Es cierto que el juez estrella favoreció intereses políticos tanto de PP como de PSOE, pero lo más triste es que no ha llevado a cabo con profesionalidad su trabajo; así ha de ser cuando deja escapar por vencimiento de plazo a dos peligrosos narcotraficantes, que terminaron por escaparse, mientras el magistrado quedaba libre de pecado tras una mínima sanción y un tupido velo en los mass media correspondientes.
Ahora la situación es diferente; resulta que D. Baltasar se trataba con el Sr. Botín, además de irse de caza con Bermejo, y después dictaba sentencias en su despacho que interesaban al tal Emilio, haciéndolo con esa imparcialidad propia de quien se ve beneficiado por el banco. Publicadas las cartas comprometedoras, el juez se molesta por la publicidad del caso, mientras miró hacia otro lado ante las filtraciones del caso Gürtel o la detención de políticos populares presuntamente implicados ante las cámaras de televisión y debidamente esposados, como su fuesen peligrosos. Garzón esperó varios meses antes de solicitar la notificación relativa a la muerte de Franco para abandonar la descabellada idea de andar desenterrando huesos –y odios- aquí y allí, y parece ser que por fin se enteró de que el dictador había muerto. Los huesos de Lorca no estaban donde ser creía, y se trataba de demostrar la crueldad y homofobia de media España por parte de la otra media, solo que ésta se codeaba con los bancos y olvidaba declarar sus ingresos extraordinarios. Debe de ser que con tanta entrevista y salida en la tele, le falta tiempo para cumplir sus obligaciones fiscales, o simplemente las profesionales, mientras los traficantes se frotan las manos del otro lado del Atlántico. A lo mejor también les había pedido un préstamo.







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