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Kichi

José María González, “Kichi” es alcalde de Cádiz por obra y gracia de un PSOE en horas bajas, y ha traído a la capital andaluza la verdadera democracia que alcanzamos solamente gracias a la política de las formaciones emergentes de corte comunista que defienden la transversalidad. Uno de los problemas que acuciaban a los gaditanos, era la ausencia de una bandera republicana -inconstitucional- en el centro de la ciudad, problema que solucionó rápidamente el novio de la responsable podemita en Andalucía, Teresa Rodríguez, que naturalmente, nada tuvo que ver en la candidatura de su pareja a la alcaldía: Un profesor de literatura, liberado sindical y vocal de una chirigota eran las cualidades requeridas para ser edil en la tacita de plata. Las puertas giratorias y el nepotismo son defectos propios de la “casta” o de la “trama”; la facilidad con la que allegados y familiares de conspicuos podemitas alcanzan puestos preeminentes -y extraordinariamente bien pagados- no se debe a influencia personal alguna, sino a la valía individual de los aspirantes, que suele asdquirirse por inducción o cosanguinidad en no pocas ocasiones.

El Sr. González, “Kichi” le cerró el micrófono a la concejal popular por pedir la retirada de un cartel en el pleno municipal, en el que se tachaba de corrupto y lacayo, textualmente, al Partido Popular. Siguió la leyenda, pero quien no pudo continuar hablando, fue la adversaria política del liberado cantante sindical. ¿Hubiese sucedido lo mismo en caso de que se calificase así a Podemos? (Podría hacerse, Iglesias cobra en un paríso fiscal de Venezuela, Echenique paga en negro, Monedero falsea cuentas al fisco, Errejón cobra una beca sin trabajar). Obviamente, la pregunta es retórica, no espera respuesta alguna, porque todos sabemos que hubiese sucedido: Sería retirado de forma inmediata el cartel y calificado de fascista quien lo portase. Un día Franco va a morir de verdad y terminará por dejar sin discurso a la izquierda progresista y militante que, huérfana de ideas, se disgregará luciendo las banderas de una república corrupta que jamás conoció ninguno de ellos.

Kichi

Sorpresa e indignación en las redes sociales por el último tuit del alcalde de Cádiz sobre el Ramadán. José María González, Kichi, asistió ayer miércoles a una mezquita de Cádiz para celebrar el fin de esta fiesta musulmana y no dudó en colgar algunas fotos en su cuenta de Twitter.

“Amar la diversidad como fortaleza democrática. Acompañando a la comunidad islámica en el fin del Ramadán”, publicó el nuevo alcalde podemita para anunciar su asistencia.

En un nuevo episodio de hipocresía política, el alcalde de Cádiz celebra el Ramadán como exponente de la multiculturalidad a la vez que critica abiertamente la fe católica. No es, por lo tanto, una cuestión de laicidad o de libertad religiosa, no; es un problema de moda. Lo “cool” entre el pseudoprogresismo militante, es alinearse con el oprimido pueblo palestino (esos que disparan desde escuelas y cuelgan a los homosexuales) contra Israel, útimo bastión en Oriente Medio que nos separa de la radicalidad islámica y país en el que los derechos civiles de sus ciudadanos son equiparables a los existentes en las naciones europeas; la moda es reventar actos religiosos católicos (recuerden el caso de la Sra. Maestre) y concelebrar lo de otras confesiones minoritarias. Nueva forma de demostrar qué tipo de problemas que afectan a la “gente”, están dispuestos a solucionar.

Kichi

Primero comenzó equiparando a víctimas y verdugos defendiendo que “tratamos a todas las víctimas por igual”. De la misma manera que hace ETA en cada comunicado, Kichi equipara a las víctimas del terrorismo con los terroristas muertos y se queja de que “se ha priorizado la atención a unas víctimas frente a otras. Yo creo que todas las víctimas son iguales (…) Represaliados por el régimen franquista que viven a 500 metros de sus carceleros. Y la gente que le pegaba palizas diarias. Y eso sigue siendo hoy en día. Y esa gente vive tan campante. Y otros que pagan con penas de cárcel, como el señor Otegi. Todas las víctimas son iguales”.

Ante la sorpresa del perioidsta Kichi insiste: “No está claro que el señor Otegi matase a nadie, ¿no?”, a lo que el entrevistador contesta que ha sido condenado, provocando que Kichi insista: “Sí, pero no por crímenes de sangre”.

