Inger Enkvist


En una breve entrevista en el diario catalán La Vanguardia, la catedrática de Español y asesora del Ministerio de Educación sueco Inger Enkvist describe los pilares fundamentales sobre los que estima que debe asentarse la educación en occidente donde “se ha creído que la educación era un bien ya conquistado y han dejado de exigir esfuerzo a los alumnos”.

Cree que es un error considerar que todos los alumnos se esfuerzan y por eso no exigir resultados, motivo por el que ahora, el alumno se percibe como algo “intocable”. Para Enkvist, “para que haya inclusión” de los alumnos “todo el mundo tiene que aceptar hacer su trabajo. Si anteponemos la convivencia al aprendizaje se hunde todo”. La clave es “que el aprendizaje mejora la convivencia” y no al contrario.

El modelo educativo a imitar es aquel que logra los mejores resultados. En este caso, el finlandés, con un estilo de escuela “tradicional, la que había en Suecia hace medio siglo”, dice Enkvist. En Finalndia “preparan muy bien a los niños en primaria, establecen buenas costumbres de trabajo con apoyo inmediato al alumno que lo necesita para que no acumule retraso”. Lo que hay que hacer es dejar claro a los alumnos que “no pasarán de curso si no se saben las materias.

La señora Enkvist ha hecho estas declaraciones, que parecen de perogrullo y no deberían merecer atención alguna. El problema es que los sucesivos planes de enseñanza, con la colaboración de las dos formaciones políticas mayoritarias en este país, no premian la cultura del esfuerzo y del sacrificio, en un intento tan absurdo como inútil de igualar al alumnado en la llegada, y no en la salida. Premiar a los mejores es tan lógico como entender que, en los recientes juegos olímpicos, no todos los participantes pueden obtener la mellada de oro en sus respectivas especialidades; que al final no todos los estudiantes puedan ser titulados superiores es de fácil comprensión, menos para nuestros políticos que castigan a los enseñantes que no muestran, en sus estadísticas, suficiente número de aprobados. Paradojas de la vida.

4 Responses to “Inger Enkvist”


  1. 1 José Sirgo 3,septiembre,2016 en 1:46 pm

    No puedo estar más de acuerdo con esta señora. Ahora la comunidad de enseñantes más “moderna”, se escuda en aquello de “la letra con sangre entra” y eso es muy antiguo, antisocial y perjudicial para el alumno.
    Resulta que ahora el profesor es “amigo”, se tutea con el alumnado, se convirtió en colega, o sea, en un igual y así nos va. La consecuencia es que el alumno, en general, pasa del Profe, que es muy enrollao y al final traga….. Yo tengo muy cerca a personas ligadas a la enseñanza (prof part.) y me cuenta cosas que me cuesta trabajo creer que estén pasando a diario. Sería muy largo de contar algunas de las lindezas del profesorado, muy reivindicativo en general, que también emplean esa ley del mínimo esfuerzo; no sólo es cosa de los alumnos. Entonces qué podemos esperar si se admite el paso de curso con cuatro suspendidas???..
    Ahora, como en medicina, todo es un virus, en la enseñanza al vago y maula se le llama fracaso escolar, tócate……..!!!!!!!!😁😁😁😁😁🎶

  2. 2 J. L. Del Valle 3,septiembre,2016 en 9:37 pm

    La calidad de la enseñanza pública en esta piel de toro, se ha degradado de tal manera que ha roto la cadena de ascenso social mediante la obtención de una elevada cualificación profesional, a través del estudio y del esfuerzo personal. Y por si esto no fuera poco, se ha procedido desde los poderes públicos a confundir la enseñanza con la educación. A mi la educación me la dieron mis padres, la enseñanza me la procuró un sistema de enseñanza con exigencia de esfuerzo personal y unos docentes, que en general, cumplían muy meritoriamente con su oficio.

  3. 3 Jose 4,septiembre,2016 en 7:30 pm

    Suscribo el comentario del Sr. Del Valle. Mi madre decía que: “los niños tienen que salir educados y limpios de casa” y se supone que en el colegio , escuela o universidad es ENSEÑANZA lo que tienen que darles, pero para eso hay que contar con personal cualificado. Yo he empezado con siete u ocho años modestamente con los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Los Baberos), quienes han surtido de profesionales a las empresas de mas renombre de la época en nuestra ciudad. Luego fui al Real Instituto Jovellanos (el Instituto) y he tenido el privilegio de tener como profesores y catedráticos a personalidades como Sr. Millán, Sr, Candosa, Sr. Caso, Srta. Rendueles, entre otros muchos y no era ningún colegio de “privilegiados” ni del IBEX………. Pero había algo que las diferenciaba: disciplina, trabajo, respeto, esfuerzo y algún coscorrón que otro y NUNCA ME HE SENTIDO TRAUMATIZADO, mas bien al contrario, cuando llegaba una nota a casa mis padres, decían: qué habrás hecho ???, ahora, en muchos casos insultan al profesor o le agreden; aquí hay para todos.

  4. 4 Alejandro Pumarino 4,septiembre,2016 en 7:49 pm

    Yo también pertenezco a esa generación, aunque sea más joven que alguno de ustedes, por supuesto, no pareciéndolo. El hecho de que ahora los profesores sean los malos de la película, lo definiría un amigo mío como eso de que “los pájaros tiran a las escopetas”. Y es que no hay más vuelta de hoja.


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