Techi e Isla


Una publicación amarillista afirma que Techi y Alberto Isla no han conseguido vender la exclusiva de su enlace a los medios, lo que supuso en la práctica, que su boda les costó cierta cantidad de dinero, en vez de proporcionárselo. El fracaso de esta pareja singular en el negocio planeado con la unión matrimonial, tan apresurada como falsa y poco creíble, hace a uno volver a tener cierto grado de fe en la especie humana, algo perdido desde que Belén Esteban o Paquirrín campaban a sus anchas por platós televisivos y llenaban páginas y páginas de papel couché. La comercialización del propio cuerpo tiene definición en el diccionario de la lengua española y suele ajustarse bastante al perfil de profesionales que lucen palmito y atributos en los medios, y de quienes los últimos responsables somos nosotros al consumir tales producciones, que suman mucha más cuota de pantalla que los reportajes culturales de “la dos”. La historia de Perú vende bastante menos que los exabruptos de Risto o las lágrimas de “la Esteban”, y el buen gusto por clásicos del cine tampoco cuenta con demasiados adeptos entre los expectadores. Sálvame protesta airadamente porque se pretende poner coto a las manifestaciones de profesionales del famoseo sobre sus devaneos sexuales en horario infantil y el personal se escandaliza, con este panorama sombrío, la noticia de Isla y Techi es un soplo de aire fresco que verdaderamente se agradece.

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