Moros y Corrida


Las instantáneas que ilustran nuestra entrada del día, recogen como eran las calles Moros y Corrida en el año 1.973. En aquel entonces jugaba Alejandro Pumarino en Begoña, y frente al Instituto Jovellanos, antes de intentar entrar en el cine Robledo (en la fotografía inferior) para los pases “mayores de catorce años”; Corrida no era peatonal, y se ve un “seiscientos” que no era nuevo siquiera entonces. Simago, “el pequeño” (abriría otro entre las calles Libertad y Donato Argüelles, de mayor envergadura), era un establecimiento considerable, que tenía entonces una escalera mecánica, única en la ciudad. La esquina de “Glendor” en la imagen superior, me traslada a otros tiempos en los que obsequiaban a los chiquillos de entonces que se vestían en ella, con unas pelotas amarillas, de mediano tamaño, que siempre envidió quien suscribe, cuyos padres no disponían de posibles para según qué establecimiento de la plaza. Empieza uno, decicidadamente, a ser excesivamente mayor.

 

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