La Pipa


La barandilla es de reciente aparición en el paisaje semiurbano de La Pipa, impide el acceso a la carbayera por la que andábamos en moto allá en los años setenta. Desde los bancos que se sitúan a la izquierda de la imagen, mirábamos las luces estridentes de “El Jardín”, antes de entrar, o de buscar pasajero femenino desvalido, que poder acercar al centro a eso de las diez menos cuarto de la noche, horario impensable por aquel entonces, cuando era obligado fichar entrada en el domicilio paterno antes de las diez en cualquier caso. Pocos años antes, acompañaba a mi madre, que recogía leche de una casería cercana, y también escuchaba la música de la sala de fiestas vecina, que me importaba bastante menos y que me encontraba lejos de entender.
Con el tiempo, vuelve uno a sus orígenes, y después de pasar más de veinte años sin subir a una moto, comprendí que era el momento de volver a hacerlo, o de resignarse uno a saber si existe un más allá que nos permita retomar la actividad en la otra vida. Con el fin de recuperar la sensación, me faltó tiempo para circular de nuevo por los caminos que había recorrido en mi juventud lejana, encontrándome una “Pipa” diferente; el bar con terraza está cerrado; al fondo se edificó un restaurante que conoció tiempos mejores y el edificio que alojaba la discoteca mantiene el silencio definitivo de un viejo cementerio abandonado. También es cierto que la cabalgadura es mejor y más grande, pero  sobre todo, que pasaron muchos años por la carbayera, la sala de fiestas, la casería que vendía la leche y más aún por la piel del jinete que peina más canas de las que desearía.

Quise hallar el olvido al estilo Jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar.

2 Responses to “La Pipa”


  1. 1 José Sirgo 19,octubre,2016 en 1:21 pm

    Aquí es donde más se notan esos meses que te saco………hay cosas que nombras, que para mí son de la segunda reforma. Yo soy del banco de madera a la entrada, que ocupaban “los mayores” (Miguelon Villaverde, el Roxón, etc..) todos ellos amigos de los hermanos. García Rendueles y que estábamos deseando ocupar cuando ellos se ausentaban. Yo no tenía moto, 😩😩😩😩😩 y bajaba en los autocares “a durín, a durin” y sentados sobre el techo, al aire, sin casco y nunca ha no no funciona accidente ni caida😊😊😊😊. Lo bueno era bajar andando con alguna chavalina, que además de tardar más, si te dejaba tomarla de la mano, llevabas un calambrazo que te recorría el cuerpo. Eso eran SENSACIONES FUERTES, las otras eran el Corales con bocadillo (no bocata) de tortilla o calamares y bailar canciones de Adamo debajo del arbolon. Ahhhhhh El Jardin……..

  2. 2 José Sirgo 19,octubre,2016 en 1:22 pm

    NOTA: una vez más, perdón por las pijadas del puro corrector!!!!!! Pero creo que se entiende…..


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