Archive for the 'Historia' Category

Casa Marcelo

Los inmuebles junto al antiguo restaurante apenas se han visto modificados en los cincuenta años que tiene la fotografía. Casa Marcelo tenía la fama de los mejores calamares de Gijón, y se cuenta por ahí, que su secreto residía en cierta “maceración” del producto previa a su procesado, que se dice ahora. Creo que la instantánea es de 1.957, faltando poco tiempo para que Alejandro Pumarino fuese otro ciudadano de este Gijón del alma.

Calvo Sotelo

Tal era el nombre de la calle gijonesa en la que vivió Alejandro Pumarino los primeros años de su vida; en una entrada lejana, lejana en el tiempo, quiero decir; recordaba aquellos años en los que compartíamos juegos en las aceras esos niños, que ahora empiezan a ser algo más que adultos. Pocas instantáneas existen de aquel viejo edificio, en la esquina con la calle Caveda, donde una carpintería ocupaba unos bajos y La Luarquesa era una zapatería de arreglos artesanales en la que dos hermanos se sentaban largas horas uno frente a otro, claveteando tacones y pegando suelas. La imagen no sé en que año fue tomada, tampoco había referencia en la página; por los edificios puede ser hacia el año setenta del pasado siglo, cuando caminaba diariamente más de la mitad de la avenida hacia el instituo Jovellanos, donde cursé aquel antiguo bachillerato de siete años, antes de terminar los tiempos felices que me llevarían a continuar mi formación en Oviedo.

Covadonga

Faltaban cuarenta años para que Alejandro Pumarino viese la luz por primera vez en su vida; ahora, casi sesenta años desde entonces y un siglo desde la imagen, siguen presentes los edificios de la derecha, al menos algunos; ha cambiado la esquina de Cabrales con Covadonga y el tramo desde esta intersección hasta la Plazuela de San Miguel es absolutamente irreconocible, como las dos agujas de la Iglesia de San Lorenzo, que desaparecerían con la guerra civil. A ratos apetecería volver a este Gijón de primeros del siglo pasado, de calzadas sin asfaltar, sin móviles, sin televisión, cuando la vida discurría lenta y pausada, como la tierna indiferencia de un Meursault que aceptaba su destino del mismo modo.

Ni Valle ni Almudena

Podemos convoca una manifestación en la Almudena contra la sepultura del dictador, negando la conveniencia de que siga en el Valle de los Caídos, pero también la de su traslado la Almudena. La opinión de Alejandro Pumarino es sobradamente conocida: Ni Suárez, González, Aznar, Zapatero o Rajoy instaron la exhumación del dictador, mientras el único presidente que gobierna tras una moción de censura y sin pasar por las urnas, ha convertido la propuesta en el buque insignia de su gestión. El apoyo de los morados, imprescindible para que progresase en su día el asalto a la Moncloa, se traduce también en otras expresiones cosméticas, como la manifestación de la que trata nuestra entrada del día. Se conoce que la gente, en general, tiene otras prioridades distintas a las de expresar su descontento social o político durante su tiempo libre; por estos pagos del norte, preferiríamos ir a tomar una botella de sidra a hacer bulto en beneficio del interés personal de nuestros próceres progresistas. Así deben opinar también en otros pagos de nuestra geografía, pues la propuesta “NiValleniAlmudena” apenas consiguió reunir a doscientas personas. Buen motivo para reflexionar sobre lo que en verdad interesa a los españoles, que no parece ser el lugar que ocupa la momia de aquel gallego bajito, de voz atiplada, que gobernó España durante cuarenta años, sobre la que ahora quieren reescribir la historia quienes la ignoran o quien pretende cambiar el curso de los hechos.

Valle de los Caídos (II)

El monumento no fue construido a mayor gloria del antiguo dictador, ni tampoco para ser su última morada, decíamos ayer que Franco había adquirido un panteón a tal efecto en el madrileño cementerio de El Pardo. Fue descrito, por parte de algún progresista, como una obra faraónica a mayor gloria del dictador y del régimen, siendo así que se trabajaba de forma casi inhumana y ocasionando la muerte a numerosos obreros.

La realidad es que apenas fallecieron dieciocho personas en la construcción de la obra, y que los trabajadores -algunos de ellos reclusos políticos- buscaban la redención de la pena y el sueldo en un trabajo remunerado.

En la construcción de las instalaciones para el campeonato mundial de fútbol de Qatar, han fallecido unas mil doscientas personas. Qatar queda lejos, y entre los muertos no se cuentan republicanos bondadosos oprimidos durante generaciones por parte de un régimen desaparecido hace más de cuarenta años. Hasta los cadáveres pueden ser muy diferentes.

Valle de los Caídos (I)

Se habla mucho estas últimas semanas del Valle de los Caídos, se especula, por parte de conspicuos podemitas, la posibilidad de derruir la cruz gigante de dicho monumento.

El Cid Campeador fue un mercenario que vendió su espada a musulmanes y cristianos, alineándose según su propia conveniencia, en bandos opuestos entre sí; luchó en su propio beneficio y adquirió su merecida fama por matar semejantes con más eficacia que otros de sus coetáneos. Tiene una estatua ecuestre en Burgos, en un emblemático emplazamiento de la capital castellana.

Conocedores de la verdadera historia de Rodrigo Díaz de Vivar, ¿merece que sea destruida su efigie?. ¿Es justo y democrático elevar a un mercenario cruel a la categoría de héroe y que disponga de calles y plazas a todo lo largo de la geografía española?

La tumba del dictador fue emplazada en su localización actual pese a que él no pareciese tener tal deseo, pues había adquirido un panteón en el cementerio de El Pardo para albergar sus restos y los de sus familiares. La actitud infantil del progresismo militante está consiguiendo que el fallecido general sea nuevamente noticia -más de cuarenta años después de su muerte- y que termine enterrado en el centro de Madrid, en la catedral de la Almudena.

Pecio

La instantánea que ilustra la entrada del día se corresponde con el pecio de una embarcación griega de unos dos mil cuatrocientos años. Eso significa que estaba en el fondo del Mediterráneo cuando Jesucristo vino a este mundo, siguió inmóvil cuando cayó el imperio romano, atravesó la edad media y conoció batallas navales modernas sobre su esqueleto de madera y clavos. Estremece comprobar la brevedad de la vida y el paso del tiempo, inexorable, hacia nuestro propio e inevitable fin.


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