Posts Tagged 'Terrorismo'

Vilvoorde

Los holandeses son pocos, altos en general y silenciosos, ocupando un territorio en esta vieja Europa mayormente llano y lleno de bicicletas, vacas y tulipanes ofreciendo a propios y extraños, uno de los niveles de vida más altos del mundo. Parece ser que sufren, eso sí, el mal endémico en occidente a día de hoy, del islamismo radical, contra el que luchan con los escasos recursos del Estado de Derecho. Desde allí, desde el pueblo donde el imán de la mezquita de Ripoll perfeccionó su extremismo, se enviaron noticias frescas e interesantes sobre este personaje deleznable, a las fuerzas policiales españolas, noticias de las que, valga la redundancia, no hemos tenido noticia sino a través de los medios, mientras los Mossos se colgaban medallas ante la prensa internacional. El hombre de la fotografía es el alcalde de un pueblo holandés que puso en aviso a nuestros defensores de la ley y el orden sin demasiado éxito, porque una célula terorista numerosa organizó un atentado en el que su autor material, tras atropellar a más de cien personas, se bajó del vehículo y se fue tranquilamente andando, sin que se consiguiese detenerlo. Con todo el respeto por los cuerpos de seguridad del Estado, no parece una actuación como para colgarse medallas de profesionalidad, o presentarse ante el público con una pistola en la cintura.

Julián Cadman

Cuando el jueves pasado un hijo de Satanás convirtió su furgoneta en una guadaña con la que fue segando vidas inocentes por La Rambla de Barcelona, quedó tendido en el suelo el cuerpo de un pequeño niño moreno con la pierna quebrada en una posición imposible y sangrando abundantemente por la cabeza. Harry Athwal, un británico de 44 años lo vio e intentó auxiliarlo, contraviniendo las instrucciones de los policías quienes, por seguridad, le ordenaron que se se pusiera a resguardo. Pero Harry no obedeció para intentar socorrerlo, aunque enseguida notó que el pequeño no tenía pulso. Aún así se quedó a su lado llorando mientras lo acariciaba porque según dijo: “No iba a dejar a ese niño solo en medio de la calle”.

Imágenes de ese angelito las hemos visto en varios medios de comunicación, y en Twitter el injustamente censurado @VerdadesOfenden inició una campaña con el hashtag #BarcelonaChildren para intentar averiguar su estado. Su fotografía traía a la memoria la de otro niño, Aylan Kurdi, el inmigrante kurdo que apareció ahogado en una playa turca en 2015. La imagen de Aylan dio la vuelta al mundo y hasta U2 modificó la letra de una canción en su memoria. En el primer aniversario de su muerte, Pablo Iglesias organizó un homenaje en las escalinatas del Congreso de los Diputados y el padre Ángel lo convirtió en el niño Jesús del belén de la parroquia de San Antón.

Pero pese al parecido de las dos fotografías su difusión no es equiparable porque al Aylan de Barcelona lo han escondido. Las autoridades dicen que nadie debe enterarse, al ver una imagen en los medios de comunicación, de que un familiar ha sido víctima de un atentado, y que deben ser ellos, con el apoyo psicológico adecuado, los que informen. Por eso piden que no se difundan imágenes identificables hasta que lo hayan hecho. También hay quienes opinan que tampoco deben difundirse después porque causan sufrimiento a sus familiares y a las víctimas de otros atentados, haciéndoselo rememorar. Yo, como muchas asociaciones de víctimas del terrorismo, no comparto este segundo criterio. Creo que estas imágenes deben difundirse para informar y concienciar a la sociedad de la realidad a la que nos enfrentamos. Eso es hacer periodismo, contar lo que ocurre por desagradable que sea.

