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Gijón

Esta fotografía aérea de Gijón, recoge el estado dde la ciudad prácticamente desde la Plaza de Toros hasta Los Campos, donde aún perduraba el cine del mismo nombre. La imagen data de 1.941, de modo que aún faltaba tiempo para que Alejandro Pumarino pasease las calles de la villa, pero quien suscribe recuerda, en su infancia, alguno de esos edificios, especialmente la marmolería Gargallo. Cuando llegaba caminando hasta allí, tenía la sensación infantil de estar fuera de mi ciudad, de haber andado media vida, y no hubiese llegado aún a los desaparecidos cines en los que disfruté películas de mi adolescencia.

Calle Trinidad

La confitería la Marina, en la calle Trinidad, se encontraba, según decía mi padre, en la esquina más fría y ventosa de este Gijón del alma. No le faltaba razón al pobre hombre, que se fue a conocer a Dios bastante antes de tiempo, y especialmente porque me llevó a una antigua academia de idiomas que se encontraba justo en frente, y hubo muchos días en que acudía a buscarme al fin de las clases. El pie de la imagen recoge el año 1.967; es probable que sea así; recuerdo las latas de leche de entonces y también guardo memoria de que ya entonces, con siete años de edad, acudía a recibir lecciones de idiomas. Y es que uno no tuvo prácticamente, ni infancia.

Seguimos con imágenes…

Quince años separan estas dos imágenes, en las que la frescura de la inocencia infantil deja lugar a la de un joven adulto en el difícil mundo cinematográfico. La educación de Howarts era exquisita, dentro de lo que cabe, y echa uno de menos la formación británica, entre corbatas minúsculas y gente que se trata de usted con diez años; tal vez en el fondo, eran más felices de lo que consiguen serlo ahora, rodeados de tablets y otros dispositivos que facilitan la incomunicación más que lo contrario.

Sigue de fotografías…

Ni se lo imaginan… La mujer que ocupa el lado izquierdo de la pantalla se encuentra “cosificada” según la izquierda progresista, la misma que pretende eliminar las atractivas azafatas del Gran Premio de Jerez, pero no así la Sra. Gil, deprimida -está de baja laboral por este tipo de trastorno-, que luce sus encantos de modo más elegante y discreto que su compañera de imagen. ¿La razón?. Simple. Dª Gema es progresista, forma parte de los conspicuos podemitas y, por tanto, está libre de cualquier acto que suponga vejación, “cosificación”, denigración o abuso, tocada por la vara mágica del compromiso, la paridad y la solidaridad. Así que ya sabemos: Si quiere vd. ver pornografía, Amanda Miller, lo demás es machismo en estado puro; las películas de esta actriz son similares, pero su filiación política es morada; y para admirar mujeres desnudas, que lleva publicando Interviú cuarenta años, la revista en cuestión y solo si ideológicamente se alinean con la dama que ilustra nuestras dos últimas entradas.

Gema Gil

Pasó a formar parte del equipo de Pablo Iglesias en su congreso de Vistalegre II y se autodefine como una espartana, luchadora, defensora de los derechos inalienables de los trabajadores, especialmente los empleados de Coca Cola que, como su marido, perdieron su puesto; por su parte, poco tiempo después de iniciar tan encarnizada defensa de algunas prerrogativas laborales, nuestra espartana trabajadora pasó a situación de incapacidad laboral transitoria con el diagnóstico de depresión, desorden mental en el que se ve sumida como consecuencia de su implicación y de sus esfuerzos.

Lo malo es que sigue en la misma situación laboral un año más tarde, en el momento de dispararse la instantánea que ilustra la entrada de hoy. No soy Psiquiatra, pero la “facies” no orienta hacia el diagnóstico de un cuadro depresivo. Viva Podemos.

El Muro (otra vez)

Casi cincuenta años más tarde se disparó esta instantánea, concretamente desde el Hotel Asturias y en 1.973. El aspecto del Muro no es sustancialmente diferente del que presenta a día de hoy, cometida ya la barbaridad urbanística que supuso la proximidad de edificios excesivamente altos e inestéticos a la misma playa, aunque llaman la atención las “setas” que iluminaban la avenida y el paseo. La Escalerona llevaba décadas construida y el aspecto del Campo Valdés sí es distinto a como se conoce hoy en día. En aquellos años cursaba Pumarino su bachiller en el Instituto de Jovellanos, que ya no estaba en la calle del mismo nombre, sino en la Avenida entonces llamada, de Fernández Ladreda, en la que se alineaban los estudiantes universitarios haciendo “auto-stop” hacia la capital del Principado; no tardaría quien suscribe en seguirlos, si bien entonces nos colocábamo sn Sanz Crespo, la reciente entrada a la autopista que existe aún a día de hoy.

La Escalerona

En el año 1.928 no se había construido la Escalerona, carros de bueyes circulaban por el Muro y la gente caminaba con “madreñes” sobre un firme penosamente urbanizado. Faltaban años para que viese la luz Alejandro Pumarino, aunque sus progenitores ya pululaban por este mundo, que cambió más en los últimos cincuenta años que en todo un milenio. Muchas veces me apetecería sumergirme en aquel Gijón antiguo para recorrer las calles que aún no existían y los edificios que ya no están; la perspectiva viene dada por los años, para los que una vida es insultantemente corta.