Archivo para 18/11/09

La gayola (o paja)

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No quiero criticar, por mi desconocimiento, los métodos pedagógicos modernos, pero me parece un poco excesivo que se aleccione en la técnica de como hacerse una paja en los centros de enseñanza. La sexualidad es tabú, especialmente para quienes consideran que no lo es, o sea que sí, y pese a aprenderse del mismo modo natural que uno se lleva los alimentos a la boca, resulta que ahora precisa sistematizarse, como la geografía, o la física cuántica. Dibuja tus genitales, y si dudas acerca de tu homosexualidad, prueba; vamos, que para averiguar si uno es adicto a la cocaína o al hachís, es suficiente con probar, porque nada hay más natural en el mundo que proporcionar un momento de placer al cerebro, ese que entre impulsos eléctricos y hormonas, controla nuestra vida por encima de lo que llamamos voluntad, paja incluida. A él no le hacen falta lecciones de técnica, le basta con todo lo impreso en sus circuitos por siglos de evolución; estamos aquí casi a pesar nuestro, después de que hace unas decenas de miles de años un mono se puso definitivamente de pie; se conoce que así tenía una mano libre para meneársela, pero ahora, tantos siglos más tarde, hacemos pedagogía de la masturbación, como si la hubiesen descubierto nuestros abuelos en plena represión eclesiástica. La culpa de todo la tienen la derecha y la iglesia, que son intercambiables en sus responsabilidades sociales y políticas; la libertad del progresismo nos hará mejores, aunque sea cascándosela por ese placer que está en mis manos, o por ahuyentar los fantasmas con la cocaína, por eso de probar.

El Sr. O’Flahertie, que ni siquiera sé si está bien escrito, murió alcoholizado y homosexual en París hace ya bastantes años; no precisó lecciones de nadie para conocer su condición sexual y coger afición a la compra de paraísos artificiales en el fondo de un vaso vacío; fue, tal vez, el mejor escritor de la historia viviendo en una Inglaterra de té a las cinco y Dios salve a la reina. Su ironía exquisita –la única diferencia que existe entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho suele durar algo más de tiempo- y su peculiar estilo precisaron una educación clásica, que terminó por alumbrar a un genio. De haber vivido en Trujillo, cuna de conquistadores, podría haber escrito “como hacerse una paja en tres sencillos pasos” en vez de “el retrato de Dorian Gray”. Saber donde está el punto G es más importante que leer a D. Camilo, el del premio y aumentar la intensidad de los orgasmos autoprovocados llegará a ser un tema para la tesis doctoral. Seguro que perdemos el lirismo, pero tendremos mejores corridas… de toros.


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