Pero existe un tercer grupo más numeroso que cambia de criterio en función de la bastarda utilización que puedan hacer de unas imágenes u otras. Así, cuando el muerto es un inmigrante ahogado en una playa o un palestino de Gaza, difunden la imagen hasta la extenuación, para intentar que la opinión pública se muestre favorable a la inmigración y contraria a Israel, respectivamente. En cambio si el asesinado ha sido víctima del terrorismo islamista, llenan las redes sociales con fotografías de gatitos para evitar que se vean las que muestran con crudeza la guerra a la que occidente se enfrenta. El Aylan de Barcelona ya tiene nombre, se llamaba Julian Cadman, tenía sólo siete años y doble nacionalidad británica y australiana. Paseaba con su madre cuando ambos fueron arrollados. Estaba identificado desde el principio pero había que esperar a que su padre llegara desde Australia para comunicárselo. Julian no merece menos homenajes que Aylan. Si uno se convirtió en la imagen de la lucha contra las mafias que trafican con seres humanos en el Mediterráneo, el otro debe ser símbolo de la resistencia frente al terrorismo islamista. No puede haber dos varas de medir ni dos clases de víctimas. Descansa en paz Julian, que tu muerte no sea en vano y sirva para despertar conciencias contra tus asesinos.

Tomado de OK Diario el día 23 de los corrientes.

Ambigüedad

La ANC celebró un acto independentista en la mezquita de la que era imán el líder de la célula islamista que ocasionó, en recientes fechas, decena y media de muertos en Barcelona. Puede -estoy seguro- ser casualidad, pero la proximidad a ciertos personajes, medios o grupos, es cuando menos, políticamente inconveniente. Publicamos, hace años , en este mismo espacio, una feroz crítica a un político popular, por aparecer en una fotografía con un acompañante que, años después, resultó ser un delincuente; la aplicación de la misma vara de medir en este caso, llevaría a la sospecha, pardójica desde luego, de que la ANC representa una facción terrorista dentro del panorama político catalán. Por supuesto, no es esa mi opinión, más bien creo que conforman el resultado de una formación cultural errónea propiciada por políticos de medio pelo, más interesados en conservar su poltrona que en el bienestar de la ciudadanía, de tales polvos, estos lodos, y así nos van las cosas.

¿Se imaginan vds. que un acto político del partido popular hubiese tenido por sede la mezquita de referencia?

Si estos son los políticos que nos enseñan la “auténtica” democracia, la “verdadera” democracia, lo están haciendo desde una ambigüedad peligrosa, para ellos mismos y para el resto de la ciudadanía a la que representan; históricamente el Islam ha ocasionado problemas no solo en la conviencia con otras confesiones religiosas, sino entre ellos mismos, en países en los que corrientes distintas representan porcentajes elevados de población. Tal vez sería momento de entender que se trata de una religión que supone un retraso de medio milenio respecto a la situación que vivimos hoy en día en occidente, que es profesada por millones de fieles que, descontentos con sus países, emigran a los nuestros, para tratar de convertirlos en aquello que abandonaron previamente. Cuesta entenderlo, pero es así.

Los miserables de Aralar: “El Estado no hizo lo que podía para cuidar la vida de Miguel Ángel Blanco”

Aralar sostiene que “el Estado no hizo lo que podía haber hecho para cuidar la vida de Miguel Ángel Blanco” y que en el 20 aniversario del asesinato del concejal del PP en Ermua a manos de ETA “algunos han intentado sacar provecho” mediante el “oportunismo y el odio”.

El presidente de la formación, Patxi Zabaleta, y la secretaria general, Rebeka Ubera, han hecho estas afirmaciones en una comparecencia en San Sebastián en la que han pedido al PNV que “reconsidere su actitud hacia el PP” y se ponga “del lado de la democracia y del derecho a decidir”.

Los representantes del colectivo integrado en EH Bildu han señalado que estos últimos días, en las conmemoraciones en memoria de Blanco, “han sido testigos de lo que no tenía que suceder”.

Asimismo, defienden que “no se debe tardar en acabar con el proceso de paz” ni en el “reconocimiento de todas las víctimas de todas la violencias” o en la”libertad de los presos” de la banda terrorista ETA.

Por último, critican que “algunos se empecinen” en una sociedad “de ganadores y perdedores” y que “otros” prioricen “intereses partidistas”.

Manda huevos

Inteligencia social (gracias Sr. Sirgo)

Said Lachhab, el primer supuesto yihadista retornado a Euskadi que fue detenido la pasada semana en Vitoria, estuvo cobrando de forma irregular durante los últimos meses cerca de 1.800 euros mensuales. Una cantidad que se deduce de sumar las distintas ayudas sociales que percibía al encontrarse en riesgo de exclusión social (Renta de Garantía de Ingresos y Prestación Complementaria de la Vivienda) con el dinero que ingresó durante al menos tres meses de una mutua por una baja laboral. Retribuciones que son irregulares en la medida en que, según la normativa de Lanbide, el Servicio vasco de Empleo, un ciudadano no puede percibir este tipo de prestaciones sociales mientras cobra cierta cantidad de dinero por una baja laboral.

