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Garzón y el cinismo

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Es cierto que el juez estrella favoreció intereses políticos tanto de PP como de PSOE, pero lo más triste es que no ha llevado a cabo con profesionalidad su trabajo; así ha de ser cuando deja escapar por vencimiento de plazo a dos peligrosos narcotraficantes, que terminaron por escaparse, mientras el magistrado quedaba libre de pecado tras una mínima sanción y un tupido velo en los mass media correspondientes.

Ahora la situación es diferente; resulta que D. Baltasar se trataba con el Sr. Botín, además de irse de caza con Bermejo, y después dictaba sentencias en su despacho que interesaban al tal Emilio, haciéndolo con esa imparcialidad propia de quien se ve beneficiado por el banco. Publicadas las cartas comprometedoras, el juez se molesta por la publicidad del caso, mientras miró hacia otro lado ante las filtraciones del caso Gürtel o la detención de políticos populares presuntamente implicados ante las cámaras de televisión y debidamente esposados, como su fuesen peligrosos. Garzón esperó varios meses antes de solicitar la notificación relativa a la muerte de Franco para abandonar la descabellada idea de andar desenterrando huesos –y odios- aquí y allí, y parece ser que por fin se enteró de que el dictador había muerto. Los huesos de Lorca no estaban donde ser creía, y se trataba de demostrar la crueldad y homofobia de media España por parte de la otra media, solo que ésta se codeaba con los bancos y olvidaba declarar sus ingresos extraordinarios. Debe de ser que con tanta entrevista y salida en la tele, le falta tiempo para cumplir sus obligaciones fiscales, o simplemente las profesionales, mientras los traficantes se frotan las manos del otro lado del Atlántico. A lo mejor también les había pedido un préstamo.

Los bomberos y los jueces

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Suscribir el comentario de este lector de El Mundo es lo más natural en cualquier persona con sentido común; desde que se inventó la igualdad como estandarte del progresismo, llegamos a cometer estupideces como la relatada por D. Julián en Bilbao. Los puestos deben de verse ocupados por personas con valía, independientemente de su sexo, de su creencia religiosa o de su ideología política; pretender que haya idéntico número de ministros que de ministras lleva a situaciones tan kafkianas como tener a Dª Elena responsabilizándose de la cartera de economía, mientras ZP, el del talante, continúa ostentando la presidencia con la de deportes, que es lo suyo. En Oviedo hay seis juzgados de lo social y un solo magistrado; el resto son féminas y no sucede nada; se trataba de aprobar una oposición y reunir méritos para optar a una plaza. ¿Se imaginan vds. a unos cuantos varones reclamando sus derechos en aras de la igualdad?. Es divertidos, pero desde luego bastante menos peligroso que la angustia relatada por D. Julián cuando sube un bombero dispuesto a levantar una viga de cincuenta kilos. Dios mío, que no sea una mujer.

Tocar las campanas e ir en la procesión

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Es lógico que todas las confesiones religiosas tengan un bastante de secta, porque la idea de la divinidad y su expresión en la raza humana necesariamente ha de sustentarse en la fe, que no es más que una creencia ciega en lo que no se ve. A los curas vascos se les ha ido la olla y creen en una iglesia democrática a la medida de sus intereses partidistas y mezclan lo que es del César con lo que es de Dios y así no hay quien se entienda.

El catolicismo no es una fe en la que exista el sufragio entre los fieles para elegir a sus autoridades religiosas; los obispos vienen nombrados por el sucesor de San Pedro y los creyentes acatan con humildad al continuador de Jesucristo en la tierra. Lo que sucede es que hay un dios vasco especial, que entiende o justifica muchas veces la barbarie y califica de opresor al estado español; ese dios nombra directamente sus propios representantes en este terrenal mundo y lo hace necesariamente, entre gente de su cuerda ideológica. El PNV, tocado de un misticismo particular y conveniente, aplaude con las orejas cuando los curas se ponen de su parte y empieza uno a creer que en el nacionalismo vasco también hay bastante de fe, o sea, de creencia ciega, que decíamos antes. La conclusión no puede ser más sencilla: Se trata de una secta y como tal es peligrosa. La ley dice claramente lo que se ha de hacer con ellas, así que seguramente, solo queda aplicarla.

Navidad

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Hoy es Navidad y la fotografía de El Mundo no podía ser más acorde con el tiempo y la fecha, mostrando esos carámbanos en Colonia que da frío solo el verlos.

