Archivo para 8/11/09

La muerte de Ignacio Delgado Beltrami

image

Trató de introducir la llave en la cerradura de casa y la llave cayó. Trató de hacerlo una segunda vez y la llave cayó. Trató de hacerlo una tercera y la llave cayó.

Allí estaba Ignacio en la puerta de su casa, mirando aquella mano como quien mira a un caballo desconocido que se hace el remolón y no cumple la orden después de años juntos. Todo empezó así: Ignacio, una llave en el suelo y una mano diciendo adiós.

«Pensé: ‘Esto es muy extraño’. Y fui al médico». Pasó un mes cosido a su mano de trapo. Hasta que la llave encajó, vaya que si encajó, tirando la puerta y el hogar abajo: tenía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Le dieron 18 meses de vida, como una propina triste y escasa. De aquello hace tres años.

También hace tres años del Ignacio Delgado aquel que ahora no se reconocería.

El cordobés tenía 32 años, era doctorado en Yale, trabajaba de gestor en un banco de Nueva York junto a las Torres Gemelas el día del 11-M y por entonces corría como una liebre. Hasta que primero fue una mano. Luego la otra. Una pierna. La otra. El habla. La respiración. El resto. Se fundían las luces, cámara y acción.

A lo largo de 2009, con toda probabilidad fallezca. Antes quiere dejar grabado cómo se apaga una vela.

«Quiero grabar un documental para gritarle al mundo que nos morimos y nadie hace nada. Para que se conozca la desatención que sufrimos.Las administraciones no investigan, ni hay servicios sociales.Es una enfermedad incurable, pero no intratable. Los servicios de salud se limitan a dar un diagnóstico terminal, y no a ofrecer cuidados paliativos que podrían alargar nuestra vida y mejorarla en algo. En 20 años no se ha avanzado nada. Nos morimos sin ninguna esperanza de curación».

La frase se despacha leída en medio minuto. Pero dicha en boca de Ignacio lleva un tiempo angustioso. A cada poco toma aire y resopla, como un ciclista escalando. Cuando entramos y le ofrecimos la mano («buenos días, ¿qué tal?»), nos quedamos con ella en el aire, como idiotas.

«Primero fueron las manos y los brazos los que quedaron inmóviles y me hice a la idea. Luego vino la silla de ruedas. Estuve un tiempo mirándola hasta que me hice a la idea. Y al final me subí.Entonces empezaron los problemas para tragar. Dices: ‘Bueno, otra vez a empezar’. Y empiezas a alimentarte por una sonda.Piensas: ‘Bueno, venga, qué se le va a hacer’. Y entonces empiezan los problemas respiratorios… Comienzas a perder la voz y dices: ‘Dios mío, no puedo hacer nada por mí mismo’. Es una frustración constante. Sientes que la enfermedad va un paso por delante».

Pero ahí va él detrás dando guerra. Su documental lo está elaborando una productora audiovisual con la que contactó. Se llama 4000 gritos. Son los de los 4.000 enfermos que hay en España. Donde se dan 900 nuevos casos anuales y donde otros 900 pacientes mueren cada año. Saldrán un puñado de afectados. Pero la idea es que quepan todos. Sus gritos y sus silencios. Los que aún están, los que se fueron. (Tomado de El Mundo, domingo 29 de Marzo de 2.009)

No hacen falta comentarios añadidos.