Ada Colau

En 2.011 Ada Colau fue presentada como “abogada” pese a no haber cursado nunca estudios de derecho; bien es cierto que el título no exige los estudios, pues tratándose de abogado quien aboga -por algo o por alguien- puede adquirir tal condición sin estar legalmente habilitada para el ejercicio profesional de letrado. Lo cierto es que no terminó sus estudios de Filosofía, pese a lo que no dudó en afirmar que le habían puesto “fácil” terminar una carrera -licenciatura, grado o como quiera que se llame- desde la atalaya de la política. No debe ser mal puesto para otear oportunidades personales, pues igualmente es verdad que a la edil barcelonesa las cosas -en lo económico- no le va nada mal, desde su sueldo como alcaldesa a su participación en la PAH o sus ONGs, que cumplen escrupulosamente su función, pero no gratuitamente. Como tantas vecdes dijimos en este espacio, el progresismo bien entendido, empieza por uno mismo.

Ejercicio de observación

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha señalado que la imputación de la expresidenta madrileña Cristina Cifuentes por el caso del máster evidencia que el PP es “un partido corrupto que está parasitando las instituciones”“.

Tal era el texto publicado en La Vanguardia relativo a la opinión política que le merecía la Sra. Cifuentes a D. Pablo con relación al caso de su “master” y con lógica anterioridad a la dimisiòn de la madrileña.

Conociendo la situación del Sr. Sánchez, esperaría del líder mesiánico y populista la siguiente frase, tomada de las declaraciones anteriores: “La imputación del presidente del gobierno, Pedro Sánchez por el caso de la tesis evidencia que el PSOE es un partido corrupto que está parasitando las instituciones“.

Sería lo lógico, ¿o no?.

El Globo

Armando Rodríguez abandona la hostelería con intención -dice- de dedicar más tiempo a su familia; tiene razón, se trata de un trabajo que ata muchas horas y muchos días, siempre en el lado complicado de la barra. El Globo abrió después que su propietario dejase el Gaudiosa, otro clásico gijonés, y se ubicó en el número dos de la calle de San Bernardo, junto al Ayuntamiento. El clásico de los oricios de Gijón cierra la puerta dejando un gran hueco que ocupaban los clásicos de su gastronomía y las peculiaridades -todo hay que decirlo- de su propietario. Una de las últimas veces que visité el local, compartía mesa y mantel con un conocido Digestivo de la plaza y otros compañeros y amigos, disfrutando de sus oricios y las notables tortillas de pescado; nos atendió muy bien y miró hacia otra parte en algunos momentos próximos a los postres, con la discreción propia de todo un profesional. Se le echará de menos. Que tenga suerte.

La Dársena

Conocí los tiempos en los que un barco viejo hacía las veces de discoteca, antes de verse dragada la dársena, cuando compartía espacio con lanchas y embarcaciones pesqueras; recuerdo todavía las grúas con su caseta de madera circulando sobre una vía algo por detrás de los norays, de los que tardé tiempo en ver que eran viejos cañones que tuvieron en el puerto de Gijón un fin pacífico y útil. Todavía guardo en la memoria los paseos con mis padres, antes de que la barandilla ofreciese seguridad al viandante cauto y temeroso que fui en la infancia. Una Cimadevilla oscura y misteriosa -misteriosa para mi, claro- se abría paso más allá de la Colegiata, del Palacio y de la plaza del Marqués. Ahora se han ido los barcos pesqueros, casi no recuerdo desde cuando se retiraron las grúas y el barrio alto, reurbanizado, es más turístico que pescador. Parece que fue ayer, pero han pasado más de cuarenta años, durante los que vi pasar amigos, crecer generaciones y envejecer pensando que el tiempo no discurría y que todavía guardaba algo de aquel chiquillo que paseaba por los jardines de la Reina con pantalón corto, en ese recuerdo que guarda mi memoria en blanco y negro.

Fake News

Un elevado porcentaje de las novedades que llegan a nosotros a través de la red en sus diversas formas -prensa, redes sociales, correos electrónicos- son falaces y abarcan desde ofertas para una nueva vida en paraísos increíbles, hasta malintencionados “fakes” que pretenden colapsar servidores a través de envíos masivos. Se propone un control de este tipo de noticias para evitar el descrédito que representan unas veces y los problemas técnicos de los que son responsables en otras. Para ello -como siempre- se creará una comisión que, dotada de los procedentes medios técnicos y humanos, luchará por localizar y eliminar este tipo de acciones malintencionadas.

Se me plantea una cuestión que no me parece menor: ¿Quién -o quienes- decidirán la falsedad de la noticia?. ¿No estaremos poniendo en sus manos el adoctrinamiento de las masas?. Y finalmente, ¿no tenemos el derecho a ser críticos con las novedades de las que tengamos conocimiento, aprendiendo a distinguir el grano de la paja, la verdad de la mentira, siendo esta práctica una suerte de experiencia y madurez, así como un exponente de libertad?

¿Bajar impuestos?

Tras largos años de dolorosas subidas de impuestos, Grecia se encamina a una nueva etapa con una fiscalidad menos dura para sus ciudadanos. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha presentado este fin de semana su primer programa económico de la era posrescate, que contempla una serie de alivios fiscales y medidas sociales, entre las que figuran la rebaja del impuesto de sociedades y del IVA, pero con el compromiso de no abandonar la senda de la estabilidad fiscal.

Uno entiende cada vez menos. Mientras el líder populista griego propone un programa con rebajas de impuestos, nuestro líder mesiánico y correligionario del heleno, pretende, con el apoyo del progresismo socialista, exactamente lo contrario. Hace poco tiempo hablaba de medidas comunes a “los países del sur de Europa”. Cada vez entiendo menos.

Más de Pablo Iglesias

El vicepresidente podemita -o el presidente en la sombra, vaya vd. a saber- se descuelga con la insinuación de castigar económicamente a la Iglesia -a la católica, naturalmente-en caso de que institucionalmente critique las leyes promulgadas por parte del progresismo militante. Ello supone que debería transigir con el aborto, pese a ser contrario a su credo, o con el matrimonio homosexual, que tampoco forma parte de su ideario. La fe es una cuestión personal, que cada ciudadano debe vivir desde la libertad de culto y de creencia, algo que el líder morado convierte en especialmente difícil, sobre todo si valoramos quien -o quienes- serán los encargados de dictaminar cuando la jerarquía católica “critica” la legislación vigente.

Uno, plural por naturaleza, se pregunta si tal medida coercitiva va aplicarse a otras confesiones, como la musulmana, que permite la poligamia -legalmente prohibida- establece una franca desigualdad entre hombre y mujer -con este gobierno que presume de feminista- y lapida directamente a adúlteras y homosexuales -o ahorca, que tanto da.

Desde luego, nunca se me ocurriría pensar que el Sr. Iglesias pretende perseguir al catolicismo representando, como hace, la pluralidad de la libertad de expresión, política, religiosa y económica.