Alemania es muy grande, y muy fría durante el invierno; la catedral de Colonia llevó muchos años construirla, también muchos siglos y está ahí, al fondo de la fotografía sobre la cadena helada que nos separa del Rin. Durante la Edad Media alguien trabajó colgado de sus muros y muchos dejaron la vida en edificar este templo a un Dios que tal vez no exista, inútil forma de perder lo único valioso que tenemos en el mundo. Celebramos hoy la Navidad, que no es una fiesta pagana, pero en la que casi nadie recuerda ya el recogimiento o la oración, que tampoco son necesarios. Mientras lucen los miles de bombillas en las calles de Gijón hay millones de chiquillos con frío y hambre, que se mueren y que nos resultan tan lejanos como los obreros medievales en el frío de Colonia. Al final, lo único que los separa es el tiempo y ya afirmó Alberto que era algo relativo, de modo y manera que nuestro fugaz paso por este planeta tampoco ha de producir huella en nuestro universo particular. Nadie es mejor ni más importante que nadie, pero para muchos la vida sí fue de verdad, un valle de lágrimas y es algo que nuestra conciencia olvida con excesiva facilidad por lo lejos que nos quedan los niños hambrientos y los obreros muertos. A la vuelta de la esquina hay alguien a quien un pequeño gesto puede hacerlo feliz y la fecha es propicia a este tipo de excesos impropios de nuestro egoísmo. Ese prójimo es mucho más cercano y se lo merece; la navidad puede ser pagana, o no, pero el vecino de en frente necesita que alguien lo felicite de corazón para sentirse importante, y eso cuesta menos que salvar niños en el Africa subsahariana. Como todos vosotros, que sois importantes para mi y a quienes deseo, desde esta entrada, una feliz navidad.

Rajoy ¿un lastre para el PP?

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Acertadísima viñeta que pone en evidencia lo beneficioso que sería en este país la desaparición de parte de su clase política. En mi opinión, Rajoy no es bueno para el PP: Le falta carisma de líder, su ironía gallega puede revelar fisuras en la debida autoridad como responsable del partido; su discurso no es atractivo y la modificación de su imagen es la prueba de la desorientación que viven sus asesores, pretendiendo que el gallego inmutable sonría como el presidente circunflejo.

Hade años la casta de nuestros próceres brillaba con luz propia y los diálogos de González, Suárez y otros líderes eran ejemplares; se conoce que la oratoria actual tiene menos importancia y se valor más la poesía de ZP o los familiares de Rajoy: Mientras el viento sea del dueño del planeta, el primo del popular no va a tener demasiados problemas. Así no vamos a ningún sitio y con los informes reveladores del nivel que tienen nuestros alumnos, podemos alcanzar el dudoso mérito de ser la nación más inculta de Europa. Nunca oí a Rajoy o a Zapatero hablar en otro idioma que no fuese su español, habitualmente ramplón, o que no precisasen en todas y cada una de sus intervenciones en el extranjero, la ayuda de un buen traductor; a José Luis, además, se le olvidó la historia al hablar de lo discutido y discutible o poniendo de relieve la peculiar idiosincrasia catalana, precisamente porque nunca fue un reino como Aragón o Asturias. Rajoy calla y otorga, liderando un centro derecha cuajado de complejos e influenciado por media docena de curas que mejor se dedicaban a predicar sus creencias y llevar a Rouco de misionero a Burkina Faso, a ver si se entera de en qué consiste la caridad cristiana. En tanto en cuanto, conspicuos socialistas se frotan las manos porque no tienen oposición y porque mientras Rajoy pretenda vencer en unas elecciones, ellos tienen el poder prácticamente asegurado.

Garzón y Lorca

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No me extraña, querido Emilio y otras lindezas similares en boca de D. Baltasar, que la toga del Magistrado la pague el Santander, con su color rojo Ferrari, que a Fernando Alonso le da lo mismo. El piloto cobra por su técnica, y por poner en juego su vida corriendo por circuitos imposibles, como el de Mónaco; Garzón, con sus dos escoltas, tiene menos peligro por vivir sentado en su despacho de la Audiencia mientras escribe cartas a Botín como si tal cosa y después sentencia con la naturalidad del profesional. Seguro que no se ha dejado llevar por cierta parcialidad beneficiosa para la mano que le da de comer, porque la capacidad de raciocinio de este juez estrella se sitúa por encima del bien y del mal, y el sesgo solamente surge si se trata de encontrar, identificar y desenterrar los huesos de Lorca. Lo malo es que, al final, ni siquiera estaban allí.

