cierta formación política.

No es cierto que las autoridades católicas defiendan a la derecha, o al partido popular; al contrario, existe una diversidad de filias y fobias políticas entre el clero verdaderamente sorprendente, desde quienes defienden el comunismo de Jesucristo, pasando por los sacerdotes que se alinearon siempre del lado de los etarras y separatistas vascos, hasta los obispos que se manifiestan como políticos cualesquiera, en defensa de la familia, junto a los populares. Uno cree que todo ese tipo de adhesiones resultan superfluas para algo tan elevado como el espíritu; la caridad que predicó Jesús, se aleja, desgraciadamente, de los intereses más o menos ocultos que se encierran detrás de las sotanas y de las siglas, con excesiva facilidad y demasiada hipocresía. Monseñor Martínez Camino estaría mejor calladito en este caso, y olvidarse de los partidos políticos y de las elecciones, para dedicar más sus esfuerzos a velar por las almas, según el encargo divino recibido, de su feligresía. Lo demás, le sobra, lo mismo que al periódico que publicó la noticia con la misma intención o el mismo interés del prelado. Una verdadera pena, que después de dos mil años sigamos discutiendo la siempre extraña relación entre la Iglesia y el Estado, y que los curas persistan en el error de alinearse públicamente en lo político, cuando deberían hacerlo exclusivamente en lo dogmático o litúrgico. Allá ellos.

Carmen Leal

Esta señora, de setenta y cinco años de edad, fue expulsada de un templo católico en Barcelona por ser portadora de una bandera española, comunicándosele por parte del personal que atendía el culto, que la expulsada era la bandera, y no ella.

El nacionalismo aldeanista y excluyente de algunos catalanes, les lleva a sufrir un sarpullido cada vez que se nombra la palabra España, país donde han nacido, quieran o no, pues de ninguna otra forma puede uno alcanzar tal condición. No se persigue a quien sea portador de una camiseta con la imagen del “Che”, pese a que D. Ernesto fue un asesino; tampoco a los portadores de un pañuelo palestino, aunque estos señores disparan sus zambombazos desde escuelas y utilizan  mujeres y niños de escudos humanos; también se permiten camisetas con alegatos francos contra la religión o el catolicismo, pero ser portadora de la enseña nacional es más grave. Dios, que es infinitamente misericordioso, ve superada su capacidad de tolerancia cuando una anciana entra en el templo donde se le rinde culto, con nada más y nada menos que una bandera de su país. Escandaloso. Lo extraordinario es que haya podido recorrer el espacio existente entre su domicilio y la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, sin ser detenida, vituperada, insultada o simplemente agredida, por esa parte dialogante de la población que impone el catalán como lengua vehicular a sangre y fuego, y sufren un insoportable rechinar de dientes cuando se ven obligados a considerar el español en igualdad de condiciones y aunque lo denominen siempre castellano. En fin que hasta los sacerdotes se meten donde nadie les llama y prohíben una seña de identidad nacional que nada tiene de política. Me pregunto si hubiesen hecho lo mismo en el caso de que la señora en cuestión portase una “señera”. Temo que, desgraciadamente, no.

¿Su esposa tiene Alzheimer? ‘Divórciese, está muerta’

Pat Robertson es excandidato republicano a la carrera presidencial y se ha reconvertido a telepredicador, profesión curiosa y abundante en los Estados Unidos. Interrogado sobre que debería hacer un cristiano que establece una relación extramarital mientras su esposa padece un Alzheimer, la respuesta no pudo ser más contundente, indicando que el proceso no dejaba de ser una “especie de muerte”. Al margen de las connotaciones propias del cristianismo, que no me parece proclive al divorcio en general, lo que se sale de toda lógica es la escasa caridad y amor al prójimo que se desprenden de una solución egoísta amparada por el ministro de Dios a través de la telepredicación, o como quiera que se llame el invento.

Uno se da cuenta de que determinadas cosas solo pueden suceder en Estados Unidos; convertirse de político el telepredicador tiene su aquello, pero considerar al Alzheimer una especie de muerte prematura para justificar una separación, solo tiene el sentido común del egoísmo convertido en dogma de fe.

Los impuestos

Durante la celebración de la JMJ se produjeron diversos incidentes, debidos, en general, a la intolerancia de determinados colectivos que increparon a los creyentes. Entre ellos, numerosas asociaciones de homosexuales gritaban su condena a que los impuestos se utilizasen en financiar esa celebración.

Dª Leire, la ministra, dedica partidas presupuestarias provenientes de los impuestos que pagamos todos, y destinadas a estos y otros grupos, como se detalla en el gráfico de la entrada, lo que da lugar a una situación curiosa: Es admisible financiar tales asociaciones, pero no lo es hacerlo con la visita del Papa a España; del mismo modo que defendemos al libertad religiosa, pero increpamos a los creyentes, bueno, es decir, a los creyentes cristianos, porque nuestras calles están cuajadas de musulmanes que rezan mirando a La Meca sin que a nadie le importe o perturben su rezo. ¿Qué tiene la Iglesia Católica para que los indignados o los colectivos de homosexuales  se agiten del modo que lo hacen, ante las celebraciones propias de su confesión?. No sería válida la respuesta de que es una religión que condena las relaciones entre personas del mismo sexo, porque solamente las considera una desviación o un pecado; en tal caso, se debería perseguir a grupos musulmanes que defienden el ahorcamiento de gays y lesbianas, directamente, e insisto en que otras confesiones disfrutan de más libertad y menos presión para el ejercicio de su culto.

