Kim Kardashian


Kim Kardashian, famosa por apellido y por no sé qué más, luce un ejemplo de mal gusto en su atuendo que además, deja más que adivinar sus curvas generosas, alejadísimas de la talla treinta y seis que preconizan para modelos andróginas numerosos modistos homosexuales. La rotundidad de su cadera invita a la reflexión sobre los verdaderos gustos masculinos, porque la señora está de muy buen ver y despierta admiración y deseo a partes desiguales entre el personal. A mi la belleza fría de muchas modelos profesionales, junto con una figura demasiado estilizada, no me agrada en exceso como varón, aunque la generosidad excesiva de la Kardashian hace pensar que se trata de demasiadas arrobas para un novillero, con la prevención lógica de la timidez como impostura. En fin, que, en definitiva, la prefiero a la mayoría de huesudas féminas que llenan las portadas de las revistas y lucen palmito en las pasarelas más “cool” de la moda internacional.

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