Ian Gibson


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Cuando escribía mi libro La noche que mataron a Calvo Sotelo ya hace algunos años, consulté naturalmente la transcripción de las sesiones de Cortes de entonces. No encontré la frase tantas veces citada en la cual se dice que la Pasionaria amenazó de muerte a Calvo Sotelo. No digo que no la dijera, pero no consta oficialmente. Además, aquella noche terrible en Madrid, los asesinos sedientos de venganza por la muerte del teniente Castillo fueron primero a casa de Gil Robles, que no estaba, y creo que también a casa de otro personaje de derechas, que tampoco estaba. Fue entonces cuando alguien sugirió el nombre de Calvo Sotelo. Añado que yo no apruebo el asesinato de nadie, estoy en contra de la pena de muerte, pero entiendo como historiador que en aquellas circunstancias tremendas todo era posible, incluso el asesinato de un diputado a Cortes.

Tampoco los leo a fondo. Algo he leído, por ejemplo el libro de César Vidal sobre Paracuellos donde tuerce sus fuentes y miente descaradamente. Hay que ser honrado en la investigación. Claro, cada uno tiene su punto de vista, pero hay que ser honrado en su trabajo y hay gente que esta publicando libros llenos de información falseada y se vende porque hay un público seguro para este tipo de libros. La ultraderecha, como una piña, comprando toda esta basura. Yo creo que todo esto está haciendo un daño muy grave, no digo que irreparable, pero sí destacable, confirmando mucha gente sobre sus dogmas y prejuicios, fomentados durante 40 años de dictadura. En el fondo me parecen unos aprovechados

El texto está obtenido de Público en una entrevista digital llevada a cabo por los propios lectores. Supongo que cada tipo de prensa tiene su particular grupo de adeptos, a guisa de hinchas futboleros, y escuchan exclusivamente lo que desean oir, y allí les cuentan. Ian Gibson utiliza una forma peculiar, aunque elegante, de arremeter contra aquello ideológicamente opuesto a su modo de interpretar la historia, en la que es experto. La Pasionaria no amenazó de muerte a Calvo Sotelo pero esos “asesinos sedientos de venganza” son “entendidos” por el historiador, diciendo que “todo era posible” hasta el asesinato de un diputado. ¿Que diría si el asesinado hubiese sido republicano; también justificaría de tal modo a los criminales?. No es preciso ser muy avezado para percatarse como el irlandés evita condenar el crimen, aunque rechace la violencia, lo que no deja de ser curioso.

Y digo esto porque después acusa a César Vidal de tergiversar y mentir descaradamente en sus libros; ¿acaso los suyos tienen el don divino de la verdad absoluta?, después termina por afirmar que tales textos los compran ultraderechistas, y califica a las publicaciones de basura. Nuevamente me entra la curiosidad: ¿Que sucedería si se calificase de ultraizquierdista a quien lee los libros del Sr. Gibson o dijese que éstos son una basura?. Lo adivino: No se trataría de una persona intelectual, no podría nunca pertenecer al mundo de la cultura, jamás alcanzaría la condición de solidario y el término compromiso no estaría escrito en su diccionario. Vivir para ver.

P.D.: Mañana les dedicaré algo mucho más relajado, mero cotilleo de la prensa rosa, un poco elevado de tono, pero agradable a la vista. No comparen la fotografía con la del Sr. Gibson

3 Responses to “Ian Gibson”


  1. 1 Toño Alonso 26,abril,2010 en 11:28 am

    De sobra sabes que César Vidal miente, lo mismo sabes de Pio Moa y también sabes quién les paga. No te pases que vas a pillar otra salmonella.

  2. 2 Alejandro Pumarino 26,abril,2010 en 2:29 pm

    Sr. Alonso:
    E igualmente sé que Ian Gibson dice la verdad, y que Carrillo es absolutamente inocente de todo lo sucedido en Paracuellos del Jarama. Por supuesto. Así no tengo diarrea.

  3. 3 Fernando García 29,abril,2010 en 11:40 am

    Ian Gibson se comporta como historiador:
    1.- Cuando investiga los hechos que le interesaban, la frase adjudicada a Dª Dolores Ibárruri, la “Pasionaria”.
    2.- Cuando admite que el hecho de no encontrarlas en las actas no implicaba que no las pronunciara.
    Hasta aquí todo discurre correctamente. Después PIERDE, a mi entender, tres de los títulos (entre otros) que todo historiador de prestigio debe de guardar como oro en paño: hombre creíble, hombre independiente y hombre sensato. ÉL, supongo que lo habría meditado antes de pronunciarse, ha perdido con este gesto a las personas (como es mi caso) que buscando la verdad le creyeron sin importarles cómo respiraba en política.
    Finalmente se COMPORTA, no le cuestiono ese derecho, como un hombre normal y apasionado por los planteamientos de la izquierda política, nadie es válido fuera de esas filas y todos, incluido D. César Vidal, lo único que dicen son mentiras. Esta postura la plantean, por igual y al unísono, la intelectualidad y el pueblo llano, así van de la mano y no se pierden.
    ¿También hay que incluir en el mismo saco a D. Pío Moa y a D. Ricardo de la Cierva (remite al lector a los documentos donde puede encontrar su información)?
    D. Alejandro, desde el momento en que este señor no condena los hechos reseñados lo que transmite es un pataleo confuso y usted lo ha plasmado muy bien.
    Saludos cordiales.


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