De la crónica anterior, se obtienen conclusiones interesantes: Los impuestos sirven para subvencionar a los colectivos de homosexuales, pero no deberían utilizarse en sufragar los gastos de la visita papal; a los cristianos se les puede increpar por la intolerancia hacia gays y lesbianas, pero no a los musulmanes que los condenan a muerte. No sé si resulta curioso o se trata de otro caso de hipocresía política y social propia de la izquierda trasnochada que nos ha tocado en suerte. Si sucediese en otro país, levantaría las críticas de muchos, pero en esta vieja piel de toro, va unido a la idiosincrasia peculiar de su heterogénea población.

La sharia en Libia: ¿Libertad para el pueblo?

Corrieron ríos de tinta sobre las maldades del dictador Gadafi, con quien se abrazaron la práctica totalidad de dirigentes en este vieja Europa Occidental, adalid de libertad y democracia; se apoyó una revuelta en Libia para derrocar al gobernante, que de otro modo no hubiese pasado de simple escaramuza. Después, se dijo que el soporte dado a las fuerzas insurgentes era para defender la libertad en el país africano, sin que nadie se escandalizase.

La triste realidad es que el apoyo occidental a Libia se hace por el petróleo y el gas, y no por la democracia en la región, porque a los políticos europeos les importa un comino la salud social de su proveedor de combustibles fósiles; ahora resulta que las fuerzas revolucionarias imponen la sharia, la ley islámica, como base del derecho en el país, sin que los defensores de los derechos humanos pongan el grito en el cielo. Pasará a ser una nación en la que la mujer obligatoriamente deba cubrirse la cabeza, aunque no sea musulmana, en el que se prohibirá el culto a otras confesiones, donde se lapidará a las esposas infieles y se permitirá la poligamia. Todas estas cosas no preocupan a los defensores de la democracia, porque existe, o debe existir, algún tipo de acuerdo con el futuro nuevo gobierno para el suministro de petróleo o de gas a Francia y Alemania, y mañana, recibiremos en la Moncloa por parte del presidente de turno, al líder político religioso de un país en el que se pasan los derechos humanos por el arco de triunfo, y nos propinaremos mutuos besos y abrazos, mientras sigan con el mismo precio en sus suministros. Decir a la población que se defienden los derechos de los libios, es de un cinismo sin límites a la vista de lo sucedido, y una forma poco elegante de enmascarar la verdadera esclavitud que persiste en el siglo XXI con el agravante de la globalización: Hemos cambiado las localizaciones, pero no el sistema. Como decíamos hace pocos días respecto a la aparición de la supernova, poco hemos avanzado en dos mil años de historia

Hawking cree que el paraíso después de la muerte es un cuento de hadas

Y también lo cree mucha gente, no se trata de una exclusiva del científico británico, ni mucho menos. La cuestión no reside tanto en la duda, razonable por otra parte, o en la credulidad sobre la vida eterna, sino lo feliz que puede uno ser, o no, en función de cierta esperanza más o menos inútil. Decía un buen amigo que para él, la felicidad estaba en una casa junto a un lago, la compañía de la persona amada y una fe inquebrantable en la vida eterna; toda vez que se trata de un hombre muy culto, no puedo atribuir a la ignorancia ese particular deseo de creer. Lo ha venido teniendo la humanidad desde el albor del los tiempos, lo mismo que la duda de quién, como y cuando se ha creado el universo en que vivimos, o la parte de él que se nos alcanza. Hawking explicó muy bien el cono de luz, la teoría de las cuerdas y acercó el tiempo como variable al gran público; ocupa la cátedra de Newton, pero no deja de ser mucho más lo que ignora que lo que sabe. Como diría Gardner, estamos aproximándonos al extremo del pelo del conejo, para poder ver el mundo que nos rodea, del que ignoramos casi todo. Ya lo hicieron los griegos hace tres mil años, tiempo ridículo en la historia particular de nuestro planeta, y aún en la más breve de nuestra propia especie; no es que hayamos progresado demasiado desde entonces. Hawking demuestra la desesperanza sustentada en una ciencia que todavía no se explica a sí misma conjugando las físicas cuántica, newtoniana y relativista dentro de una sola teoría, o de un modelo matemático único. Por eso, de momento, es preferible que los paraísos artificiales los compremos con la fe de la vida eterna que con las sustancias psicoactivas, mucho más reales, de este mundo cruel que nos ha tocado vivir. Le deseo larga vida al científico inglés, pero como mi buen amigo, quisiera que estuviese profundamente equivocado.

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