La locuacidad de Pilar Bardem

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No sé si es de la ceja o del dedo gordo del pie; lo que sí sé es que trasciende su profesión de actriz para figurar en los medios predicando su peculiar ideología política, que es muy respetable y que ninguna relación guarda con su trabajo. A Dª Pilar se le ocurre acortar el paso terrenal de una congénere en caso de que la clasifique, o lo que sea; también dedicó un educado hijos de puta, a los periodistas de Libertad Digital cuando pretendieron entrevistarla, se conoce que solamente los periodistas de Público o El Plural son dignos de anotar sus intelectuales declaraciones. Es Dª Pilar buena actriz, pero no vale para la vida pública, porque sus exabruptos enrojecen al más pausado y su locuacidad no siempre es fácil adecuarla a la situación, o a los medios, que viene a ser lo mismo; así la mamá del oscarizado Bardem progresa adecuadamente sin saber nunca si la causa de su popularidad está en las amenazas de asesinato, la maternidad de su retoño o por figurar como suegra de Penélope Cruz, que además de calladita, suele estar mucho más hermosa.

Zapatero y el viento

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Llegué tarde a oir la afirmación zapateril de que la tierra es del viento; se conoce que anduvo hablando con Leire Pajín, la de los acontecimientos galácticos, y le dio por lo poético, aunque los seiscientos asesores esos que tiene, no acertaron con que la frase hecha era de una película en vez de un jefe indio, pero eso es otra cosa, aunque también parece que un filósofo griego estaba metido en el ajo.
Mientras escribo esto, miro por la ventana y compruebo que hace un intenso frío fuera, propio de la fecha y con noticias que adelantan la previsión de un duro invierno en esta zona norte del país; no sé si tendrá razón el primo de Rajoy o el que cobra un cuarto de millón de dólares por conferencia catastrofista, pero la triste realidad es que ni los científicos se ponen de acuerdo en el alcance de la influencia del hombre sobre la salud del globo. Como quiera que resulta innegable, eso sí, su existencia, pues supongo que se tratará de poner los medios para minimizar los efectos de la misma. Hacerlo supone cierta seriedad en las soluciones, que se aleja de los intereses comerciales de grandes empresas, y al final todo queda en las voces de media docena de manifestantes y la poesía de Zapatero que en sus viajes internacionales, nunca sabemos si va a lucir el pañuelo palestino o la kipá, ya que hace las dos cosas. Nadie sabe si dependerá de esos cientos de asesores, de los consejos de Pepiño, el del “conceto” o de la inspiración interestalar de Leire Pajín después de haber discutido con mamá.

Los que están en este mundo y los que no.

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El juez estrella se sale en la gestión económica, cuando omite involuntariamente, claro está, un cuarto de millón de euros que percibió en Estados Unidos, del mismo modo que aceptó un dinero facilitado por el Banco de Santander para fallar después en un asunto con implicación directa del Sr. Botín, que tampoco es tonto. Dice Arcadi Espada que existen dos tipos de jueces: Los que están en este mundo y los que no; le faltó añadir en qué tipo de mundo, o sea. La vida de Garzón, saltando de aeropuerto a revista, previo paso por plató de televisión está a años luz de la del más común de los mortales, funcionarios que conocen la ruta de su domicilio a la oficina, pasando por el café con pincho de las once. A D. Emilio Botín, el del banco, tampoco se le puede calificar de frecuente, cuando dirige consejos de administración, ejercita el poder en la sombra y vive rodeado por media docena de discretos guardaespaldas.

Este tipo de personajes configuran una casta especial; los hindúes son más listos y no tienen clases sociales, lo suyo son las castas, ya definidas como compartimentos estancos; en su universo particular circulan las prebendas, favores y ayudas dentro de la legalidad vigente y lejos de la ética deseable entre los dirigentes políticos, judiciales o económicos de un país en el primer mundo. Pero es tristemente así; Belén Esteban se opera la nariz para que le pague algo más que la cirugía una masiva audiencia, y así lleva a Andreíta a una escuela de pago; poco a poco se acerca a Botín, y cualquier día la vemos en animada charla con el bancario. Solo le falta a D. Gaspar, el del préstamo, fallar contra Jesulín en la pensión de alimentos de su hija.

Belén Esteban (y IV)

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Ni le tengo manía a esta pobre señora, o señorita, que ya no se puede decir, ni me resulta especialmente simpática, pero su caso es paradigmático de una sociedad con ciertas carencias, que empieza a situarse en un término medio entre el mundo feliz de Huxley y el perseguido de Swarzenegger. Esta virgen postmoderna sin marcas de bisturí y pasada por photoshop, pasea sus miserias personales de cadena en cadena, sin rubor de ninguna clase y con aire de víctima inocente, con las garras dispuestas cuando la presión parezca insostenible. Las declaraciones de esta señora sobre el viaje de su expareja al pueblo de al lado que condicionan cierto retraso en la entrega de la chiquilla, otra arma arrojadiza, son noticia en la prensa amarilla de medio país, mientras no lejos de nuestra frontera sur, decenas de niños mueren de hambre, preguntándose como lo que preocupa a una sociedad avanzada puede resultarles a ellos en particular tan absolutamente indiferente.

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