Archive for the 'Historia' Category

De banderas

Parece ser que se pide la dimisión de un condejal sevillano por el “Tweet” anterior, en el que defendía la bandera preconstitucional -o franquista- en los términos perfectamente legibles en la imagen que ilustra nuestra entrada de hoy.

No cuestiono las solicitudes, seguramente razonadas y razonables, de conspicuos progresistas -y no tanto- sobre la dimisión del edil sevillano, pero ello me obliga a preguntarme, ¿cuantas dimisiones de concejales, alcaldes, diputados y otros cargos políticos de distintas formaciones deberíamos pedir por haber ondeado la bandera republicana, igualmente preconsitucional e ilegal?.

Tal vez no falte quien me recuerde que la tricolor evoca un tiempo mejor que los cuarenta años de dictadura franquista, y tiene razón en parte. Efectivamente, tras el golpe militar es cierto que se produjeron detenciones -y asesinatos- por cuestiones políticas, tan verdadero como que resurgió la economía, se creó la Seguridad social (muchos piensan que fue obra del Sr. González, pero el andaluz, que mejoró mucho la institución, ya la encontró inventada y funcionando), nacieron las pensiones no contributivas (tampoco fueron obra del socialismo, que se limitó a actualizar el reglamento, mendiante una pésima traducción de las tablas americanas para la determinación del grado de discapacidad en 1.984, en las que ni siquiera los socialistas se molestaron en pasar las medidas de pulgadas a centímetros, está ahí para que lo lean ustedes) y se universalizó la educación en todos los ámbitos sociales. Y no es menos cierto que la Segunda República fue corrupta, facilitó intrigas y crímenes y no resultó  modelo político ni para España ni para nadie.

Y, vamos a recordrlo, actualmente España tiene una bandera bicolor, con un origen muy anterior al franquismo, aunque parece que haya gente a la que se le ha olvidado, y que lucen, como el Sr. Puigdemont, la enseña aragonesa, de la que se apropiaron los catalanes, que nunca fueron reino, a diferencia de los maños.

En fin que uno, en su ignorancia, entiende el motivo por el que a nuestros actuales dirigentes les ineresa la ignorancia en la población: La manipulación y el maniqueísmo, a la orden del día, resultan extremadamente más sencillos.

Y como colofón: Sepan vds., queridos y escasos lectores, que Alejandro Pumarino “pasa” ampliamente de banderas, grímpolas y gallardetes.

Moros y Corrida

Las instantáneas que ilustran nuestra entrada del día, recogen como eran las calles Moros y Corrida en el año 1.973. En aquel entonces jugaba Alejandro Pumarino en Begoña, y frente al Instituto Jovellanos, antes de intentar entrar en el cine Robledo (en la fotografía inferior) para los pases “mayores de catorce años”; Corrida no era peatonal, y se ve un “seiscientos” que no era nuevo siquiera entonces. Simago, “el pequeño” (abriría otro entre las calles Libertad y Donato Argüelles, de mayor envergadura), era un establecimiento considerable, que tenía entonces una escalera mecánica, única en la ciudad. La esquina de “Glendor” en la imagen superior, me traslada a otros tiempos en los que obsequiaban a los chiquillos de entonces que se vestían en ella, con unas pelotas amarillas, de mediano tamaño, que siempre envidió quien suscribe, cuyos padres no disponían de posibles para según qué establecimiento de la plaza. Empieza uno, decicidadamente, a ser excesivamente mayor.

 

Venezuela

Desnudo, frente a una tanqueta, con un libro en la mano y los brazos extendidos en señal de paz, este manifestante venezolano soportó una descarga de perdigones en su espalda mientras trataba de ejercer un derecho alienado en Venezuela, como tantos otros, y todo ello sin que nuestros amigos podemitas hiciesen un solo comentario. Son veintiséis los muertos en el país latinoamericano, como consecuencia de la represión policial; en caso de haberse producido en España u otro país de nuestro entorno, especialmente si no se encuentra gobernado por algún correligionario de extrema izquierda, las voces podemitas hubieran tenido eco local e internacional. Cuando dos terroristas islamistas fueron abatidos en Londres, la entonces primera ministra, la Sra. Tatcher, intrrogada en el parlamento afirmó ser ella quien había disparado, asumiendo la responsabilidad de lo sucedido. ¿Es Maduro quien lo hizo en este caso?. Seguro que no, el conductor de autobús reconvertido a presidente dijo que la imagen era patética, y que lo sería más si se le cayese una pastilla de jabón. Sin comentarios.

Fleming

El día 18 de Septiuembre de 1.955 Gijón inauguraba el primer monumento a Fleming en todo el mundo. Descubrir el primero de los antibióticos fue un balón de oxígeno para nuestra especie, que se vio diezmada por infecciones y pandemias que asolaron Europa durante siglos. El monumento en cuestión, duerme un dulce olvido en el Parque de Isabel la Católica, pasando con más pena que gloria por la histora de muchos jóvenes gijoneses que, imagino, desconocen hasta su existencia.

