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Puigdemont

El Sr. Puigdemont tiene un aspecto un tanto extraño, con un peculiar corte de pelo característico que recuerda tiempos pasados y mejores, parece un personaje de comic, extraído a la política real por parte de una formación que perdió el norte hace tiempo. Su peculiar idea de la democracia -por indicar el modo en el que quiere incumplir la ley- propugna una consulta en la que un mismo ciudadano puede votar varias veces, dada la infraestructura con la que se pretende dotar el referéndum. Es, hasta cierto punto, lógico que los separatistas radicales ejerzan su derecho en más de una ocasión, porque una de las maneras de crear participación “verdaderamente” democrática, pasa porque el voto separatista merezca una calificación diferente al de quien no quiere la escisión del país. ¿O no?

Guardiola

El Sr. Guardiola tuvo a bien leer jun manifiesto independentista hace escasas fechas, en el que defendía la escisión de Cataluña del resto de España, término prácticamente vetado en dicha comunidad autónoma. El Sr. Toni Cantó tuvo a bien publicar la instantánea anterior, prueba fechaciente del talante democrático del entrenador internacional, defendiendo la camiseta de nuestra selección y, al lado, junto a unos señores demócratas de toda la vida, ejemplificando la libertad. Seguro que desea volver al banquillo del Barça, en una estupenda liga que lo enfrentaría al Granollers o al Gerona, despertando un acentuado interés en el ámbito deportivo europeo. Lo malo es que una consulta popular, llevada a cabo en el marco de la ley, en el que la totalidad del pueblo español fuese preguntado por su relación con Cataluña, es probable que el hartazgo generalizado por el victimismo independentista, los convirtiese en la república bananera mediterránea que serían al separarse de la madre patria.

Mas Artur Mas

El Sr. Mas, líder del tres por ciento y de algún partido político de corte independitista, es el responsable último de una drástica reducción de la inversión extranjera en Cataluña, una región en caída libre lastrada por un independentismo que terminará por convertir una de las autonomías más prósperas de España, en una república bananera mediterránea; mientras tanto defiende la inmersión lingüística y educa a sus hijos en inglés, que hay diferencia entre el pragmatismo familiar y la pasión política que lo empuja. D. Arturo vende unas urnas que no le interesan lo más mínimo, pero que adocenan a unos cuantos radicales que meten el ruido suficiente para ofrecere la imagen de que ciertas reivindicaciones son un clamor popular, en el contexto de una Cataluña que, con toda probabilidad, votaría “no” en un supuesto referéndum sobre independencia. Como comentamos otras veces en este espacio, una consulta legal, con la participación de todos los españoles, podría arrojar un resultado contrario, sobre todo si algunos conciudadanos votan con las vísceras del hartazgo generalizado que provoca el eterno victimismo de los pseudoindependentistas que vociferan libertad mientras vigilan sus propios bolsillos.

Felpudos

El golfista Fernández Castaño publicó un “Tweet” en el que decía: “Vosotros pitais nuestro himno una vez al año. Yo utilizo vuestra bandera de felpudo a diario”, compañado de la instantánea que ilustra nuestra entrada del día.

En aras de la libertad de expresión, es menos ofensivo el “Tweet” que la institucionalización por parte de ciertos sectores de la afición culé, de las sonoras -nunca mejor dicho- pitadas al himno nacional; al fin y al cabo, el Fútbol Club Barcelona podría no participar en esta competición, o solicitar su inclusión en la liga francesa, incluso competir estrictamente en el ámbito de su autonomía. La actitud del Sr. F. Castaño es menos ofensiva que la pitada, al fin y al cabo, se restringe a su domicilio particular, lejos de expresar públicamente y en masa, hasta donde puede alcanzar la estupidez humana.

La CUP distribuye una caricatura del alcalde de Tarragona y un diputado del PP sodomizándose

Hay hechos que se califican por sí solos y en los que sobra todo comentario. La doble vara de medir, herramienta extraordinariamente útil entre el progresismo militante, permite el humor de trazo grueso sobre todo aquello que resulta políticamente incorrecto por no adscribirse al pensamiento único, lógicamente propio de morados y adláteres. Reflexionen ustedes un minuto sobre el resultado de realizar una caricatura similar con el Sr. Iglesias y Echenique, y claro, que el responsable de la chanza fuese un partido político y no una publicación satírica. Curiosa forma de ejercer la libertad, aunque sea la de expresión.

