Archive for the 'Fotografía' Category

La Acerona

La instantánea de hoy recoge una cola para subir al autobús en “La Acerona” allá por el año 1.966. En aquellos tiempos correteaba Alejandro Pumarino por la calle Calvo Sotelo, mientras autobuses urbanos, como el que se muestra en la fotografía, repostaban en el Garaje Sporting, esquina a la calle Caveda, con una vieja carpintería, casi toda al aire libre, se situaba en frente; también al raso, en la actual Manuel Llaneza, vendía su producto una carbonería, surtiendo las cocinas que echo de menos a día de hoy. Entonces, pasear hasta Palacio Valdés, a coger el antiguo Carreño (hoy FEVE) a Noreña, era toda una excursión para un chiquillo que empezaba a abrir los ojos al extraño y maravilloso mundo que nos rodea. Hoy, que han pasado tantos años, me evoca esta imagen los tiempos de mi infancia, muy especialmente por el anuncio de detergente Persil, que lleva el autobús urbano…

Muro

La instantánea, tomada de “Gijón Clásico”, muestra el Muro, aún en obras, en el tramo comprendido entre el puente del Piles y el Sanatorio Marítimo, que se ve al fondo. Se fecha en los años sesenta, lo que me parece bastante probable, pues recuerdo pasear con mis padres, siendo un niño, por la zona desprotegida de barandilla, lugar en el que nuestro valiente Pumarino, sentía miedo. Al fondo se adivina una colina de la Providencia significativamente menos edificada, como si la civilización urbana acabase en el edificio de los religiosos, visible en la imagen y cuando el barrio de la Arena era una colección de solares, en alguno de los cuales aún se cultivaban hortalizas. El mismo mar, la misma colina urbanizada, que me ven menos frecuentemente en este momento en el que empieza a costar trabajo llegar; cosas del inexorable paso del tiempo por una anatomía que se ve maltrecha poco a poco.

Gijón

La imagen recoge un plano de Gijón que parece datar del año 1.914. Sorprende el reducido tamaño de nuestra villa hace apenas cien años, con un Paseo de Begoña que representaba, prácticamente, el fin de la civilización urbana y un barrio de la Arena inexistente; aún quien suscribe recuerda desiertos los solares que ocupan hoy inmuebles de gusto más que dudoso con la cuestionable ventaja de situarse cerca del mar. En aquellos años era otra la Iglesia de San Pedro; por spuesto, faltaban el Llano, Calzada, Pumarin, Montevil, Nuevo Gijón, Moreda y tantos crecimientos y ensanches que fue teniendo la patria chica de Jovellanos a lo largo de un centenario. Cuando se elaboró este plano, se había hunido el Titanic apenas dos años antes y estallaba la Primera Guerra Mundial; faltaban décadas para que la penicilina fuese descubierta y cualquier infección era potencialmente capaz de segar una vida humana sin excesivos miramientos. En aquel tiempo se crecía deprisa, sin demasiados proteccionismos, y los chiquillos jugaban en las aceras poco antes de convertirse en adultos precoces, de forma tan diferente a nuestros jóvenes, que precisan asociaciones parentales mientras cursan estudios universitarios. Uno, que busca siempre dejar algo mejor a las generaciones venideras, se cuestiona con frecuencia si es acertado el camino elegido, o si estamos debilitando las posibilidades en un futuro no inmediato. Miro las fotografías de ese Gijón antiguo, que no llegué a conocer, y siento cierta nostalgia de aquello no sucedido -al menos para mi- cuando la cultura del esfuerzo y el sacrificio primaba sobre la reivindicación de supuestos derechos o privilegios, muchas veces, inmerecidos.

San Agustín

Arquitectónicamente no encuentro más interesante el edificio actual que ocupa el Mercado de San Agustín, que el edificado durante el régimen franquista, cuyos sótanos estaban ocupados por el CAT, un supermercado que, entonces, me parecía de gran tamaño. La fotografía data, según la fuente, de los años sesenta, aunque por el modelo de automóvil aparcado a la derecha y la versión de la “Vespa” un poco más a la izuqierda, podría ser un poco anterior. En el edificio de la calle San Agustín, tendría Alejandro Pumarino, años después, su primer despacho y a la derecha del antiguo automóvil negro, tiene, en la actualidad, el lugar de descanso en el olvido de esos paraisos donde -cantaba Fito- se bebe sin sed.

Casa de Socorro


La imagen recoge la antigua Casa de Socorro, en la Carretera de la Costa (entonces General Mola), hacia el año 1.970, mucho antes de edificarse el actual inmueble, que aloja una cafetería en los bajos que se ven en la fotografía. Fui cliente por vez primera del establecimiento allá por el año 1.975, después de un accidente de motocicleta, de carácter leve, afortunadamente, pero que me impidió caminar durante una semanas. En la calle Enrique Martínez estará años después el garaje donde guardaba el vehículo, justo frente al Rincón de Deli, local magníficamente gestionado por Salvador, que hacía unas extraordinarias tortillas de bacalao y freía huevos con patatas a buen precio. Recordaba entonces, cerca del chigre, la figura del policía municipal que montaba guardia frente al botiquín, y el garaje contiguo cuyo contenido lo pierdo en el tiempo de forma imprecisa, con esos defectos de memoria que tristemente, empiezan a ser cosa de la edad.

Kaiane Aldorino

Tal es el nombre de la flamante alcaldesa de Gibraltar, cuya gestión mes es desconocida, pero que, al menos en el aspecto, no es comparable a nuestra antigua edil -ni a la actual- a quien guardo un eterno agradecimiento y profeso profunda admiración. Pero la imagen es lo que es, qué duda cabe, y la edil británica es un ejemplo a seguir difícil de igualar, por lo menos entre los ciudadanos varones heterosexuales, que parecemos encontrarnos en franca decadencia. Dicen por ahí que son famosos los monos de la roca, pero aún desde el punto de vista biológico y hablando de simios, entre los de nuestra especie, el ejemplar cuyas fotos ilustran la entrada de hoy, merece un capítulo aparte. Que la disfruten… en foto, naturalmente.

Calle Trinidad

La instantánea recoge la imagen de la calle Trinidad en la procesión del Corpus de 1.985. Más tarde encontraríamos en la calle el museo Barjola, el restaurante Calixto con su célebre merluza a la cazuela, al otro lado nacerían el Astrolabio, una edición temporal del Tívoli Club, la actual pizzeria y una larga colección de etcéteras.

Me entretiene profundizar en la imagen, la gente, la moda; los niños y quienes no lo son tanto, en ese día festivo en que acompañó -cosa infrecuente- el buen tiempo. Y después me paro a pensar que todos, todos y cada uno de los individuos de la fotografía, están ya muertos, y hace bastantes años. Otros pasearán por nuevos Astrolabios y pizzerías y ocuparan el sitio en el que nos toca vivir, de prestado, como siempre, a nosotros mismos. Que nos esperen, estén donde estén, el mayor tiempo posible.


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