Archive for the 'Viajes' Category

Furadouro

Furadouro, Semana Santa hace diez años.

Monforte de Lemos

El pueblo de referencia, hace más de una década.

Cuenca

Así era el parador nacional de Cuenca hace algo más de diecisiete años, cuando las cámaras digitales estaban en sus albores, habiéndose utilizado para la instantánea adjunta, una Mavica de Sony con una resolución que causaría hilaridad a día de hoy.

Mediterráneo

Everest

George Mallory desapareció, junto a su compañero de cordada, a más de ocho mil metros sobre el nivel del mar, en la cara noreste el Everest; se ignora si llegó a hacer cumbre, en cuyo caso se habría adelantado en unos 27 años al Sr. Hillary, que ostenta el record. Su cadáver, descubierto 75 años tras su desaparición, es uno de los que guían esta suerte de turismo tan peligroso como macabro.

David Sharp llegó cansado y se detuvo, se detuvo para siempre quiero decir, porque quienes pasaron delante suyo fueron incapaces de socorrerle, allá por el año 2.005, ejemplo de la caridad cristiana -mayoría entre los montañeros occidentales que frecuentan tales pagos- de quien se preocupa más de su propio ombligo o de alcanzar la cima, que de salvar la vida de un semejante que se congela a pocos metros de la cumbre. A día de hoy sigue pasando el personal por delante de este espectador eterno, que estaba un poc más cerca del cielo cuando se fue a conocer a Dios.

Tsewang Pajlor es el nombre del alpinista que yace para siempre a la entrada de una cueva a la que dio nombre su apodo, Green Boots (botas verdes), en la que permanece sentado David Sharp, de quien comentábamos más arriba las circunstacnias de su muerte. La temperatura permite que ninguno de los dos cuerpos sufra la descomposición habitual en lugares de temperaturas más agradables.

En fin, la ruta hacia la cumbre más alta del mundo está sembrada de cadáveres, pero también de miseria humana, de egoísmo por el simple prurito de alcanzar la cima más alta del planeta. Hace bueno el dicho de que a las cumbres más altas solo llegan las águilas y las serpientes. Descansen en paz.

Harmony of the Seas

Aunque en Vigo y Málaga la visita del Harmony of the Seas ha sido muy bien recibida, no ha ocurrido lo mismo en Barcelona. Según los cálculos de la compañía, sus pasajeros se han gastado unos 700.000 euros de media en el tiempo de estancia entre Vigo y Málaga. En Barcelona, la inversión va a ser aún mayor, ya que el crucero establecerá en su puerto su base, pero la inyección de capital que pueda proporcionar este buque parece no ser suficiente para agradar ni a su alcaldesa ni a algunos de sus vecinos“.

Los ecologistas lo consideran un terror del mar por lo mucho que contamina las aguas del Meditérráneo, o del mar por el que navegue este coloso; se conoce que el buque empleado por Greenpeace en el acoso a otras eambarcaciones quema leña o carbón, como en los viejos tiempos, y que estos combustibles resultan menos contam inantes. La alcaldesa Colau, por su parte, encuentra poco idónea la clase de turismo que llega a la ciudad condal y valora establecer una nueva tasa para los visitantes; debe ser que los actuales turistas no reunen las condiciones deseadas por nuestra edil más progresista, ansiosa por ver como horas de “rastafaris” invaden las calles de Barcelona. ¿O no?.

En esta Asturias olvidada de la administración central, ninguneada por sus propios representantes, más ocupados en los movimientos de sus sillones que en los problemas de esta ciudadanía menguante, recibiríamos encantados este paquebota, con seis mil turistas a bordo; sería un placer ofrecerles sidra y fabada, relanzar la gastronomía clásica -y moderna- de la región y jamás se nos ocurriría pedirles una tasa suplementaria por su visita a nuestra región. Una pena que el clima no acompañe.

 

Cabo Touriñán

Cerca de Muxía, constituye verdaderamente la parte más septentrional de Galicia, al menos más que Finisterre, que debería serlo. El faro es famoso y merece la pena visitarlo. La vista, desde lejos, ya traslada al viajero unas cuantas décadas atrás, en un paraje en el que el tiempo parece haberse detenido, con la inestimable ayuda del carácter gallego y las puestas de sol, en las que el astro rey se pierde en el horizonte del Atlántico. Algún día, Alejandro Pumarino volverá a intentar obtener una instantánea tan hermosa como la que ilustra nuestra entrada de hoy