Posts Tagged 'Alejandro Pumarino'

De Gijón

Ya comentamos en este mismo espacio, que el edificio del Banco de Castilla era mcho más interesante que el actual bloque de granito que alberga desde un restanrante moderno a una entidad bancaria. En la instantánea que ilustra nuestra entrada de hoy, se ve también la calle Buen Suceso, sesenta años antes de convertirse en la “ruta de los vinos” en la que un adolescente Alejandro Pumarino tomaba sus primeros vinos (se servía alcohol desde los dieciséis legalmente en aquellos años), respetando La Taberna Gallega y el Corona, establecimientos habitualmente ocupados por gente de más edad, mucha menos de la que cuento hoy, desgraciadamente. La fotografía data de 1.910 y también llama la atención el kiosco de la época en la actual plazoleta de Florencio Rodríguez.

Begoña

Rebuscando en las fotografías de Gijón antiguo alguna instantánea en la que se viese el Café Begoña, antes café La Aurora, hacia los años sesenta, tiempo en que lo regentaba “Galache”, personaje irrepetible, encontré esta imagen, fechada en 1.925. Comprendí al verla, que ya entonces mis padres circulaban por las aceras de ese Gijón medio desierto, sin apenas automóviles, antes de la Guerra Civil -y de una Mundial- con la antigua fachada del Teatro Jovellanos que Alejandro Pumarino nunca llegó a conocer.

Mercedes

Junto al nuevo “Simago”, aunque hubiese abierto sus puertas bastantes años antes, tal era la referencia que tenía quien suscribe para uno de los restaurantes más emblemáticos de Gijón durante muchos años. Nunca entré. Estaba lejos de las posibilidades económicas de mi familia -y de las mías, por supuesto-, pero recuerdo la luz cálida del establecimiento en la primera hora de la noche, cuando regresaba al domicilio familiar, aún chiquillo, o algo más tarde, cuando caminábamos desde la entonces muy transitada, calle Buen Suceso.

Parchís

600, 127, 132, 124, números de los Seat que aparcan en el Parchís en aquellos lejanos años setenta, en los que Alejandro Pumarino todavía se encontraba con sus amigos en esta plaza o en la Plazuela, antes de subir a El Jardín, cita obligada de aquella juventud que duró demasiado poco.

Código canónico

La instantánea que ilustra la entrada del día, se corresponde con la imagen del Sr. Monedero, estilo hombre Martini, sin el vaso naturalmente, con gafas de sol -además lleva bermudas- y camiseta sin mangas, en pose veraniega promocionando la “Universidad Podemos” de Granada.

Me sacó de un error. En mi ignorancia, pensé que el término “universidad” procede de “universal”, lo que supone un amplio conocimiento de las cosas y un punto de vista plural, independiente de la ideología que cada uno profese; no tengo la sensación de que tales sean las características de la formación educativa promovida por los morados que, las más de las veces, se asemeja más a un adoctrinamiento extremadamente sectario, que a una visión global y prudente de la sociedad actual y los problemas nuevos que debe afrontar.

Un buen amigo mío, abogado de profesión, cuando encontraba una persona poco agraciada sexualmente, me decía que era “el remedio a la concupiscencia”. Preguntado por el motivo de tal expresión, confesó que lo había extraído del Código Canónico, en el que para indicar las finalidades del matrimonio, se señalaban la procreación de la prole y el remedio a la concupiscencia. Eso es precisamente, lo que me inspira el Sr. Monedero en la imagen: Sectario, imitando pose de una multinacional y convirtiéndose en el remedio al pecado que tan poco importa entre los progresistas de turno. Que le sea enhorabuena.

Mil quinientas

Las “mil quinientas” en construcción; sorprende la escasa urbanización más allá de la promoción franquista en un entorno que actualmente está totalmente edificado. En la infancia parecía que llegaba uno fuera de la villa cuando acudía, acompañando a mi maadre, a visitar ciertas viejas amistades recientemente instaladas en el polígono.

Gijón

Esta fotografía aérea de Gijón, recoge el estado dde la ciudad prácticamente desde la Plaza de Toros hasta Los Campos, donde aún perduraba el cine del mismo nombre. La imagen data de 1.941, de modo que aún faltaba tiempo para que Alejandro Pumarino pasease las calles de la villa, pero quien suscribe recuerda, en su infancia, alguno de esos edificios, especialmente la marmolería Gargallo. Cuando llegaba caminando hasta allí, tenía la sensación infantil de estar fuera de mi ciudad, de haber andado media vida, y no hubiese llegado aún a los desaparecidos cines en los que disfruté películas de mi adolescencia.


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