Posts Tagged 'Gijón'

Newcrest

 

Era la madrugada del día 7 de febrero de 1983. El temporal del Noroeste arreciaba en el Cantábrico. Casi en la bocana de El Musel estaba a punto de terminar el plácido viaje del ‘Newcrest’, un carguero de pabellón liberiano, que venía remolcado desde el puerto inglés de Falmouth. Su destino era, inicialmente, el puerto de Avilés, donde se iba a mantener a la espera para entrar, luego, en San Esteban de Pravia para ser desguazado. La ría avilesina estaba cerrada y se optó por El Musel como puerto de abrigo. A las tres y media de la mañana rompieron las amarras y el buque, a la deriva y sin tripulación, fue a estrellarse de babor contra el acantilado del cerro de Santa Catalina. Sus restos formaron parte del paisaje de todo aquel entorno durante casi un año, tiempo que duró su desguace a pie de mar, seguido casi en directo por centenares de gijoneses. No fue el primer incidente en la costa gijonesa, ni sería el último. Años más tarde llegaría el episodio del ‘Castillo de Salas’, del ‘Vakis Tsakiroglou’ e, incluso, del ‘Grand Felicity’, que se ‘escapó’ de El Musel para ir a estrellarse en el cabo de San Lorenzo. Con todo, el ‘Newcrest’ sí fue el primer embarrancamiento de la democracia.
Destrozado por las olas
Fue una noche muy larga para los profesionales de El Musel y para la autoridad marítima. El remolcador ‘Faneca’ que arrastraba el buque desde costas inglesas no pudo controlar la situación y, una vez rotos los amarres, fue imposible reconducir el barco, que quedó totalmente a la deriva. Se intentó subir a bordo, pero el fuerte oleaje obligó a descartar esa posibilidad. El carguero, sin tripulación, recorrió en pocos minutos la distancia entre la bocana de El Musel y el cerro de Santa Catalina y fue a estrellarse contra la zona conocida como ‘el Apagaderu’, en el Fuerte Viejo, a unos 200 metros de la piedra ‘El Cuervu’, muy cerca del inicio del muelle de Lequerique.
El ‘Newcrest’ era un carguero de considerables dimensiones. Botado en el año 1959 en Belfast (Irlanda del Norte), tenía 147,33 metros de eslora, 19,13 metros de manga, 8.537 toneladas de registro bruto y 12.534 toneladas de peso muerto. Un problema importante si se tiene en cuenta que, casi desde el primer momento, quedó más que claro que habría que desguazarlo en el lugar del naufragio. El temporal había castigado su casco de tal manera que se hacía inviable la posibilidad de intentar reflotarlo, aunque sólo fuera para trasladarlo hasta El Musel. A ello, se añadía la preocupación por una posible contaminación por combustible. En los tanques del barco se calculaba que habría entre 20 y 30 toneladas, cantidad pequeña al navegar el carguero remolcado. Desde el Ayuntamiento de Gijón se tomaron desde el primer momento todas las medidas correctoras y aunque aparecieron algunas pequeñas manchas, la contaminación no fue muy importante.
Meses de trabajos
Empezó, entonces, una carrera entre las autoridades municipales para tratar de desguazar el buque cuanto antes. El día 22 de febrero, apenas dos semanas después del embarrancamiento, la Comisión Municipal Permanente adjudicaba el desguace en el mismo lugar del accidente a Desguaces Heme. El plazo, cuatro meses. Se tenía especial interés en dejar la zona limpia antes de que comenzara la temporada de baños. La realidad fue mucho más compleja. El buque seguía sufriendo los rigores del oleaje y cada vez estaba más destrozado. Parte de la chatarra extraída, no sin pocas dificultades, se iba almacenando en el cerro para transportarla, luego, en camiones.
De todas forma, llegado ya el verano, el 24 de junio, aún trataban de sacar los restos del carguero con una grúa instalada en el cerro de Santa Catalina. La dificultad era evidente porque la distancia al casco, unos 70 metros, hacía inviable subir piezas de gran tonelaje. Se habló de trabajar con una grúa instalada en una pontona de más de 50 metros de larga por 30 de ancha. La iniciativa se descartó porque no era técnicamente posible. Con todo, el puente, la chimenea y la cubierta ya estaban en tierra, pero quedaba mucho barco aún en la mar, sobre todo la ‘zapatilla’, una parte del cigüeñal y la hélice.
Había pasado ya la temporada fuerte de verano y, a principios de setiembre, el Ayuntamiento de Gijón, que entonces presidía el socialista José Manuel Palacio, reconocía que aún quedaban en la mar unas 1.400 toneladas del buque. No había forma de desguazarlo sin asumir muchos riesgos y llegó a ponerse sobre la mesa la posibilidad de dinamitar los restos. Como el caso de la pontona, también se descartó. Los restos del ‘Newcrest’ fueron sacados casi con cuentagotas durante ese otoño y el buque pasó a la historia, aunque nadie descarta que parte de su ‘zapatilla’ siga formando parte del paisaje submarino de los acantilados del cerro. ( Texto diario El Comercio en 2008, 25 aniversario )

