Alberto Rodríguez Rodríguez


Conocido diputado de la formación morada, famoso por sus “rastas” y el “affaire” con la Sra. Celia Villalobos -con la que no estoy de acuerdo- se define como ecologista y obrero industrial. Su salario bruto el año pasado, fue de 52.877 euros, y a uno, poco versado en emolumentos profesionales, esta cantidad le parece elevada, elevada, quiero decir, para un “obrero”. No tengo la sensación de que superen los cincuenta mil euros al año la mayoría de asalariados, sean obreros, dependientes, oficinistas, becarios o titulados superiores; es más de lo que un médco adjunto en el seno de la sanidad pública, percibe por salvar vidas después de seis años de carrera, cuatro de especialización y dos oposiciones. Con esa cifra, puede uno ser ecologista, socio del Atlético de Madrid, aficionado a la zarzuela o lo que le de la gana, porque las ideas y las aficiones no están reñidas con la renta, pero la situación económica que se deriva de esta cantidad, lo sitúa a uno, automáticamente, en el sector de los privilegiados, económicamente quiero decir, claro.

El Sr. Iglesias, según leí en fechas recientes, parece haber escamoteado de sus ingresos, ciertas cantidades obtenidas de su actividad como productor y presentador de un conocido programa emitido a través de una cadena iraní; por otro lado, dona a ora de sus productoras -la de la Tuerka- una buena parte de la cantidad que percibe en concepto de eurodiputado. Ambas cosas resultan igualmente paradójicas; por un lado obtiene unos estupendos ingresos “extra”, que me parece muy bien, y por otra, en vez de devolver al Estado la parte de su salario como político y facilitar así la creación de empleo y la reducción de los impuestos, algo que está tipificado en la ley, reencuentra el importe de la dádiva en empresas en las que él o su formaciónn política participan activamente. D. Pablo está situado entre el 1% de la población que más ingresos tiene.

Que nadie vea una crítica en la exposición previa. Simplemente que, a los conspicuos de Podemos, el dinero les atrae como a los demás y que instrumentan los medios necesarios para disponer de él y en cantidades bastante superiores al promedio nacional y muy por encima de lo que ganan la mayoría de los trabajadores (y rabajadoras, naturalmente) cuyos intereses defienden y que les han llevado a la cuota de poder de la que disponen.

Otro día comentaremos de Dª Ada Colau, que tampoco está descalza.

1 Response to “Alberto Rodríguez Rodríguez”


  1. 1 José Sirgo 12,febrero,2016 en 2:18 pm

    Ya no quiero ni opinar sobre el resto del comentario, porque es más de los mismo siempre. Lo jodido es que la gente les sigue votando y ensalzando. Somos imbeciles, y tenemos lo que nos merecemos.
    A lo que quería referirme, es que si me toca este individuo en el escaño de al lado, pido su evacuación inmediata por riesgo de -presunto-contagio piojero. A VER QUIÉN ME ASEGURA QUE NO LLEVA ESAS RASTAS LLENAS DE BICHOS, porque las “actuaciones estelares” que se le conocen no son de preocuparse mucho de la higiene personal……


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