
El Alvia es un tren rápido, que puede alcanzar los 250 kilómetros por hora y que ofrece dos tipos de configuraciones, la 120 y la 130, la primera autopropulsable y la segunda con una locomotora que permite alcanzar las cotas de velocidad señaladas. Existen, o al menos así lo solicitó el Sr. Blanco en 2.009, unidades con motor diésel para aprovechar los tramos no electrificados en algunas zonas; el ancho de vía del convoy es variable.
El tren es uno de los medios de transporte más seguros y que mejor se desenvuelve en condiciones climáticas adversas. Las temperaturas en este país, están siendo las más bajas de los últimos cien años, algo de lo que los metereólogos informan con puntualidad y acierto, de modo que era imposible no conocer en Santander la temperatura de Reinosa, donde trece grados bajo cero son más que suficientes para una catenaria no diseñada para soportar este tipo de inclemencias.
Así las cosas, un Alvia quedó detenido y sin calefacción ni servicio alguno, por falta de energía, a hora y media de su salida de Santander, siendo necesario el envío de un tren de cercanías, obviamente impulsado por combustibles fósiles, para rescatar el pasaje y el convoy que quedó atrapado por el frío. En las noticias que tuve ocasión de ver en televisión, admiré el buen humor y la entereza del pasaje, que soportó la espera y el frío aplaudiendo la entrega de la tripulación, a quien nada se puede criticar.
Pero sí debe de haber un responsable, que permite la salida de un tren de tales características uno de los días más fríos del año, cuando se puede disponer de unidades diésel, o bien utilizar, aún a riesgo de no cumplir los tiempos, un modelo más antiguo con esas máquinas de gas-oil que incorporaban hasta quita nieves, capaces de una buena velocidad promedio y a las que ningún incidente climático se ponía por delante. Ver un moderno Alvia cadáver entre la nieve, por una falta de energía derivada de la imprevisión de diseño de la catenaria o del vehículo que debía de hacer el recorrido es penoso. Un azulejo decorado en un restaurante cerca de mi domicilio, dice que lo mejor de la casa es su clientela. Como en este caso los pasajeros de ADIF; seguimos demostrando ser el país con la población más dispuesta de Europa, la más tolerante y la de mejor corazón.
Feliz año a todos.
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