Archive for the 'Fotografía' Category

Plaza del Marqués

La Plaza del Marqués en Gijón hacia 1.898, hace casi ciento veinte años, con la misma estatua de Pelayo, el viejo Palacio de Revilllagigedo, antes de que la fachada de la torre más próxima fuese destruida durante la Guerra Civil, la garita del guardia y un kiosco, que ya no existen. La parte trasera de un carro se deja ver en el borde derecho de la imagen, de aquellos se localizaba un buen número en las proximidades de la rula y duraron tanto tiempo que aún los guardo en el recuerdo de una niñez que está cada vez más lejana y más borrosa.

Alba Carrillo

Las dos instantáneas corresponden a la misma muchacha, eso sí, tras pasar por quirófano en la inferior, en la que se aprecian cambios sustanciales en los pómulos y en la nariz, especialmente, además de verse modificada la proporción del óvalo facial. Alba Carrillo resulta más atractiva, desde mi punto de vista, en la imagen superior, en la que, por cierto, guarda un extraordinario parecido con una excelente amiga mía, que seguramente leerá esta entrada. No siempre es bueno elegir la imagen como seña de identidad, sobre todo si la cambia uno artificialmente, aunque parece resultar imprescindible en el amarillismo de unos medios que muestran cualquier cosa, menos la triste realidad que suele esconderse tras bambalinas. Una pena. Me gusta más en la primera imagen, insisto.

Kristen Dunst

Las tres instantáneas de nuestra entrada de hoy se corresponden con la misma actriz, de origen sueco y alemán: Kristen Dunst, que saltó a la fama por su interpetación de la niña-licántropo en “Entrevista con el Vampiro” allá por el año 1.994, la fotografía del medio, siendo las otras dos imágenes, como se puede apreciar, bastante más recientes. Yo la recuerdo especialmente como la muchacha triste que se enamoraba de Spiderman, oculto bajo ese absurdo disfraz, hasta el inolvidable beso del callejón, en medio de la lluvia. Son esos momentos en los que la nostalgia me lleva a unos extremadamente alejados dieciséis años, en los que ya era Alejandro Pumarino, aunque todavía no lo supiese.

El Muro

Imagen de los años treinta, en la que se ve el Muro de San Lorenzo, en el que sobre la misma arena juegan los entonces chiquillos, que no pueden ver el actual barrio de La Arena, con el desacierto de los edificios creados durante el “boom” inmobiliario de los años sesenta. Al fondo a la derecha, la antigua Iglesia de San Pedro, ciertamente parecida a la edificada en la postguerra, y en el otro lado, las agujas de la Iglesia de San Lorenzo, desaparecidas en el conflicto bélico y que nunca fueron reconstruidas.

Moros y Corrida

Las instantáneas que ilustran nuestra entrada del día, recogen como eran las calles Moros y Corrida en el año 1.973. En aquel entonces jugaba Alejandro Pumarino en Begoña, y frente al Instituto Jovellanos, antes de intentar entrar en el cine Robledo (en la fotografía inferior) para los pases “mayores de catorce años”; Corrida no era peatonal, y se ve un “seiscientos” que no era nuevo siquiera entonces. Simago, “el pequeño” (abriría otro entre las calles Libertad y Donato Argüelles, de mayor envergadura), era un establecimiento considerable, que tenía entonces una escalera mecánica, única en la ciudad. La esquina de “Glendor” en la imagen superior, me traslada a otros tiempos en los que obsequiaban a los chiquillos de entonces que se vestían en ella, con unas pelotas amarillas, de mediano tamaño, que siempre envidió quien suscribe, cuyos padres no disponían de posibles para según qué establecimiento de la plaza. Empieza uno, decicidadamente, a ser excesivamente mayor.

 

La Acerona

La instantánea de hoy recoge una cola para subir al autobús en “La Acerona” allá por el año 1.966. En aquellos tiempos correteaba Alejandro Pumarino por la calle Calvo Sotelo, mientras autobuses urbanos, como el que se muestra en la fotografía, repostaban en el Garaje Sporting, esquina a la calle Caveda, con una vieja carpintería, casi toda al aire libre, se situaba en frente; también al raso, en la actual Manuel Llaneza, vendía su producto una carbonería, surtiendo las cocinas que echo de menos a día de hoy. Entonces, pasear hasta Palacio Valdés, a coger el antiguo Carreño (hoy FEVE) a Noreña, era toda una excursión para un chiquillo que empezaba a abrir los ojos al extraño y maravilloso mundo que nos rodea. Hoy, que han pasado tantos años, me evoca esta imagen los tiempos de mi infancia, muy especialmente por el anuncio de detergente Persil, que lleva el autobús urbano…

Muro

La instantánea, tomada de “Gijón Clásico”, muestra el Muro, aún en obras, en el tramo comprendido entre el puente del Piles y el Sanatorio Marítimo, que se ve al fondo. Se fecha en los años sesenta, lo que me parece bastante probable, pues recuerdo pasear con mis padres, siendo un niño, por la zona desprotegida de barandilla, lugar en el que nuestro valiente Pumarino, sentía miedo. Al fondo se adivina una colina de la Providencia significativamente menos edificada, como si la civilización urbana acabase en el edificio de los religiosos, visible en la imagen y cuando el barrio de la Arena era una colección de solares, en alguno de los cuales aún se cultivaban hortalizas. El mismo mar, la misma colina urbanizada, que me ven menos frecuentemente en este momento en el que empieza a costar trabajo llegar; cosas del inexorable paso del tiempo por una anatomía que se ve maltrecha poco a poco.