Archivo para 11/11/09

Chorizos y choricillos

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Chorizos, efectivamente, existen en todas las formaciones, para desgracia de la ciudadanía que, además de sufragar sus fechorías, soportan estoicamente muchos de sus caprichos. Unos son de guante blanco, como los cargos del CAC, que perciben sueldos totales de 135.000 euros al año por vigilar que el personal no se extralimite en la utilización de la lengua nacional; por un lado cobran, y muy bien; por otro sancionan religiosamente a quien no entienda que la última misión del pueblo catalán es el engrandecimiento de su entidad histórica como pueblo independiente. No voy a recoger aquí datos sobradamente conocidos, respecto al pasado barcelonés en particular y catalán en general, pero llego a la conclusión de que este tinglado no deja de ser la vaca lechera de unos pocos estómagos agradecidos que decía el artículo propuesto.

Otros chorizos, sin embargo, son más torpes: José Luis López, que puede llamarse como le de la gana, aunque ello no le quite ser hijo de un guardia civil aragonés y no haber nacido en Cataluña, se queda con un regalo institucional que, independientemente de su valor, debería ser propiedad de la Generalitat. Así las cosas, y siguiendo el principio de que lo relevante es la intención, daremos la misma importancia a los trajes de Camps que a los millones de Gürtel o las anchoas de Don José Luis, que al final están muy buenas, y tal teoría podría terminar con la prisión de Zapatero tras comerse un bocata o la de Correa, después de haber llenado sus bolsillos con unos cuantos millones de euros, que tampoco irían mucho más lejos, después de unirlos a la subvención de Chaves que tiene una familia tan numerosa como válida.

Tendríamos que empezar por encarcelar a los responsables de una trama como la Gürtel tras una eficaz, diligente y pública investigación de los hechos, de igual modo, terminar con el amiguismo, probablemente legal, pero desde luego inmoral, de entidades como el CAC, de tanto consejero y chupatintas sin otra ocupación que la de cobrar la nómina a final de mes; y también acabar de una vez por todas con una casta política mediocre o corrupta, o ambas cosas a la vez, con personajes tan patéticos como José Luis el aragonés y su lanza ecuatoriana. Que Dios, hasta entonces, nos coja confesados.