No es frecuente que seamos los primeros en casi nada, y menos aún en loar a un científico que revolucionó el tratamiento de las enfermedades infecciosas desde la segunda mitad del pasado siglo, pero con la indiferencia propia de quien lo ha visto todo, olvidamos la efeméride casi con tanta facilidad como al científico, cuya viuda acudió a la inauguración que recoge la instantánea que ilustra nuestra entrada de hoy. Posiblemente, algunos de nuestros jóvenes, esos que llenan las generaciones venideras, ni siquiera contesten correctamente a la pregunta de quien era el individuo cuya memoria se honra en el busto gijonés, pero conocerán al detalle las entradas y salidas de la casa en Gran Hermano edición veintiocho o treinta y cuatro, que tanto da. Total, en caso de tener una amigdalitis, la Amoxicilina se encuentra en la farmacia de al lado. Da igual de donde venga.

El presente franquista de la Semana Santa

La instantánea que ilustra la entrada de hoy, muestra la imagen del general Queipo de Llano al frente de una cofradía sevillana en la postguerra inmediata. El título de la entrada es el que el diario “Público” colocó sobre la fotografía.

Entiendo la necesidad que tiene el progresismo militante, de resucitar al antiguo dictador a cada paso; que Franco lleve cuarenta y dos años muerto, parece carecer de toda relevancia, especialmente si sigue presente, como indica el medio, el la Semana Santa sevillana.

Más allá de creencias, costumbres, fe o tradición, la Semana Santa en numerosas ciudades españolas, es un espectáculo único e irrepetible, que atrael decenas de miles de turistas y de curiosos. Que la religión despierte la curiosidad, incluso entre agnósticos, ateos o creyentes de otras confesiones es tan frecuente como razonable, y resulta absolutamente normal encontrar turistas en la catedral de Burgos, la Mezquita de Córdoba, el Taj Mahal o admirando los Budas tailandeses. Por otro lado, España estuvo sometida a una dictadura militar entre 1.939 y 1.975, con lo que la presencia del ejército en eventos sociales no debería sorprender a nadie y menos a los pseudoprogresistas que -como fue el caso del PSOE- apoyó primero el régimen del general Primo de Rivera y después guardó un silencio conveniente -y tal vez connivente- durante buena parte del régimen franquista.

En definitiva, desde este medio queremos ilustrar a los articulistas de “Público” que Franco lleva cuarenta y dos años fallecido, que su régimen -afortunadamente- es historia y que debe existir escasez de recursos y de noticias para precisar la resurección del dictador cada dos por tres, para calificar la Semana Santa o tildar de franquista a quien manifieste disidencia con el pensamiento políticamente correcto encarnado en la línea editorial del diario.

Gijón

La imagen recoge un plano de Gijón que parece datar del año 1.914. Sorprende el reducido tamaño de nuestra villa hace apenas cien años, con un Paseo de Begoña que representaba, prácticamente, el fin de la civilización urbana y un barrio de la Arena inexistente; aún quien suscribe recuerda desiertos los solares que ocupan hoy inmuebles de gusto más que dudoso con la cuestionable ventaja de situarse cerca del mar. En aquellos años era otra la Iglesia de San Pedro; por spuesto, faltaban el Llano, Calzada, Pumarin, Montevil, Nuevo Gijón, Moreda y tantos crecimientos y ensanches que fue teniendo la patria chica de Jovellanos a lo largo de un centenario. Cuando se elaboró este plano, se había hunido el Titanic apenas dos años antes y estallaba la Primera Guerra Mundial; faltaban décadas para que la penicilina fuese descubierta y cualquier infección era potencialmente capaz de segar una vida humana sin excesivos miramientos. En aquel tiempo se crecía deprisa, sin demasiados proteccionismos, y los chiquillos jugaban en las aceras poco antes de convertirse en adultos precoces, de forma tan diferente a nuestros jóvenes, que precisan asociaciones parentales mientras cursan estudios universitarios. Uno, que busca siempre dejar algo mejor a las generaciones venideras, se cuestiona con frecuencia si es acertado el camino elegido, o si estamos debilitando las posibilidades en un futuro no inmediato. Miro las fotografías de ese Gijón antiguo, que no llegué a conocer, y siento cierta nostalgia de aquello no sucedido -al menos para mi- cuando la cultura del esfuerzo y el sacrificio primaba sobre la reivindicación de supuestos derechos o privilegios, muchas veces, inmerecidos.

San Agustín

Arquitectónicamente no encuentro más interesante el edificio actual que ocupa el Mercado de San Agustín, que el edificado durante el régimen franquista, cuyos sótanos estaban ocupados por el CAT, un supermercado que, entonces, me parecía de gran tamaño. La fotografía data, según la fuente, de los años sesenta, aunque por el modelo de automóvil aparcado a la derecha y la versión de la “Vespa” un poco más a la izuqierda, podría ser un poco anterior. En el edificio de la calle San Agustín, tendría Alejandro Pumarino, años después, su primer despacho y a la derecha del antiguo automóvil negro, tiene, en la actualidad, el lugar de descanso en el olvido de esos paraisos donde -cantaba Fito- se bebe sin sed.