La izquierda no solo no soluciona los problemas de la “gente”, sino que respalda la actuación de los asesinos. Si el Sr. Iglesias, caminando en el filo de la navaja, no “justificó” pero “explicó” políticamente los crímenes de ETA, es ahora el Sr. Kichi quien sale en defensa del terrorismo equiparando a las víctimas con los verdugos, y comparando los crímenes cometidos, con la violencia del franquismo. Es de una perversidad inadmisible en un edil democrático que ejerció la peor gestión que se recuerde en la capital gaditana, con un historial laboral que asusta (apenas llevó a cabo actividad alguna entre los períodos de incapacidad transitoria y el ejercicio como delegado sindical) y que esconde, bajo un aparente buenismo propio del progresismo militante, la acritud de un revanchismo trasnochado.

La “casta”

Cada día que pasa me cuesta más distinguir entre la “gente” y la “casta”, términos acuñados por el Think Tank podemita para crear ese imprescindible enemigo contra el que lucha esa izquierda que viste informalmente de Armani, y es que tras la llegada al poder municipal (y nacional si llega el caso), su actitud se parece cada vez más a la de aquellos a quienes pretendían desalojar por estar tan alejados del pueblo al que representan. Nuestra Magistrada progresista pide sala “VIP” en el aeropuerto (¿no era D. Pablo Iglesias quien defendía que sus correligionarios volarían en clase turista?) y se niega a identificarse ante las fuerzas de orden público al ser requerida para ello (¿será una forma particular de revolución?). El otro día, el Sr. Zapata demostró que utilizaba a diario el coche oficial para desplazarse a su trabajo, cuando quiero recordar que se defendió la utilización del transporte público por parte de los ediles municipales cuando fuese posible; se conoce que tal probabilidad es remota en el caso del concejal madrileño que contaba chistes muy graciosos sobre los judíos. Sucede, por desgracia, que la renovación pdemita, al menos en los municipios en que gobierna, se deja ver poco: Cambian nombres a las calles y aparentan hacer cosas, mientras los deshaucios siguen produciéndose y los problemas sociales están presentes en la misma medida que lo estaban anteriormente. “Kichi” es un experto, una pareja le aplicó el jarabe democrático que tanto le gusta a D. Pablo, después de dar largas repetidas veces a su solicitud, una pretensión defendida por Podemos insistentemente en período electoral, mientras el alcalde desfilaba, de nazareno, en la cofradía de turno. Menos mal que nos aclaró hacerlo a título personal, y no en calidad de alcalde de Cádiz, personalmente me quitó un peso de encima. Vaya susto me estaba llevando.

Kichi

Este simpático apodo es por el que se conoce al joven que en la fotografía acompaña a Dª Teresa Rodríguez, lideresa de Podemos en Adalucía, y de quien es su pareja, motivo suficiente para ser candidato a la alcaldía de Cádiz, ciudad en la que se le conoce por formar parte de una conocida comparsa.

Resulta curioso en nepotismo de la nueva formación, que lucha contra “la casta”; El Sr. Iglesias tiene (o tenía, nunca se sabe) relaciones con la candidata de IU en Madrid y que fue un verdadero submarino de Podemos para terminar con la coalición; el Sr. Errejón colocó a su pareja en las listas de su autonomía (una muchacha con tendencia a hacer streap-tease en las iglesias católicas pero se cuida mucho de acercarse a las mezquitas, se conoce que el talante en éstas es mucho más liberal) y ahora la Sra. Rodríguez coloca a su chico, recientemente separado, con un crío de unos meses, como arieta contra Dª Teófila, a quien hay que echar del Ayuntamiento. Nótese que, como siempre, esta izquierda busca enemigos, que no rivales, y lucha siempre contra algo o contra alguien, no sé lo que sucederá el día que terminen con los contrarios, claro que, conociendo su natural tendencia a la dispersión, debutarán entonces con nuevos enfrentamientos intestinos para acabar consigo mismos. Mientras tanto, colocan a sus parejas con la desfachatez de quien se pasa verdaderamente la democracia por el arco de triunfo. Y es que la demagogia no es la misma tampoco, cuando se ejerce desde la izquierda que cuando lo hace la derecha trasnochada y fascista. Así de siemple.