De Carmena y las putas


La alcaldesa de Madrid ha apostado este viernes por la educación sentimental para acabar con la demanda de la prostitución ya que “no se puede obtener placer del sufrimiento de otro”. Así lo ha indicado Manuela Carmena durante la presentación de la Guía de recursos para periodistas. El abordaje de la prostitución y la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, a la que han asistido representantes de todos los grupos municipales a excepción del PP.

“Esto es un auténtico tema de educación, y yo por eso insisto mucho que es un tema de educación sentimental, sobre los sentimientos, porque que alguien obtenga placer del sufrimiento de otro ejemplifica un escasísimo desarrollo emocional”, ha explicado Carmena.

La alcaldesa de Madrid, que ha calificado de “muy útil y necesaria” la guía, ha señalado que esta “permite deambular por territorios que no se conocen”. “Todos usamos guías para conocer algo que no conocemos; esta guía servirá para conocer el fenómeno, que es ese acto de explotación individual”, ha explicado Carmena.

Así en la guía recomiendan cambiar algunas palabras: “prostituta”, “puta” o “meretriz” por “mujer en situación de prostitución, víctima de trata o de explotación sexual o mujer prostituida”; “cliente”, “usuario” o “consumidor” por “demandante de prostitución, prostituidor o putero” y “mercado del sexo”, “sexo comercial” o “sexo de pago” por “mercado prostibulario o explotación sexual”.

Doña Carmena tiene un deformado concepto de la realidad, o actúa movida por intereses políticos de corte populista y formas infantiles. Está bien el término “putero” en lenguaje coloquial, pero no me parece adeucado en labios de la regidora madrileña. Sin embargo, es más relevante el enfoque de la prostitución que lleva a cabo la exmagistrada; se trata de mujeres explotadas a las que hay que proteger, mientras condena a quien “obtiene placer del sufrimiento de otro”.

La edil olvida que la la mayoría de las meretrices no son explotadas, sino que ejercen el oficio más viejo del mundo de forma libre y consciente, por lo que no parece correcto calificar de sufrimiento su “actividad laboral”, o al menos, no más que la de un fontanero, un auxiliar de banca o un conductor de autobús. Aquellas mujeres que sí se encuentran bajo el inadmisible yugo de un proxeneta, precisan toda la ayuda posible, que viene, desde hace mucho tiempo, respaldada por una ley que considera delito esta actividad, pero no pena la prostitución.

Del mismo modo y si bien es cierto que algunas muchachas viajan engañadas, desde países del tercer mundo, a trabajar como chicas de alterne, lo más frecuente es que la mayoría de ellas sean perfectas conocedoras de su destino y, una vez alcanzado el sueño de pisar suelo europeo, busquen su beneficio “haciéndose las despistadas” después de haber viajado y entrado en el país con la influencia ilegal y el dinero de las mafias dedicadas a este sucio negocio.

En definitiva, ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan crueles; como reza el refrán, el más tonto hace relojes y creemos que mientras el proxenetismo debe ser perseguido y condenado -trata de blancas, explotación sexual- la libre relación íntima de pago por común acuerdo entre un cliente y una meretriz, no deja de ser contractural y libre entre los participantes, estando legalizada en esos países de Europa a los que Carmena desea parecerse, como es el caso de Bélgica o de Holanda. Como sostuvimos en este espacio desde hace varios años, no se puede terminar con la prostitución por decreto ley, sino a través de la educación que debemos infundir en las generaciones venideras. Y como decíamos ayer, tampoco se puede prohibir en nombre de la libertad; como el progresismo militante entiende que el sexo de pago, es sistemáticamente sinónimo de explotación sexual, se prohíbe y punto pelota. Democracia en estado puro.

2 Responses to “De Carmena y las putas”


  1. 1 José Sirgo 13,octubre,2016 en 1:23 pm

    Yo creo que es envidia, pero sobre todo porque COBRAN “EN NEGRO”!!!!!!😝😝😝😝😝😝😝😝😝😝😝

  2. 2 Alejandro Pumarino 15,octubre,2016 en 6:20 pm

    Y se me olvidó… “prostituidor” el que usa los servicios de una profesional del sexo… “mujer prostituida” cuando la mayoría de las meretrices ejercen por voluntad propia… En fin, una terminología rancia pero propia del progresismo militante, que en esta ocasión, por lo menos, no habla de “las putas y los putos”. Algo es algo.


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