Lachhab, ciudadano marroquí de 41 años residente en el barrio Judizmendi de Vitoria, fue arrestado la pasada semana por la Policía Nacional en una de las primeras detenciones que se produce en España contra uno de los denominados retornados, como se conoce a los radicales islamistas que viajaron a combatir a las guerras de Siria e Irak.

Mientras los españoles sin recursos duermen en cajeros -que ahora les cierran algunas entidades-, los terroristas perciben ayudas sociales por encontrarse en riesgo de “exclusión social”.

Somos gilipollas.

Jesús María Zabarte

La actualidad de los últimos días nos ha ofrecido varias noticias que alumbran de una forma especialmente clara lo que han sido, son y serán tanto ETA como la gentuza que llenaba sus filas y, afortunadamente, las cárceles.

Lo primero fue el sainete de las armas, tan falso y teatral como era esperable, una escenificación que no se creen ni sus autores ni sus intérpretes. Lo segundo la exhibición de chulería, matonismo y sinvergüenza de secuestradores o asesinos presentándose como “actores de la paz”.

Lo mejor, no obstante, ha sido lo que hemos sabido sobre Jesús María Josu Zabarte, más conocido como ‘Carnicero de Mondragón’ un bichejo al que contemplan 17 asesinatos y que se ha paseado estos días luciendo con orgullo su historial criminal, del que asegura no arrepentirse lo más mínimo. Pero resulta que el valiente gudari de la patria vasca se cagó de miedo, literalmente, durante el tiroteo previo a su detención.

El “gudari” en cuestión, lleva una colección de pendientes, algo muy viril entre la gente de su estirpe, y de rancia tradición en los soldados vascos, tanto como la deposición involuntaria cuando lo que tenía frente a sus armas eran otras pistolas y no la desnudez de las nucas inocentes. Con esa imagen, boina y ornatos de localización orejeril, sabemos -o suponemos- el papel que desempeñó en sus largos -demasiado cortos- años de prisión.

 

Verificadores

Yo quiero ser verificador. No sé muy bien en qué consiste esa digna profesión, pero son señores que viajan mucho, están bien pagados, son conocidos en los medios de comunicación y realizan un trabajo que no parece entrañar ni excesiva responsabilidad ni denodado esfuerzo. Ignoro qué estudios, formación o experiencia resultan necesarios para dedicarse a “verificar”; por ejemplo, los notarios son fedatarios públicos, pero precisan unos estudios previos en Derecho y una oposición que solo los más preparados son capaces de superar; sin embargo, no me constan los obstáculos académicos o no, que estos sesudos individuos hubieron de vencer para alcanzar tal condición.

Recuerdo que en una de las últimas treguas trampa de la banda terrorista, se pagó una cantidad indecente de dinero a ciertos sujetos que actuaron en calidad de “verificadores internacionales”; no tenco conocimiento actualmente que esa extensión más allá del suelo patrio, caracterice a quienes sonríen con D. Iñigo en la fotografía que ilustra nuestra entrada. Yo trataría también de ser como ellos, aunque no llegase a “verificar” fuera de mi Asturias natal y redujese la condición a “verificador” local o regional. Esta región, olvidada de propios y extraños, maltratada por sus propios dirigentes, no ofrecería otra posibilidad que controlar el número de parados que aumenta cada día o la calidad de las reses en los mercados de ganado, que cada vez escasean más en los pueblos, pero para ese viaje no hacen falta tantas alforjas. Prefiero ofrecer un semblante circunspecto, una sonrisa conciliadora desde mi propia superioridad intelectual y moral, vistiendo un traje de Hugo Boss para no caer en el clasicismo de Armani; entonces ya puedo hacerme una fotografía junto a encapuchados porque, en vez de ser un miserable asesino como ellos, soy un verificador internacional que olvidaré un asunto que jamás supe excesivamente bien de que se trataba, mientras cuento los billetes en el viaje de vuelta a ninguna parte.