Archive for the 'Fotografía' Category

¿Adivinan quienes son?

Sí, avezados y escasos lectores, seguro que conocen a la señorita de la imagen superior; es Penélope Cruz, hace algunos años, en una toma que evidencia la posibilidad de que cualquiera pueda llegar a pasear con estilo, belleza y elegancia por una alfombra roja; basta un poco de cirugía plástica, un bastante de Photoshop, la visita a un estomatólgo especializado en estética y media docena de lecciones sobre como lucir palmito sin morir en el intento. La de abajo es Julia Otero, aunque no lo parezca tampoco, y menos cuando la periodista lució sonrisa Profidén por diferentes medios, vendiendo su fichaje como el de un astro del deporte rey. Me lamaron la atención estas dos instantáneas entre otras muchas, publicadas en un medio digital. Por lo menos, parecen invitar a la reflexión, a esa que permite concluir que todos somos normales, salvo las imágenes de cartón piedra que vende la industria cinematográfica, capaz de ponerse en escena a sí misma, en un decorado más falso que el cartón piedra de sus películas.

De Gijón

Ya comentamos en este mismo espacio, que el edificio del Banco de Castilla era mcho más interesante que el actual bloque de granito que alberga desde un restanrante moderno a una entidad bancaria. En la instantánea que ilustra nuestra entrada de hoy, se ve también la calle Buen Suceso, sesenta años antes de convertirse en la “ruta de los vinos” en la que un adolescente Alejandro Pumarino tomaba sus primeros vinos (se servía alcohol desde los dieciséis legalmente en aquellos años), respetando La Taberna Gallega y el Corona, establecimientos habitualmente ocupados por gente de más edad, mucha menos de la que cuento hoy, desgraciadamente. La fotografía data de 1.910 y también llama la atención el kiosco de la época en la actual plazoleta de Florencio Rodríguez.

La muerte está enfrente

El pasado mes fue el aniversario del desembarco en Normandía y con tal motivo, la red “Flickr” publicó varios centenares de fotografías inéditas de diferentes orígenes correspondientes a aquella efeméride. La primera instantánea muestra la imagen del interior de una barcaza, antes de llegar a la entonces llamada playa de Omaha, donde la mayor parte de sus ocupantes encontrarían la muerte, la muerte siempre absurda de una guerra que, como todas, también lo fue.

No hace muchos años paseé por aquellas playas y me conmovió el silencio de sus cementerios, cuajados de cruces blancas, donde descansan para siempre los restos de jóvenes que no pudieron dejar de serlo por el capricho megalómano de los dirigentes, o por oscuros intereses económicos de quienes nunca mueren en los campos de batalla.

Andreíta

Entiendo la preocupación de la Sra. Esteban con relación al cumpleaños -hoy- de su hija, el decimoctavo, para ser precisos, lo que permite “despixelizar” sus antiguas instantáneas y retratarla, como en la imagen del día, de forma natural.

A la vista del resultado, le apetece a uno “pixelizar” de nuevo a la muchacha, y hacer otro tanto con su madre, aunque de eso, hace ya bastante tiempo, desde los últimos “retoques”. Quiero acordarme de Dª Belén, cuando su “affaire” con el torero la hizo popular, con una belleza juvenil, limpia, fresca, tan alejada del esperpento plástico estético que luce en la actualidad. La hija conserva el aspecto natural, por supuesto, pero -que quieren que les diga- es fea.

Begoña

Rebuscando en las fotografías de Gijón antiguo alguna instantánea en la que se viese el Café Begoña, antes café La Aurora, hacia los años sesenta, tiempo en que lo regentaba “Galache”, personaje irrepetible, encontré esta imagen, fechada en 1.925. Comprendí al verla, que ya entonces mis padres circulaban por las aceras de ese Gijón medio desierto, sin apenas automóviles, antes de la Guerra Civil -y de una Mundial- con la antigua fachada del Teatro Jovellanos que Alejandro Pumarino nunca llegó a conocer.

Mercedes

Junto al nuevo “Simago”, aunque hubiese abierto sus puertas bastantes años antes, tal era la referencia que tenía quien suscribe para uno de los restaurantes más emblemáticos de Gijón durante muchos años. Nunca entré. Estaba lejos de las posibilidades económicas de mi familia -y de las mías, por supuesto-, pero recuerdo la luz cálida del establecimiento en la primera hora de la noche, cuando regresaba al domicilio familiar, aún chiquillo, o algo más tarde, cuando caminábamos desde la entonces muy transitada, calle Buen Suceso.

Parchís

600, 127, 132, 124, números de los Seat que aparcan en el Parchís en aquellos lejanos años setenta, en los que Alejandro Pumarino todavía se encontraba con sus amigos en esta plaza o en la Plazuela, antes de subir a El Jardín, cita obligada de aquella juventud que duró demasiado poco.


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