Archivos para 24/11/09

Los pájaros tiran a las escopetas

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La prensa diaria no deja de sorprender, como es el caso, y la permisividad nos conduce a situación más esperpénticas que paradójicas, como es el caso. Uno, que creció en aulas franquistas, con maestros que todavía golpeaban con reglas de madera en las uñas de los chiquillos, no desearía ese futuro para sus propios hijos, pero tampoco que fuesen educados en la absoluta tolerancia, sin conciencia del esfuerzo, el sacrificio o el castigo.

Poner de cara a la pared a un alumno no deja de ser una forma de terapia de grupo, pues no se trata de la posición o actitud del chico o chica, sino de su situación a la vista de toda el aula. En este caso concreto, se produce la pena por no haber hecho en casa los deberes asignados; buena la tenemos, pues todavía hay padres que protestan y no consienten que sus hijos tengan que llevar a cabo tareas domésticas, además de las que realizan en las horas lectivas. Una reunión de padres de alumnos en un conocido colegio gijonés, terminó por consentir que determinados chicos no hiciesen los dichosos “deberes” porque era una idea contraria a la que sus progenitores tenían de la educación que debía de recibir. ¿Es lógico?. No, por un sencillo motivo, y no es otro que la diferencia generada en el aula entre unos y otros alumnos, conllevando este tipo de indisciplina, un trabajo añadido para el profesorado y una heterogeneidad en el conocimiento y actitud de los chavales, especialmente a una edad en la que la enseñanza es obligatoria y por lo tanto, la decisión sobre como y en qué se debe educar a los futuros ciudadanos está marcado por la ley.

Efectivamente disparan los pájaros a las escopetas, y el profesor termina en un juzgado por poner cara a la pared a una de sus alumnas, como si fuese un delincuente, dando además, la oportunidad de que cualquier otro de sus pupilos de subírsele encima de la chepa para decir que no le sale de sus santos adminículos hacer la tarea encomendada. ¿Y qué haremos entonces?. Lógicamente, condenar al profesor por le excesiva crueldad ejercida con los omnipotentes chiquillos. Desde luego, no sería esa la clase de educación que yo desearía para mis hijos, ni es la que los conspicuos progresistas ofrecen a su prole, habitualmente formada en instituciones bastante más clásicas en su funcionamiento que la escuela moderna que proponen.