Paul Bismuth


Es el alter ego del Sr. Sarkozy, a cuyo nombre se hizo con una línea privada de teléfono a través de la que sostener conversaciones inconfesables que suponen, según todos los indicios, delitos tipificados en el Código Penal, de ese o de cualquier otro país. Después llega la triquiñuela, la vuelta, el buenismo del sistema, que permite entender como ilegal la prueba y no poder condenar en base a ella. Sarkozy no puede dimitir porque ya no ocupa un puesto de responsabilidad gubernamental, pero el Sr. Rajoy firmó un “Luis sé fuerte” que debería haber constituido la fosa política del gallego impasible, y lo hubiera sido en Estados Unidos, paraíso de los “mercados” y azote del progresimo militante, aunque siempre ejemplo de democracia a niveles insospechados en Europa y desconocidos en las repúblicas asamblearias y participativas de Maduro y adláteres. Si D. Nicolás es culpable, deberá purgar su pena; en caso de dudas o de demostrarse su inocencia, todo sería diferente, aunque la sombra de la incertidumbre es alargada e incompatible con la política activa. No lo precisa; yo en su lugar, dedicaría el tiempo a deleitar mis oídos con la melodía de la Sra. Bruni que además de elegante, es muy atractiva.

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