Veinticuatro horas


D. Juan Carlos Monedero no solo pretende prescindir del presentador que entrevistó al líder espiritual de Podemos en Veinticuatro horas, sino también a los contertulios participantes, en un alarde de libertad y democracia propios de su ideología. Afirma que “el tono” de las preguntas que se le formularon al Sr. Iglesias era inadmisible en un medio público y plural, en el que curiosamente, se le permite poco tiempo después, hacer las declaraciones sobre las que se comenta en la entrada de hoy.

El tiempo que los medios de comunicación dedicaron a la recién nacida formación política, es superior a la suma del utilizado para el resto de partidos, algo fácilmente compresible si entendemos que las diferentes cadenas, públicas o no, buscan cuota de pantalla, algo que prácticamente garantiza D. Pablo y que no consigue el resto de dirigentes políticos en este nuestro país. La presencia en los medios de comunicación fue, precisamente, utilizada por el Sr. Iglesias como plataforma desde la que proyectar sus ideas y promocionar su partido; la progresión fue muy rápida, tanto que actualmente, la mejor arma contra sus rivales puede volverse en contra, desde la famosa entrevista de la Sra. Pastor hasta la doble negativa a presentarse en Telecinco si no era en unas condiciones inadmisibles para la emisora. Pues bien, una televisión pública y plural, puede y debe llevar a cabo la entrevista como se hizo en su momento, extrañando profundamente a quien suscribe, el escándalo de D. Juan Carlos en esta ocasión, cuando la presencia de su partido en programas como “El Gato al Agua” con una línea de pensamiento conocida y contraria a la del referido, fue la constante durante varias semanas. Después, hecha pública la pretensión de D. Pablo de ser entrevistado en Telecinco en plasma y con interrogatorio previamente pactado, no parece que esté el Sr. Monedero en condiciones de dar lecciones de democracia y pedir el cese de los profesionales que llevaron a cabo una entrevista a su líder que no fue útil a efectos de su propio lucimiento. La libertad empieza por un respeto que, con frecuencia, no ofrecen los conspicuos de Podemos a todo aquel que se separe del pensamiento políticamente correcto, encarnado en su ideología.

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