Marta Ferrusola

Es difícil ser justo con el castigo que merece quien se aprovecha del dinero ajeno, público o no, porque al privar de libertad a un delincuente, estamos poniendo precio a la vida. No parece muy lógico ser condenado a doce años de prisión por un homicidio y a veinte por apropiarse de fondos públicos, aún con premeditación, alevosía y los agravantes que el Derecho pueda añadir al ilícito penal. Sin embargo, en el caso particular de Dª Marta, al robo -sea legalmente correcto el término, o no- hay que añadir la tomadura de pelo, el desprecio y el desdén con que trató a todos sus compatriotas. Empezando por la mentira -afirmó no haber dispuesto en su vida de cuentas en bancos andorranos- y siguiendo por su famoso “no tenemos ni cinco”, llegamos a un final en el que hizo amasar a su familia decenas de millones de euros mientras Cataluña precisaba ayudas del gobierno central para aliviar los apuros de una población que, como el resto de España, se vio sacudida por la crisis. Jordi Pujol jr. coleccionaba un elevado número de automóviles de altísima gama y declaraba con increíble soberbia sobre el particular, movió ingentes cantidades de dinero después de haber sido imputado y la familia, en general, pasó años sin que el verdadero peso de la ley cayese sobre sus cabezas. Todo esto me produce dolor de tripas, me revuelve, resulta repugnante y apetece desear a esta caterva de delincuentes, penas ejemplares. Después, le viene a uno a la cabeza eso de que vivimos en un Estado de Derecho, y se da cuenta de que la visceralidad es mala compañía de una valoración ponderada. Así que, desde este humilde espacio, solo deseamos a la madre superiora, al abad y al conjunto de monaguillos una condena justa, en caso de ser encontrados culpables, y un cumplimiento íntegro de la misma, en idénticas condiciones que los reclusos comunes. Probablemente sea demasiada la fe que aún conservo, tanto en la especie humana, como en la clase política, pero, como reza el refrán, la esperanza es lo último que se pierde.

De banderas

Parece ser que se pide la dimisión de un condejal sevillano por el “Tweet” anterior, en el que defendía la bandera preconstitucional -o franquista- en los términos perfectamente legibles en la imagen que ilustra nuestra entrada de hoy.

No cuestiono las solicitudes, seguramente razonadas y razonables, de conspicuos progresistas -y no tanto- sobre la dimisión del edil sevillano, pero ello me obliga a preguntarme, ¿cuantas dimisiones de concejales, alcaldes, diputados y otros cargos políticos de distintas formaciones deberíamos pedir por haber ondeado la bandera republicana, igualmente preconsitucional e ilegal?.

Tal vez no falte quien me recuerde que la tricolor evoca un tiempo mejor que los cuarenta años de dictadura franquista, y tiene razón en parte. Efectivamente, tras el golpe militar es cierto que se produjeron detenciones -y asesinatos- por cuestiones políticas, tan verdadero como que resurgió la economía, se creó la Seguridad social (muchos piensan que fue obra del Sr. González, pero el andaluz, que mejoró mucho la institución, ya la encontró inventada y funcionando), nacieron las pensiones no contributivas (tampoco fueron obra del socialismo, que se limitó a actualizar el reglamento, mendiante una pésima traducción de las tablas americanas para la determinación del grado de discapacidad en 1.984, en las que ni siquiera los socialistas se molestaron en pasar las medidas de pulgadas a centímetros, está ahí para que lo lean ustedes) y se universalizó la educación en todos los ámbitos sociales. Y no es menos cierto que la Segunda República fue corrupta, facilitó intrigas y crímenes y no resultó  modelo político ni para España ni para nadie.

Y, vamos a recordrlo, actualmente España tiene una bandera bicolor, con un origen muy anterior al franquismo, aunque parece que haya gente a la que se le ha olvidado, y que lucen, como el Sr. Puigdemont, la enseña aragonesa, de la que se apropiaron los catalanes, que nunca fueron reino, a diferencia de los maños.

En fin que uno, en su ignorancia, entiende el motivo por el que a nuestros actuales dirigentes les ineresa la ignorancia en la población: La manipulación y el maniqueísmo, a la orden del día, resultan extremadamente más sencillos.

Y como colofón: Sepan vds., queridos y escasos lectores, que Alejandro Pumarino “pasa” ampliamente de banderas, grímpolas y gallardetes.