San Lorenzo

La fotografía parece haber sido tomada en 1.937, fecha en la que, como hoy en día, la gente seguía provocando un océano insensible que arrastró más de una vida en el Muro de San Lorenzo. Está firmada por Constantino Suárez y fue tomada de la página Gijón en el Recuerdo, a la que hicimos referencia en otras ocasiones. Los árboles, los bancos, han desaparecido en estos ochenta años que nos separan de la imagen, pero el mar sigue siendo el mismo, se que “se traga un barco o cien barcos, mata a un marinero o a cien marineros y sigue murmurando con su voz afónica, con su voz de borracho triste y pendenciero, amargo y peleón”.

Campo Valdés

El campo Valdés está actualmente sobreelevado respecto a la imagen que ofrece nuestra entrada de hoy; la obra se hizo para dar más capacidad a las antiguas termas romanas, prácticamente olvidadas en los tiempos en que se realizó la instantánea anterior. En aquellos años previos  a la reforma, frecuentaba la Iglesia de San Pedro, durante la infancia y la adolescencia temprana, cuando los “seiscientos” se acumulaban en el aparcamiento que es hoy zona peatonal. En aquellos automóviles entrábamos cuatro o cinco personas, para viajar durante centenares de kilómetros a poco más de setenta u ochenta a la hora, en el supuesto de que no fuese necesario superar elevaciones u otro tipo de obstáculos, y las cosas discurrían así, como si nada, con más pena que gloria, entre la indiferencia de lo cotidiano. Los árboles son los mismos que hoy en día decoran un entorno en el que faltan muchos pescadores, algunos viandantes y, desde luego, las reliquias de un parque automovilístico tan menor en número, que daba un aspecto diferente a toda la ciudad.

ALSA

El día 30 de Diciembre de 1.941 se inauguraba en Gijón, la estación de ALSA que sigue en funcionamiento a día de hoy. El aspecto de los vehículos y del entorno, dista significativamente de como luce a día de hoy, esta zona de Gijón. Los autocares siguen mal aparcados en Mariano Pola, que no es un estacionamiento industrial, y la catalogación del edificio que muestra la fotografía, por su valor arquitectónico, impide realizar las mejoras oportunas y necesarias para que nuestra ciudad disponga de una estación de autobuses acorde con los tiempos actuales. Por otra parte, tengo entendido que la propiedad del edificio es particular, no municipal, lo que conforma una segunda paradoja; nos encontramos en una ciudad con una terminal de viajes por carretera que no es pública, cuando lo correcto sería que el Ayuntamiento de turno ofreciese una infraestructura adecuada en la que cada empresa de transporte, a través del pago correspondiente, tuviese la oportunidad de utilizar sus servicios.

Plaza del Seis de Agosto

La diferencia cronológica entre las dos instantáneas es de apenas cincuenta años, siendo la superior de 1.884 y situarse la segunda, en los años treinta. Los dos edificios que se ven en la derecha de la imagen, han desaparecido en la actualidad, sustituidos por inmuebles de menor gusto y más altura -demasiada- propios del “boom” de la construcción. En todo caso, la Plaza del Seis de Agosto de Gijón sigue siendo uno de los rincones emblemáticos de la villa.

Fichas

La imagen de nuestra entrada de hoy recoge dos “fichas” para llamar por teléfono, los “jetton” franceses; recuerdo especialmente los teléfonos adaptados a este sistema que había en el Café Begoña (antes La Aurora) y en el Café Oriental, desde los que avisábamos a nuestro domicilio paterno del más que posible retraso a la salida de la discoteca o de la zona de vinos de Gijòn.

Tormenta

Vuelve el mal tiempo a Asturias en el momento de redactar la entrada que se publicará el día de hoy. Ahora las ventoleras se llaman ciclogénesis explosivas y las tormentas tienen nombre propio, a veces de hombre y en otras ocasiones, de mujer, a saber cuáles serán las peores y si tal diferencia genera un conflicto sexista, o sea. Bruno dieron en denominar a la actual, con frío, viento y olas grandes “cachones” en Cimadevilla, desde donde se mira al mar de frente, sin titubeos, como hace tantos años, cuando el único nombre de estos fenómenos meteorológicos, era el del amarre del barco a puerto, en espera de tiempos mejores para la pesca.