Archivo para 5/11/09

De Cobo, Zapatero y otras hierbas

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Las luchas intestinas en el Partido Popular se asemejan a una partida de ajedrez entre dos mafiosos consumados; Rayoy, Esperanza y Gallardón se disputan el papel protagonista de la formación y la subsiguiente candidatura a la presidencia del gobierno; se conoce que la erótica del poder atrae tanto a hombres como a mujeres, y los tenemos ahí, ofreciendo un lamentable espectáculo a la opinión pública, única afirmación de Rajoy en su discurso de ayer que mereció verdaderamente la pena.

Desde las filas socialistas se aprovecha el río revuelto para pescar media docena de votos que les permitan mantener la exigua diferencia con los populares, con el desgaste que le deben sus correligionarios a D. José Luis, el del cheque bebé y los cuatrocientos euros ante la sorpresa de Solbes que buscaba forma de pagar a los catalanes sin esquilmar al resto del país. Ahora estamos aquí, con una previsión de paro superior al veinte por ciento de la población activa, y vociferando lo vergonzoso que resulta todo lo sucedido en el seno del PP, con un olvido selectivo de la salida de Borrell por la puerta trasera y de unas primarias en las que las peleas internas del PSOE y el empecinamiento de los renovadores por la base, dieron la victoria a un desconocido Zapatero, que se pasó las legislaturas de González apretando el botón que le mandaban.

En todo caso, la imagen que ofrecen los dirigentes populares actualmente, es patética. En Estados Unidos, que pongo como ejemplo con cierta frecuencia, los devaneos del “yes we can” empiezan a pagar el precio en forma de votos, que es como se castiga en democracia. Los soldados americanos en el extranjero no reducen su número y uno no ve tan marcada la diferencia entre la política progresista de Obama y la ultraconservadora, que decían, de Bush. Aquí, sin embargo, votamos con el corazón y más con la idea de fastidiar al rival que de defender nuestras propias ideas; es algo que forma parte de la idiosincrasia española; a Cobo le ahorran las cuotas del partido, pero no le quitan las de poder, y Gallardón lo sigue paseando por Madrid, unas veces con bozal, y otras no. Después, las obras del alcalde y los cheques de Zapatero los pagamos todos esos que trabajos sin red, como decía José Luis el otro día con notable acierto.