Piercings


Recuerdo que de chiquillos, para defender la igualdad entre los sexos, decíamos que resultaba igual de aberrante perforar el lóbulo de la oreja a las recien nacidas, y no a los niños, que colocar en éstos un arete en la nariz, cuando tal ornamento resultaba impensable más allá de ciertas tribus africanas. Hoy no solo llevan pendientes los varones, muchos de ellos en número de dos, sino que las perforaciones corporales llegan bastante más lejos, como la de Joel Miggler, joven alemán que luce un orificio de 35 milímetros de diámetro en cada una de sus mejillas, lo que indudablemente, le obliga a limpiarse concienzudamente los dientes después de las comidas, so pena de lucir públicamente los restos alimenticios entre sus molares. Elegante a la par que discreto.

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