Archivo para 12/11/09

Más de lo mismo

AL ABORDAJE

Apatrullando la moral

DAVID GISTAU
LA VIDA de los artistas de la ceja era mucho más fácil cuando disponían de Bush y Aznar como malvados universales contra los cuales existir. Cuán gratificante resultaba entonces proclamar la perfidia natural del mismo Estado cuya naturaleza infalible e intervención en todo reclaman ahora como única vía de salvación y de nacimiento del hombre nuevo que surgirá de la crisis capitalista: como cualquier otra enfermedad oportunista, el marxismo prospera cuando el sistema anda bajo de defensas.

Después de meses de permanecer desactivados hasta nueva orden como células durmientes, los artistas orgánicos han reaparecido ahora para calentar la manifestación contra los empresarios y apuntalar la jerarquía vertical de la que dependen los sindicatos. Pero ocurre que la vigilancia del que se ha arrogado el monopolio de la moral sucumbe a lo ridículo cuando declara intocable al gobierno con el que mantiene una relación clientelar. Así, no hay más remedio que ignorar a los casi cinco millones de parados fabricados por la administración de Zetapé igual que los transeúntes de Nápoles fingían no ver el cadáver tirado en la acera del vídeo de la ejecución camorrista. Y, en cambio, levantarse contra conceptos más o menos abstractos como el de la codicia y contra sospechosos habituales a los que tiene calados el maniqueísmo de izquierda: los empresarios, entendidos, no como creadores de riqueza y de puestos de trabajo y también de la tajada fiscal de donde procede el dinero público, sino como vampiros que dejan los colmillos marcados en el cuello de la clase trabajadora.

Nos mantenemos a la espera de que aporten un modelo alternativo, después de que el siglo XX contemplara cómo los experimentos socialistas no dejaron más que ruina, destrucción de la libertad y asfixia del individuo ante un Estado regulador incluso de lo nimio que apenas le dejó jamás espacios propios, de pensamiento, de creencia o de acción. Y mientras tanto nos conformamos con la comprobación de que, más allá de su perruna sumisión al gobierno, que delata los verdaderos motivos por los que había motivo, nuestros artistas de la ceja no tienen ninguna de las características que uno supone al creador: audacia, soledad moral, desafío a toda forma de oficialismo. Al revés: acaban de renovar la vieja pulsión del «¡Vivan las caenas!» reclamando más Estado y menos individuo. Y exigiendo del Estado una protección que les ponga a salvo de los avatares de la vida a la intemperie aunque sea a costa de reducir su conciencia al nivel de la esclavitud. Emerge de nuevo la tabarra de los artistas de la ceja, sólo que esta vez se nos antojan tonton-macouts por otros medios que tienen claro quién es el amo.

 

Reproduzco el artículo publicado el domingo por David Gistau, que incide precisamente, en el mismo tema que publicábamos el otro día, llamando la atención sobre la relación clientelar de los artistas, quienes pasan de puntillas sobre los cinco millones de parados o sobre la subida de impuestos, se conoce que la economía de Miguel Ríos y compañía, les importa menos la subida del pan.

Pero lo que sigue sorprendiéndome es la capacidad de este grupo para meterse donde no los llaman y sentar cátedra de lo que desconocen profundamente. Critican a la banca, que permite sus ingresos millonarios financiando a quienes los contratan, mientras viven sumergidos en el sistema que dicen condenar, y del que obtienen pingües subvenciones. Si vd. se dedicase a la recogida del caracol, ¿estaría subvencionado por la administración pública?. ¿Qué valor tiene el aporte cultural de alguno de estos individuos?, ¿como se mide?. Me gustaría tener una respuesta tan clara a estas razonables preguntas, como la solución que dicen poseer esta banda de aprovechados a la crisis, y es que, al fin y al cabo, las malas películas que hacen y los bodrios de temas que cantan muchos de ellos, los pagamos todos de nuestros propios bolsillos.